María Muñoz Rivera
Madrid, 16 may (EFE).- Nació como una subcultura ligada a la rebeldía, el exceso y el ruido, pero décadas después el heavy metal, que este viernes celebra su día internacional, ha terminado infiltrándose en uno de los territorios más inesperados: la moda.
Tachuelas, cuero negro, botas militares, cadenas, camisetas de bandas o maquillaje oscuro forman hoy parte de un lenguaje estético que se reinterpreta constantemente.
La eterna disputa en redes sociales entre fans consagrados de grupos como Los Ramones con prescriptoras de moda por llevar su emblemática camiseta sentaba un precedente hace ya más de una década: el heavy metal también es patrimonio de la moda –incluso de aquellos que no se saben ni la letra de una canción–.
Coincidiendo con el Día Mundial del Heavy Metal, que se celebra el 16 de mayo, la influencia del género musical en la moda también se evidencia en colecciones de firmas como Balmain, Balenciaga, Givenchy o Vetements, que han incorporado códigos visuales tradicionalmente asociados al imaginario metalero, pero también en las calles.
Surgió a finales de los sesenta en ciudades industriales de Reino Unido y Estados Unidos, como una evolución más dura y oscura del rock. Bandas como Led Zeppelin o Deep Purple incorporaron guitarras distorsionadas, sonidos agresivos y letras marcadas por referencias a la guerra, la alienación o el desencanto social.
El género nació además en un contexto atravesado por la crisis industrial y el desempleo juvenil, elementos que contribuyeron a construir una identidad desafiante y contracultural. Con el paso de las décadas, el heavy se diversificó en múltiples corrientes —desde el 'glam metal' hasta el 'thrash', el 'death metal' o el 'black metal'— y consolidó una estética propia tan reconocible como su sonido.
El negro se convirtió en uniforme no oficial de una escena donde cuero, cadenas, botas y tachuelas funcionaban como símbolos de resistencia y pertenencia. Una identidad visual que trascendió los conciertos para terminar influyendo en diseñadores, fotógrafos y firmas de lujo.
Especialmente decisiva fue la figura de Judas Priest y su vocalista, Rob Halford, que popularizó el cuero negro y los accesorios metálicos inspirados en la estética motera y sadomasoquista, elementos que posteriormente pasarían al vocabulario visual de la moda en la actualidad.
Lo que nació como uniforme contracultural terminó convirtiéndose en tendencia global.
"El heavy metal ha encontrado un nuevo hogar en el mundo de la moda", señalaba la cabecera cultural 'Dazed', al analizar cómo firmas de lujo comenzaron a apropiarse de tipografías, iconografía y códigos visuales propios del género.
Uno de los ejemplos más claros fue Demna Gvasalia, creador de Vetements y actual responsable creativo de Gucci, que convirtió las referencias metaleras en parte de su discurso estético. Sudaderas con tipografías inspiradas en grupos de 'trash metal', prendas negras sobredimensionadas y botas de inspiración industrial ayudaron a consolidar esa estética en el lujo.
También Riccardo Tisci exploró esa influencia durante su etapa en Givenchy. En una de sus colecciones masculinas más comentadas, el diseñador se inspiró en la escena heavy de Botsuana, incorporando cuero, flecos, anillos metálicos y referencias al imaginario rockero africano.
Por su parte, Olivier Rousteing llevó a Balmain una estética cercana al glam metal de los años ochenta, con siluetas agresivas, tachuelas, brillos y hombros marcados. Una de sus colecciones fue definida por la prensa especializada como un homenaje a las “groupies” del metal ochentero.
La influencia del heavy también se percibe en el fenómeno de las camisetas de bandas convertidas en objeto de lujo. Logotipos de grupos como Metallica, Slayer o Motörhead han aparecido en colecciones de moda urbana y firmas de alta gama, muchas veces desligados incluso del contexto musical original.
Ese proceso ha generado críticas entre parte de la comunidad metalera, que considera que la industria de la moda ha 'domesticado' una estética nacida precisamente para desafiar normas sociales y comerciales.
En foros y comunidades digitales, algunos seguidores del género denuncian que el lujo ha convertido el imaginario heavy en un producto aspiracional alejado de su carácter 'underground'.
Pero la influencia resulta innegable. El cuero negro, las botas robustas, los accesorios metálicos o el maquillaje oscuro sobreviven hoy en tendencias que reaparecen constantemente en pasarela y cultura pop. Más de medio siglo después de su nacimiento, el heavy metal continúa demostrando que no solo cambió la música: también redefinió la manera de vestir la rebeldía. EFE
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