Cada cierto tiempo vemos publicaciones en redes sociales que hablan de lo heroínas que somos las mujeres porque agotadas, sobrepasadas y haciendo muchas cosas a la vez, aun así, logramos sostenerlo todo.
Esa imagen -que aparece también en campañas de publicidad, para el Mes de la Mujer, el Día de la Madre, en conversaciones cotidianas y en discursos institucionales- es aparentemente positiva, pero detrás de ella hay una realidad mucho más compleja: la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados que recae, de manera desproporcionada, sobre las mujeres.
En promedio, las mujeres destinan dos horas más al día que los hombres a estas labores. Eso equivale a 14 horas más a la semana, casi tres días más al mes y más de un mes al año. No es poco -todo lo contrario-, y no siempre es una elección.
Aún no contamos con las condiciones que permitan decidir libremente si asumir o no estas tareas, más aún en sectores en los cuales existe una menor capacidad para acceder a oferta remunerada de cuidados. Ahí las brechas y los impactos se acrecientan.
En la práctica, este trabajo no remunerado termina siendo una imposición: algo que hay que hacer para sostener la vida en los hogares y en la sociedad, y que la mayoría de las veces nadie más está haciendo.
Este trabajo pesado, demandante, infinito, se asienta en la vida de las mujeres teniendo un efecto que muchas veces es difícil y solitario de manejar.
Llamarlo heroísmo es una forma amable de describirlo, pero también si lo miramos solo desde esa perspectiva ocultamos una parte importante del problema: que no deberíamos estar obligadas a ser heroínas para sostener lo cotidiano.
No se trata de si las mujeres quieren o no cuidar, ni del vínculo de amor que tienen con quienes cuidan. Se trata de reconocer que las labores domésticas y de cuidados son un trabajo, que es duro, que impacta y que no todas las personas lo desarrollan igual, y eso no debería ser así.
Porque si las mujeres no fueran heroínas ¿qué podían hacer con ese mes al año que pasan cuidando más que los hombres? ¿Preferirían seguir siendo heroínas o distribuir mejor las tareas para contar con más tiempo para descansar, trabajar, estudiar, participar o simplemente vivir?
Por Cristina Vio, directora ejecutiva de ComunidadMujer
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