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Hace 80 años Portugal plantó un árbol australiano para estabilizar sus suelos. Cambió radicalmente la forma en que se propagan los incendios

Hace 80 años Portugal plantó un árbol australiano para estabilizar sus suelos. Cambió radicalmente la forma en que se propagan los incendios

En la década de 1950, buena parte de Europa recurrió a grandes programas de reforestación para frenar la erosión y abastecer de madera a una economía en reconstrucción. Portugal, por ejemplo, apostó por un árbol australiano que parecía perfecto para sujetar sus suelos y alimentar su industria papelera. Ocho décadas después, esa decisión sigue escrita sobre el terreno: cambió para siempre la forma en que el fuego se propaga por el país.

La solución de un problema. Para entender la crisis actual hay que viajar hasta el Portugal de los años cincuenta. El país sufría graves problemas de erosión, amplias zonas rurales se estaban despoblando y la dictadura de Salazar buscaba impulsar una industria forestal capaz de generar riqueza. 

Aquella fue la razón principal de que el eucalipto pareciera reunir todas las cualidades imaginables: crecía muy deprisa, fijaba terrenos degradados y proporcionaba una materia prima excelente para la fabricación de papel. Lo que entonces parecía una decisión casi incuestionable terminaría alterando el comportamiento de los incendios durante generaciones.

No solo plantó, transformó su paisaje. El verdadero cambio no fue introducir una especie nueva, sino rediseñar el territorio. Allí donde antes existía un mosaico de cultivos, pastos y bosques diversos comenzaron a extenderse enormes superficies continuas de pinos y, especialmente, de eucaliptos.

Ese nuevo paisaje era mucho más rentable desde el punto de vista económico, pero también eliminó muchas de las barreras naturales que antes dificultaban el avance del fuego. Sin saberlo, Portugal había creado un escenario en el que las llamas podían recorrer kilómetros con mucha mayor facilidad.

El eucalipto no provoca incendios, los transforma. Uno de los mayores errores consiste en pensar que el árbol es el origen del problema. Los incendios pueden comenzar por múltiples causas, pero el eucalipto modifica radicalmente su comportamiento una vez aparecen las llamas. Sus aceites esenciales son extremadamente inflamables y, cuando alcanzan suficiente temperatura, hacen que el árbol arda con enorme intensidad. 

A ello se suma una corteza fibrosa que se desprende fácilmente y que el viento transporta convertida en pequeñas brasas capaces de cruzar carreteras, ríos o cortafuegos y originar nuevos focos a cientos de metros del incendio principal.

Eucalyptus Bos Eucaliptos plantados en Portugal

Cuando el bosque se convierte en combustible. Las plantaciones industriales de crecimiento rápido tienen poco que ver con un bosque maduro y diverso. Al estar formadas prácticamente por una sola especie, almacenan menos carbono a largo plazo y ofrecen mucha menos resistencia al avance del fuego que ecosistemas donde conviven árboles de distintas características y un sotobosque más húmedo.

El resultado es un círculo vicioso: los incendios regresan una y otra vez a las mismas zonas, dificultando que el paisaje recupere la diversidad que precisamente ayudaría a frenar futuros grandes fuegos.

El cambio climático y una amenaza. Las olas de calor cada vez más frecuentes y las sequías prolongadas han multiplicado el riesgo que ya presentaba ese modelo forestal. Este año y al igual que en España, Portugal vuelve a enfrentarse a una de sus peores campañas de incendios, con decenas de miles de hectáreas arrasadas y miles de intervenciones de los servicios de emergencia. 

La magnitud de la situación ha obligado incluso al Gobierno portugués a activar el Mecanismo Europeo de Protección Civil para solicitar ayuda internacional, consciente de que algunos incendios superan ya la capacidad de respuesta de un solo país.

La solución no es solo apagar incendios. Los expertos coinciden en que combatir las llamas será insuficiente mientras el paisaje siga favoreciendo su propagación. El reto pasa por recuperar bosques mixtos, reintroducir actividades agrícolas y ganaderas que fragmenten la continuidad del combustible vegetal y diversificar las especies forestales. 

Se trata, en definitiva, de reconstruir poco a poco un territorio que durante décadas fue diseñado pensando en la productividad y no en la resiliencia frente al fuego.

Las consecuencias de una decisión de hace casi un siglo. La historia del eucalipto portugués demuestra que algunas decisiones políticas transforman un país mucho más allá de lo que imaginaban quienes las impulsaron. Lo que comenzó como un ambicioso programa para proteger los suelos y fortalecer la economía acabó modificando la propia dinámica de los incendios forestales

Ochenta años después, el gran desafío ya no consiste únicamente en apagar los fuegos del verano, sino en revertir un paisaje cuya configuración favorece que cada nueva ola de calor encuentre un terreno cada vez más preparado para arder.

Imagen | anagh

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La noticia Hace 80 años Portugal plantó un árbol australiano para estabilizar sus suelos. Cambió radicalmente la forma en que se propagan los incendios fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

Julio 30, 2026 • 4 horas atrás por: Xataka.com 46 visitas 2335766

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