IA: ¿Dependencia o soberanía?

El viernes pasado el gobierno de Estados Unidos le ordenó a Anthropic —uno de los líderes mundiales en inteligencia artificial— restringir el acceso a su modelo más avanzado, Fable 5, a todo extranjero, por razones de seguridad nacional. El resultado, reconoció la propia empresa, fue apagar el servicio en todo el mundo, Estados Unidos incluido. Más allá del episodio puntual, el subtexto es lo que importa: esta herramienta es demasiado poderosa para estar en manos de cualquiera.

Hemos visto durante los últimos dieciocho meses al gobierno estadounidense intervenir empresas privadas y la economía sin tapujos, pasando por encima del ideario del libre mercado que tanto predicó. Pero esto es distinto. Aquí no hay aranceles ni subsidios: hay una declaración explícita de que un producto comercial, usado por cientos de millones de personas y empresas, es en realidad un recurso estratégico cuyo acceso decide Washington.

La primera arista es geopolítica. Si la IA es un arma —o al menos un recurso crítico equivalente—entonces toda la arquitectura ideológica del comercio libre y dependencia en proveedores extranjeros se cae. En las últimas décadas migramos del offshoring al nearshoring, luego al friend-shoring, y ahora derechamente al no-shoring. David Ricardo de retuerce en su tumba, y nosotros nos damos cuenta que llegó un punto dónde el libre comercio podría ir en contra de la hegemonía de las mayores economías del planeta.

Hace décadas, países como Chile renunciaron racionalmente a desarrollar tecnología propia. Comprar afuera era más conveniente; producir localmente, un capricho costoso. La especialización de los paises y el comercio era la estrategia dominante, hasta que uno de ellos tiene un recurso crítico y no está dispuesto a comerciar. Entonces, la ecuación cambia: la pregunta deja de ser económica y pasa a ser de soberanía. ¿Podemos seguir dándonos el lujo de no tener ningún modelo IA propio, ninguna alternativa local, ninguna palanca de negociación?

La segunda derivada es microeconómica, y golpea a cualquier empresa. Estamos en una carrera por transformar la operación y construir ventajas competitivas apalancadas en IA. Reorganizamos procesos, rediseñamos la propuesta de valor, cambiamos la estructura de costos sobre la base de estos modelos. Y en medio de la vorágine descubrimos algo incómodo: muchas de esas “capacidades” no son nuestras. Son dependencia de un proveedor que puede desaparecer de un día para otro por orden de un tercer país.

Lo que creímos un activo es, en rigor, un arriendo. Construir la ventaja competitiva sobre infraestructura que no controlamos —ni técnica ni jurídicamente— es edificar sobre arena. No se trata de renunciar a la IA; sería suicida. Se trata de entender la diferencia entre usar un modelo y depender de él: diseñar un arquitectura tecnológica flexible, diversificar proveedores y asegurar soberanía cognitiva digital.

El caso Anthropic es apenas un anticipo. Muestra que la frontera tecnológica ya no es solo una oportunidad de negocio, sino un campo de disputa geopolítica donde Estados Unidos está dispuesto a intervenir, y no sería raro que China tome acciones similares. Para un país pequeño y para una empresa mediana la lección es la misma: depender por completo de una tecnología crítica es una vulnerabilidad estratégica. Por lo tanto, dada la certeza que la inteligencia artificial será un recurso determinante en el desarrollo económico de la humanidad ¿cómo aseguramos nuestro acceso a él?

Por Tomás Sánchez V. socio, Valoriza, Director, Politropia.

Junio 19, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 26 visitas 2213881

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