SEÑOR DIRECTOR:
En “¿Quién gana cuando gana Quiroz?”, Daniel Matamala afirma que, con la reintegración, “los dueños de las grandes empresas ya no pagarán impuestos personales”. La frase es eficaz, pero jurídicamente falsa.
Integrar no es eximir. El dueño chileno que retira utilidades sigue afecto al Impuesto Global Complementario, con tasa marginal de hasta 40%. La integración le permite imputar íntegramente como crédito el Impuesto de Primera Categoría que su empresa ya pagó sobre esas mismas utilidades. No es un obsequio, es el mecanismo clásico para no gravar dos veces una misma renta, y corrige la semiintegración, que limita el crédito a un 65%.
Es legítimo objetar que la carga total del socio “gran empresario” baje —del orden de 44,45% a 40%— o discutir cuánto recauda el Fisco. Pero una cosa es pagar menos y otra no pagar: quien retire utilidades seguirá tributando su impuesto personal, hasta el último tramo.
Francisco Alcaíno Madrid
Abogado
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