Desde tiempos inmemoriales, el cine de terror de bajo presupuesto ha dado beneficios en taquilla y conquistando a los más jóvenes. Por mucho que algunos sigan mirando por encima del hombro al género, convencidos de una absurda y falsa superioridad, lo cierto es que la sangre, los muertos, los higadillos, los traumas psicodélicos y los miedos ancestrales siguen moviendo al público y dando billetes a unas productoras que, normalmente, utilizan siempre los mismos códigos tradicionales que se traducen en éxito fácil.
Por eso 'Hokum', aunque parezca una más sobre el papel, realmente es una rara avis. Se trata de una cinta con tantísima personalidad y ganas de cambiarlo todo que es capaz de ir más allá y tirar de algo improbable: la creación de un lenguaje visual propio.
No es que ‘Hokum’ sea un desafío a la norma per se ni una película que decida conscientemente romper con el molde como manera de enfrentarse de manera frontal a los tópicos del género, pero sí resulta refrescante ver una película que no se pliega ante lo que terceras personas quieren de ella, sino que, simplemente, narra exactamente lo que quiere a su manera, utilizando como base una suerte de escape room encantada repleta de recovecos, túneles, secretos, brujas y cuerpos enrevesadamente muertos. Aunque el inicio es un poco más calmado y se limita a crear ambiente y situar cada pieza en su lugar, cuando la caja de Pandora se abre, la caída en la locura es imparable.
A medio camino entre el clásico cuento de brujas, el folk horror y el relato de Stephen King, 'Hokum' acierta de pleno al hacer de su protagonista un antihéroe con tintes desagradables. Ohm (interpretado por un fantástico Adam Scott) es un escritor malhumorado y con ansias suicidas cuyo viaje personal empieza y termina con una saga de libros a las que no es capaz de dar final. Como en su propia vida, Ohm no es capaz siquiera de visualizar un final feliz que no pase por el dolor, la avaricia y la traición, y es precisamente esa personalidad imperfecta y arisca la que le convierte en un personaje tan único.
Rodeado de paletos rurales con secretos inconfesables y sueños incumplidos, es apasionante que su mero protagonismo se hacha, en un principio, incluso antipático para el espectador. ‘Hokum’ hace que Ohm evolucione, pero no por ello está dispuesta a dar respuestas simples (ni al personaje, ni al espectador). Es más, deja cualquier pregunta racional en el aire, dejando que el público busque sus propias explicaciones. Honestamente, no lo necesita: su alambicada y compleja mitología sobrevive mejor plasmándola como meras ideas interconectadas, y no precisa de una persona que otorgue sentido a lo irracional.
Este tren de la bruja imparable, terrorífico (sin precisar de jump scares continuos), personal y con un sentido del humor muy macabro se ha ganado el apelativo de ser una de las mejores películas de terror del año, y con razón. Nunca adivinarás lo que va a pasar en la siguiente escena, y la locura se adueña de un metraje que en ningún momento se pasa de frenada gracias a la dirección de Damian McCarthy, que lleva camino de convertirse en un maestro del terror moderno.
Su aspecto visual es atrevido y singular, se cuela por recovecos, se anima con travellings imposibles y muestra no solo una personalidad enormemente fuerte tras la cámara, sino también una sensibilidad tan exquisita como extraña. McCarthy es perfectamente consciente de que el mayor arma de la película es lo poco que realmente sabemos sobre ella, incluso al final. Nadie nos prepara para los giros, no ha habido avisos previos del resto de secundarios y lo sobrenatural, lo abstracto y lo misterioso toma el lugar de cualquier pensamiento lógico con el que afrontemos el visionado.
'Hokum' no revolucionará el terror, pero sí plantea retos de lo más interesantes en un género que, incluso en fascinantes novedades como 'Backrooms', a veces parece ensimismado consigo mismo y obsesionado por repetir los mismos esquemas. La película de McCarthy permite sentir ese "algo más allá" como algo tangible, notar lo imposible y lo insondable, navegar en una experiencia repleta de monstruos, mitos, pueblos y leyendas. Puede que la historia no sea la más original del mundo, pero la puesta en escena es sorprendente, trepidante y única: la demostración de que el terror tiene mucho que contar en los márgenes del cine mainstream, incluso si es reescribiendo sus propias reglas.
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'Hokum' da miedo de verdad. Reescribe los tópicos del folk horror con personalidad propia gracias a una escape room literal, vertiginosa y sobrenatural
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por
Randy Meeks
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