El Ciudadano
En Chile, la población indígena representa el 12%, siendo el pueblo mapuche el mayoritario.
Esta comunidad, con una amplia y rica historia cultural, enfrenta importantes desafíos para mantener su lengua ancestral, siendo uno de los problemas más sensibles el hecho que las nuevas generaciones cada vez hablan menos el mapuzungun, lo que ha provocado una pérdida progresiva del idioma.
En ese contexto, un estudio liderado por la Universidad de Chile analizó cómo las experiencias escolares influyeron en el desplazamiento del mapuzugun.
El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Psychology y titulado «Institutionalized violence in schools and language displacement: the voices of Mapuche speakers and elders», fue desarrollado por un equipo de investigadoras del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales.
La investigación se desarrolló desde una perspectiva interdisciplinaria que integró la sociolingüística, las ciencias sociales y la educación, y contó con la participación de hablantes nativos del mapuzugun en las distintas etapas del estudio.
Sus objetivos fueron explorar —desde las voces de hablantes y personas mayores— cómo se aprende y se enseña la lengua a nuevas generaciones, junto con identificar prácticas de discriminación y violencia institucionalizada en contextos escolares.
La tarea fue liderada por la Dra. Susan Sanhueza, en colaboración con las investigadoras Fabiola Maldonado y Carolina Aroca Toloza. Participaron además Claudio Díaz (U. de Concepción), y Miguel Friz con Héctor Torres Cuevas (U. del Bío Bío).
Para comprender estas experiencias, el equipo trabajó con 25 hablantes y personas mayores mapuche, entre ellos educadores tradicionales y portadores de conocimiento cultural.
A través de grupos de discusión, los investigadores recogieron relatos biográficos sobre el aprendizaje del idioma, las experiencias escolares y los procesos de transmisión familiar de la lengua.
Los testimonios evidenciaron que la gran mayoría de los hablantes aprendieron mapuzugun en contextos familiares y comunitarios —en conversaciones con abuelos, en ceremonias o en actividades cotidianas— antes de ingresar al sistema escolar. Sin embargo, una vez en la escuela, comenzaron a implementar prácticas que restringían o desincentivaban el uso del idioma.
En esa línea, uno de los conceptos centrales del estudio es el de violencia institucionalizada, entendida como aquellas prácticas escolares que, aunque no siempre estaban formalizadas en normas explícitas, se repetían sistemáticamente en distintos contextos educativos.
«Este patrón se observa en que todos los relatos de quienes asistieron a escuelas e internados, hasta los años ’80, fueron sujetos y/o testigos de las diferentes prácticas de violencia», explican las investigadoras.
Entre estas se cuentan la prohibición de hablar mapuzungun, sanciones físicas (como permanecer de rodillas sobre piedras o semillas) y castigos psicológicos mediante un discurso permanente de denostación del mapuche, su lengua y cultura, que se resume en la idea de pueblo primitivo, agrega el estudio.
«Estas experiencias se relacionan con un sistema educativo históricamente monocultural y monolingüe, donde el castellano se imponía como única lengua válida en el espacio escolar, lo que contribuía a interrumpir la transmisión intergeneracional del idioma», puntualizan las académicas.
El artículo también destaca que, para el pueblo mapuche, la lengua y la cultura constituyen una unidad inseparable.
A diferencia de la enseñanza de idiomas dominantes como el inglés o el francés -que suele centrarse principalmente en aspectos gramaticales o fonéticos-, el aprendizaje del mapuzugun implica también comprender las prácticas culturales y las formas de relación social propias del pueblo mapuche.
«En el caso del mapuzugun, aprender la lengua implica también aprender a relacionarse con otros hablantes, considerando aspectos como la edad, el territorio o el linaje. Por eso, lengua y cultura no pueden separarse», advierten las académicas.

A partir de estos hallazgos, el equipo plantea la necesidad de fortalecer la enseñanza del mapuzugun desde una perspectiva intercultural que reconozca su vínculo con la cultura, el territorio y las formas de organización social del pueblo mapuche.
Entre las recomendaciones se encuentran: potenciar el rol de los educadores tradicionales, formar nuevos docentes especializados en la enseñanza del idioma, e integrar enfoques interculturales en distintos ámbitos de la formación universitaria.
Asimismo, las investigadoras destacan la importancia de seguir desarrollando investigaciones participativas junto a comunidades mapuche y de avanzar en políticas públicas que contribuyan a la revitalización lingüística.
«Preferimos pensar que la lengua está dormida y reaparece cuando se habla en comunidad, con otras personas que comparten la lengua y la cultura: ‘Las lenguas no mueren, solo duermen’ y requieren políticas de revitalización», concluyeron las académicas.
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