Una idea está empezando a coger fuerza entre muchos expertos militares. El episodio se sitúa en el primer ataque de la campaña estadounidense contra embarcaciones de Venezuela que Washington vinculó al narcotráfico, un golpe ocurrido el 2 de septiembre de 2025 en el Caribe que dejó 11 muertos.
Todo apunta a que fue con algo muy parecido a un avión “civil".
Un avión no militar. Si, lo singular, según las informaciones de New York Times y el Washington Post, es que para esa primera acción se habría utilizado una aeronave con un esquema de pintura y una silueta no identificables como “típicamente militares”, hasta el punto de parecer un avión civil o de pasajeros.
No solo eso. Se apunta a que además habría llevado las municiones dentro del fuselaje en vez de exhibirlas en soportes externos. También a que el aparato emitía por transpondedor un identificador militar, aunque no está claro qué capacidad real tendría una embarcación de ese tipo para percibirlo o interpretarlo durante el contacto.
El doble impacto. El ataque inicial quedó marcado por la decisión de golpear dos veces: tras el primer impacto hubo supervivientes que lograron permanecer sobre restos del casco y que posteriormente murieron en un segundo ataque que terminó por hundir la estructura restante. La embarcación habría cambiado de rumbo tras detectar el avión y, en algún momento posterior, los supervivientes parecieron hacer gestos hacia la aeronave, sin que quedara claro si comprendían qué había causado la explosión inicial.
Este momento es el que alimentó buena parte del debate público porque entra en cuestiones especialmente sensibles del derecho de los conflictos armados, en particular el trato a personas en situación de vulnerabilidad tras un hundimiento.
Perfidia. El punto legal que ahora mismo se discute es si el uso de un avión con apariencia civil para realizar un ataque ofensivo podría encajar en la figura de la perfidia, entendida como fingir un estatus protegido (como el civil) para obtener una ventaja táctica, haciendo que el adversario baje la guardia o deje de tomar precauciones.
Varios especialistas citados en los medios explican que el análisis dependería de factores como el grado en que la aeronave fue realmente “no identificable” como combatiente, si se aproximó lo suficiente como para ser vista por quienes iban en la lancha, y si esa apariencia pudo influir en su comportamiento (por ejemplo, no evadir, no rendirse o no adoptar medidas de supervivencia). También se resalta que la obligación de distinguir fuerzas militares de población civil es un principio reiterado en manuales y guías doctrinales de Estados Unidos.
La postura oficial. La administración defendió la legalidad de los ataques presentándolos como parte de una confrontación contra el narcotráfico y las actividades violentas asociadas, y sostuvo que las acciones eran coherentes con el derecho aplicable.
En paralelo, el Gobierno argumentó que existe un conflicto armado contra determinados grupos criminales y cárteles, una afirmación que ha sido discutida por distintos expertos, pero que sirve como marco para presentar a los objetivos como “combatientes” dentro de esa categoría. Desde el Pentágono, las respuestas públicas se centraron en señalar que los sistemas y plataformas utilizados pasan revisiones jurídicas y procesos internos de validación, y se evitó concretar el modelo exacto de la aeronave empleada en el golpe inicial.
La incógnita del avión. No se ha identificado con certeza qué aeronave fue, aunque se citan hipótesis y pistas indirectas: desde modelos derivados de aviones comerciales como variantes del Boeing 737 en servicio militar, hasta aparatos con libreas claras y mínimas marcas, vistos ocasionalmente en entornos de operaciones.
También se ha confirmado que la Marina opera P-8A Poseidon (basados en 737 y con esquemas muy claros) y que existen otros 737 militares de transporte, así como aviones más discretos con matrículas civiles vinculadas a estructuras societarias poco transparentes. Al mismo tiempo, se recuerda que los rastreadores de vuelo abiertos no muestran necesariamente toda la actividad militar, por lo que la ausencia de una identificación pública concluyente no permite confirmar ni descartar plataformas concretas.
El factor técnico. Contaban los analistas en TWZ que la plausibilidad técnica de un avión “que parece de pasajeros” pero a la vez pueda atacar se apoya en soluciones ya existentes para integrar munición de forma discreta, especialmente mediante el denominado Common Launch Tube (CLT), un sistema que permite alojar y lanzar cargas desde el interior de una aeronave sin necesidad de soportes visibles.
Las capacidades conocidas del CLT pueden acomodar municiones y drones pequeños (incluidas bombas planeadoras ligeras, misiles compactos y vehículos no tripulados) y montajes que pueden integrarse en rampas, puertas o compartimentos internos, con opciones de recarga y flexibilidad táctica.
El enfoque se ha asociado a plataformas como AC-130J, kits de armamento en KC-130J y drones como el MQ-9, planteando que, por diseño, a priori sería adaptable a una variedad amplia de aeronaves, incluidas las que por su aspecto externo pueden confundirse con aparatos civiles o de transporte.
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La noticia
Hay una inquietante teoría sobre los primeros ataques de EEUU a Venezuela: se realizaron con aviones "de pasajeros"
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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