El dilema se las trae. Japón quiere más turistas, pero no a cualquier precio. Lo primero es bastante comprensible si se tiene en cuenta que el Gobierno calcula que a finales de esta década el país podría estar ingresando miles de millones de dólares extra gracias al turismo. Lo segundo tampoco cuesta entenderlo en un país que ha visto cómo en tiempo récord sus principales ciudades, templos, monumentos, parques y senderos se han abarrotado de extranjeros.
Para salir de esa encrucijada el Gobierno de Sanae Takaichi ha tenido una idea: trazar un plan para seguir ganando visitantes de aquí a 2030, aunque de una forma mucho más ordenada y compatible con el día a día de los japoneses.
¿Qué ha pasado? Que Japón se ha propuesto una meta ambiciosa que, de salirle bien, podría marcar el camino a España y otros países que lidian con los efectos del turismo masivo. Las autoridades japonesas no quieren renunciar a la 'gallina de los huevos de oro' que supone la llegada de visitantes extranjeros, pero tampoco están dispuestas a que el sector siga presionando a la población local. Ambos objetivos son comprensibles, sobre todo a nivel político.
El turismo genera cada año miles de millones de yenes, un flujo de efectivo constante que riega tanto al sector privado como las arcas del propio Estado japonés. Además el Ejecutivo que lidera Takaichi está convencido de que el país no ha tocado techo como destino y puede recibir aún más turistas. Por otra parte, la masificación se ha convertido en un tema tan espinoso que ya condiciona la agenda política y ha dado alas a una ultraderecha xenófoba y 'anti turista'.
¿Qué quiere hacer el Gobierno? A finales de la semana pasada el Consejo de Ministros aprobó un ambicioso documento de 94 páginas titulado "Plan Básico para la Promoción de Japón como Nación Turística", básicamente una hoja de ruta que recoge el camino que el país quiere seguir entre 2026 y 2030.
En su presentación las autoridades insistieron sobre todo en dos mensajes. Primero, que quieren seguir trabajando para que Japón se afiance como un destino internacional, haciendo del turismo una "industria estratégica". La segunda idea es que quieren avanzar en ese camino de forma "sostenible".
"Partiendo de que el turismo es una industria estratégica [y] con el objetivo de lograr un turismo que transmita de forma sostenible el atractivo y el dinamismo de Japón a las generaciones futuras, se ha decidido impulsar la política turística con las siguientes orientaciones: 'desarrollo sostenible del turismo', 'aumento del gasto', 'fomento de la captación de visitantes en las regiones', 'fortalecimiento de la colaboración entre turismo, transporte y desarrollo urbano', y 'aplicación y despliegue a gran escala de nuevas tecnologías'", resume el Ejecutivo.
¿Tan importante es? Sí. Quizás suene a lenguaje burocrático, pero deja botando algunas ideas muy interesantes. Por ejemplo, que el Gobierno no está dispuesto a levantar el pie del acelerador. Aunque hay regiones de Japón que dan muestras de estar saturadas por la avalancha de visitantes extranjeros e incluso hay voces que alertan de que al país acabará sufriendo un déficit de personal si la demanda sigue creciendo, el Gobierno mantiene sus metas de crecimiento.
No hay corrección de rumbo, ni pasos atrás. El objetivo es el mismo que el Ejecutivo se marcó en 2016: alcanzar los 60 millones de visitantes extranjeros en 2030, un 40,5% más que en 2025, cuando el ejercicio finalizó con 42,7 millones de turistas internacionales. La idea es que esos 60 millones de visitantes generen además un gasto de 15 billones de yenes, casi un 60% más que el año pasado.
¿Cómo quiere hacerlo? Aumentando la capacidad de la administración japonesa para acabar con los excesos. El Gobierno ha decidido incrementar las regiones que aplican políticas contra la masificación: de las 47 de 2025 se pasará a 100 en 2030. La idea es reforzar las medidas desplegadas gracias al "impuesto turístico internacional", un tributo que abonan los visitantes y que también se redoblará en unos meses, pasando de los 1.000 yenes actuales a 3.000.
Con esa apuesta el Ejecutivo busca dotar de más recursos a las autoridades locales que quieran buscar soluciones para, por ejemplo, aliviar los problemas de saturación o combatir comportamientos conflictivos, como el que hace unos años llevó a las autoridades de Kioto a prohibir el acceso de turistas al distrito de las geishas o al Gobierno de Fujikawaguchiko a instalar una valla para cubrir las vistas del Fuji y librarse de los turistas que entorpecían el tráfico.
¿Es la única medida? En absoluto. El plan propone también reducir la congestión en las carreteras, contempla limitaciones de visitantes, aplicar tarifas distintas a la población autóctona y extranjera, impulsar el gasto per cápita de los turistas en más de un 9% en los próximos años… Tokio también quiere abordar el desafío de los alojamientos sin licencia, plazas que han reforzado la capacidad del país para acoger turistas pero a costa de alimentar una oferta desregularizada.
Con el turismo chino en horas bajas, Japón también aspira a diversificar su mercado. Hasta ahora China representaba un mercado emisor fundamental para el país del sol naciente, pero el conflicto político generado en noviembre a raíz de las declaraciones de Takaichi sobre Taiwán han provocado que se desplome. El Gobierno se plantea ampliar su mercado y captar viajeros en Europa y EEUU.
¿Y llegará con eso? En realidad hay otra medida más. Una con bastante lógica. Japón quiere seguir ganando turistas sin agravar la situación de aquellos destinos nacionales que ya están saturados, así que… ¿Por qué no diversificar la demanda y la oferta? ¿Por qué no sacar a los turistas de Tokio, Kioto u Osaka y llevarlos más allá, incluso a áreas rurales? Esa es una de las ideas recogidas en el plan avalado por el Gobierno, que habla de promocionar las zonas regionales.
¿Qué dice exactamente? "Resulta indispensable reforzar las medidas destinadas a prevenir y frenar el 'turismo masivo' […] y corregir la concentración en determinadas ciudades y regiones", recoge el documento, que apuesta también por "diversificar" la demanda, una "mejora del atractivo de destinos regionales" e incluso trabajar para reforzar la red de transporte que comunica el rurales.
No solo se trata de ponérselo fácil a los turistas para que lleguen a nuevos destinos del archipiélago. El plan pasa también por enriquecer los contenidos que se encontrarán los viajeros cuando estén allí, impulsando por ejemplo el turismo gastronómico o deportivo. El objetivo: una distribución más equitativa de los visitantes, permitiendo que las áreas menos populares también se beneficien.
Imágenes | Jakob Owens (Unsplash) y PJH (Unsplash)
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La noticia
Japón está intentando cuadrar el círculo imposible del turismo: atraer más visitantes pero repartirlos mejor
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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