El Ciudadano
Por Benjamín Infante, consejero regional de Aysén
Cada vez que se anuncia una nueva inversión en Coyhaique parece instalarse la misma discusión: quienes la celebran representarían el progreso y quienes plantean dudas estarían en contra del crecimiento. Esa es una falsa dicotomía.
Coyhaique necesita inversión, por supuesto. La pregunta importante es qué inversión necesitamos, qué problemas ayuda a resolver y cuánto valor deja efectivamente en nuestro territorio. Porque inversión y desarrollo no son lo mismo.
Los datos ayudan a dimensionar el desafío. Coyhaique tenía 57.818 habitantes en 2017 y registró 57.823 en el Censo de 2024: prácticamente no hubo crecimiento poblacional.
Al mismo tiempo, las personas de 65 años o más aumentaron de 5.148 a 7.192. Estamos frente a una ciudad que no crece aceleradamente, pero que sí envejece y debe pensar con mayor cuidado sus prioridades de largo plazo.
Un nuevo supermercado, un mall o una gran tienda pueden traer beneficios: mayor oferta, nuevos servicios, competencia de precios y empleos. Negarlo sería poco serio. Pero igualmente poco riguroso sería asumir que cualquier peso invertido produce automáticamente desarrollo.
Una gran superficie comercial aumenta principalmente nuestra capacidad de consumo. Una inversión en energía, conocimiento, salud, infraestructura productiva o innovación puede aumentar además nuestra capacidad de producir. Esa diferencia importa.
Coyhaique tiene miles de pequeñas empresas, comercios y emprendimientos familiares que forman parte de su infraestructura económica y social. Cuando una gran cadena entra a un mercado pequeño, lo hace con economías de escala, capacidad financiera, logística centralizada y poder de negociación que difícilmente puede replicar una pyme local.
Por eso no basta con preguntar cuántos empleos anuncia una inversión. También debemos preguntarnos qué calidad tienen, cuánto empleo existente puede desplazar, dónde compra sus insumos, cuánto valor permanece en la comuna y dónde se reinvierten sus utilidades.
No se trata de demonizar a las grandes empresas, sino de comprender que distintas inversiones producen efectos territoriales diferentes. Y aquí aparece la discusión verdaderamente política: ¿Queremos una economía cuya principal fortaleza sea consumir lo que otros producen o una región capaz de producir, innovar y decidir cada vez más sobre su propio desarrollo?
Si queremos atraer inversión estratégica, miremos primero nuestros problemas estructurales.
La energía es un ejemplo evidente. Una región extrema, con altos costos y sistemas aislados, necesita mayor generación local, almacenamiento, eficiencia y seguridad energética. Una inversión de este tipo mejora la competitividad de hogares y empresas y produce efectos sobre toda la economía.
Lo mismo ocurre con la salud. Una población que envejece requiere más diagnóstico, especialistas, prevención y cuidados, reduciendo progresivamente nuestra dependencia de traslados fuera de la región.
Y también con la educación: debemos fortalecer la educación pública, la formación técnica, nuestra universidad regional, la investigación aplicada y las capacidades humanas necesarias para diversificar la economía de Aysén.
Ahí está la diferencia entre crecimiento y desarrollo: la mejor inversión no siempre es la que inaugura el edificio más grande, sino la que deja mayores capacidades instaladas en el territorio.
Coyhaique puede recibir supermercados, centros comerciales y nuevas empresas. Nadie propone cerrar la comuna a la iniciativa privada. Pero una estrategia de desarrollo no puede limitarse a celebrar cada anuncio de inversión.
El mercado decide dónde encuentra rentabilidad. El Estado, los municipios y el Gobierno Regional deben decidir además dónde existe necesidad social y qué actividades son estratégicas para el futuro.
Necesitamos un Estado que no sea simplemente espectador del mercado, sino capaz de orientar inversión, fortalecer empresas locales, apoyar cooperativas, generar conocimiento y construir infraestructura pública.
La verdadera discusión no es estar a favor o en contra de la inversión privada. Es decidir qué ciudad queremos construir y qué capacidades queremos dejarles a las próximas generaciones.
Porque desarrollar Coyhaique no puede consistir solamente en tener más lugares donde gastar dinero: significa construir un territorio capaz de generar conocimiento, producir energía, crear empleo digno, fortalecer su economía local y ofrecer oportunidades para su propia gente.
Benjamín Infante, consejero regional

La entrada Inversión no es desarrollo: ¿Qué Coyhaique queremos construir? se publicó primero en El Ciudadano.
completa toda los campos para contáctarnos