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Inundar la administración, debilitar la democracia

El Ciudadano

Juan Manuel Reynares

En un tiempo atravesado de transformaciones tecnológicas, crecientes problemáticas sociales y nuevos actores políticos, la actividad cotidiana del Estado se enfrenta a serios desafíos que, como todo momento crítico, representan obstáculos y oportunidades.

Uno de ellos puede observarse en las formas con que muchos de los gobiernos actuales, y específicamente aquellos de orientación liberal-conservadora, administran lo público.

Como planteó insistentemente Jürgen Habermas, en democracia hay un vínculo estrecho entre lo que hace el Estado y cómo el público ciudadano se informa, debate y juzga ese accionar. Ese nexo está marcado por las condiciones materiales y tecnológicas de cada momento.

La proliferación algorítmica de las redes sociales como nuevo terreno mediático en los últimos quince años ha venido a cambiar las tendencias de la opinión pública, y con ello también el ecosistema político donde la administración pública tiene lugar.

En tiempos de atención deficitaria, rebalsar los circuitos transmisores de la información resulta en una opinión pública convulsiva, incapaz del debate crítico necesario para juzgar al soberano.

Lo que antes era una estrategia más, hoy parece ser la regla. “Inundar la zona” es la metáfora con que lo bautizó la derecha alternativa norteamericana. Esta maniobra se impone ahora también en el campo de la administración estatal.

El diagnóstico sobre la crisis fiscal chilena a la salida del gobierno de Boric, antesala para introducir recortes de manera indiscriminada, es un buen ejemplo de una administración inundada.

El diagnóstico sobre la crisis fiscal chilena a la salida del gobierno de Boric, antesala para introducir recortes de manera indiscriminada, es un buen ejemplo de una administración inundada. Ésta avanza en múltiples frentes, con una agenda recargada de reformas y derogaciones, sazonada con datos ambiguos, personajes políticos sombríos y vocerías confusas.

Trump había planteado como uno de sus principales objetivos “drenar el pantano”, es decir, atacar de raíz la densa y corrupta trama de intereses corporativos, la “casta” de dirigentes políticos y empresariales aislados de la “gente” común y corriente.

Sin embargo, hoy somos testigos de algo muy distinto, al proliferar una estrategia peligrosamente antidemocrática, que “inunda el pantano”. Satura las terminales administrativas del Estado mediante la confusión y la desinformación, promoviendo una política favorable a los sectores concentrados de la economía y el poder.

En el camino, esa modalidad de administración debilita el nervio íntimo del Estado, al poner en cuestión la ya menguada confianza de la ciudadanía en las instituciones republicanas, erosionando aún más las bases democráticas del Estado.

Como preveía, ya en 1973, durante su última entrevista pública, Hannah Arendt: “Si todo el mundo miente constantemente, la consecuencia no es que uno crea las mentiras, sino que nadie crea nada (…) Y un pueblo que ya no puede creer en nada no puede tomar decisiones. Se ve privado no solo de su capacidad de actuar, sino también de su capacidad de pensar y juzgar. Y con un pueblo así, se puede hacer lo que se quiera”.

Por Juan Manuel Reynares

Doctor en Ciencia Política/ INPAE 2026 Valparaíso.


Las expresiones emitidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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Mayo 30, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 41 visitas 2153026

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