Llevo meses con el Always On Display activado sin darle muchas vueltas. Pero hace unas semanas, en pleno pico de calor, me fijé en que el reloj de la pantalla de bloqueo se veía más apagado de lo normal, casi perezoso, como si el teléfono estuviera reservándose. Mi primera idea fue que el móvil estaba ahorrando batería porque llevaba todo el día fuera de casa.
No era eso exactamente. Lo que ocurre en esos días es diferente, y tiene que ver con algo que rara vez asociamos con una pantalla: la temperatura.
Ya hemos explicado que los smartphones actuales llevan varios sensores de temperatura repartidos por el interior, y que su función no es solo informativa: cuando detectan que el chip o la batería se acercan a un umbral peligroso, el sistema actúa por su cuenta.
Cuando la temperatura ambiental sube, el móvil no está intentando estirar la autonomía, está evitando que sus componentes se degraden. El thermal throttling reduce la potencia de procesador y gráfica para generar menos calor.
Ese mismo principio de protección se extiende a la pantalla: bajar el brillo y la tasa de refresco del Always On Display supone menos trabajo térmico en un panel que, con el AOD activo, ya pasa horas encendido de forma continua.
El resultado visual es parecido al del ahorro de energía (una pantalla más tenue, un reloj menos nítido), pero el motivo de fondo es completamente distinto.
La batería es uno de los componentes más sensibles al calor, y el propio soporte de Samsung recomienda desactivar el Always On Display entre las medidas para bajar la temperatura de un Galaxy que se está calentando en exceso.
Tiene sentido: mantener una pantalla activa, aunque sea de forma mínima, añade una fuente constante de calor justo al lado del componente que peor tolera las temperaturas altas. Con el termómetro por encima de lo habitual, cualquier reducción de exigencia ayuda a que la batería no entre en una zona de riesgo.
En un día templado, el AOD apenas afecta al consumo (menos de un 1 % de batería por hora) y funciona con su brillo y frecuencia habituales, sin ninguna intervención adicional del sistema.
La diferencia solo aparece cuando la temperatura interna del teléfono sube lo suficiente como para activar los mecanismos de protección, algo que en verano ocurre con más frecuencia si el móvil pasa tiempo al sol, dentro de un coche aparcado o simplemente en el bolsillo durante una ola de calor.
Si ves que el reloj de tu pantalla de bloqueo se ve apagado o con menos detalle en pleno verano, no hace falta tocar ningún ajuste: es el propio móvil gestionando el calor por ti.
Si el fenómeno va acompañado de avisos de temperatura elevada o de que el teléfono se nota caliente al tacto, ahí sí conviene actuar: alejarlo de fuentes de calor directo y, si el aviso persiste, desactivar el Always On Display hasta que la temperatura baje sí ayuda a que la batería no sufra de más.
Imágenes | Manuel Naranjo
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Hay un motivo por el que la pantalla siempre activa del móvil se comporta distinto en los días más calurosos
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Manuel Naranjo
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