El Ciudadano
El historiador Jorge Magasich repasó el origen de la Unidad Popular, la intervención de Estados Unidos antes de la llegada de Salvador Allende a La Moneda y los principales hitos del primer año de gobierno que marcaron el inicio de la polarización política.
En una nueva temporada del espacio conducido por el director de El Ciudadano, Javier Pineda, el invitado fue Jorge Magasich Airola, doctor en Historia por la Universidad Libre de Bruselas e investigador especializado en la historia de la Unidad Popular, temática que ha desarrollado en una serie de libros, de los cuales ya ha publicado cuatro y mantiene dos más en preparación.
Durante la conversación, Magasich repasó el proceso de gestación de la Unidad Popular y los factores que permitieron su triunfo electoral. Asimismo, analizó el período comprendido entre la elección de Salvador Allende y su asunción a la Presidencia, los principales hitos del primer año de gobierno y la evolución del escenario político chileno, marcado por el paso desde la lógica de los tres tercios —Unidad Popular, Democracia Cristiana y Partido Nacional— hacia una creciente polarización entre la Unidad Popular y los sectores que impulsaron el golpe de Estado.
Del surgimiento de la Unidad Popular al triunfo electoral de Allende
En la instancia, se abordaron los antecedentes que dieron origen a la Unidad Popular, donde Magasich planteó que la elección presidencial de 1958 marcó un punto de inflexión en la política chilena. A su juicio, el estrecho resultado obtenido por Salvador Allende encendió las alarmas tanto en los sectores conservadores del país como en Estados Unidos, ante la posibilidad de que la izquierda alcanzara el poder en los siguientes comicios.
Según explicó el historiador, la respuesta fue fortalecer a la Democracia Cristiana como una alternativa reformista capaz de atraer a los sectores populares sin romper con el modelo capitalista. En ese contexto, sostuvo que el referente fue la experiencia italiana de la posguerra, donde la Democracia Cristiana, con respaldo estadounidense, logró mantenerse en el poder frente a un fuerte Partido Comunista.
Además, recordó cómo la Democracia Cristiana chilena surgió en los años 50 con la unificación de la Falange Nacional con sectores conservadores socialcristianos e ibañistas, proceso que coincidió con un creciente interés de la Iglesia y de Estados Unidos por consolidar una fuerza política que pudiera contener el avance de la izquierda, especialmente tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959.
En ese sentido, para el investigador, el triunfo de Salvador Allende en 1970 respondió, entre otros factores, a la convergencia de dos fenómenos políticos y sociales. Por una parte, la Democracia Cristiana presentó la candidatura de Radomiro Tomic con un programa que, al menos en sus lineamientos y discurso, proponía reformas de carácter progresista, aunque —como plantean diversos investigadores citados por Magasich— estaba condicionado por múltiples restricciones que limitaban su alcance transformador. Por otra, el Partido Radical experimentó un proceso de desplazamiento hacia la izquierda que culminó con su incorporación a la Unidad Popular, aportando votos que resultaron decisivos en una elección resuelta por un estrecho margen.
Para el investigador, lo anterior ocurre por el surgimiento de numerosos movimientos sociales en la segunda mitad de los años 60. “El movimiento obrero se fortaleció, aumentaron las huelgas, estas duraban más tiempo y comenzaron a formarse sindicatos más amplios, que reunían a obreros y empleados”, señaló.
A lo anterior se suma un fuerte movimiento de pobladores, la creación de sindicatos de campesinos y el movimiento que buscaba acelerar la reforma agraria. Además, a esos procesos se unen movimientos como el de la emancipación de la mujer, la reforma universitaria y un importante movimiento cultural representado por la Nueva Canción Chilena y por los primeros cineastas que intentaban retratar la realidad nacional.
La intervención estadounidense antes de la asunción presidencial
Siguiendo el recorrido de los contenidos de su escrito, Magasich señaló que el segundo volumen se basa principalmente en documentos desclasificados y en la prensa de la época.
“Todos sabíamos que Estados Unidos había intervenido en la política chilena, pero después de revisar esa documentación me di cuenta de que la magnitud fue mucho mayor de lo que imaginaba”, declaró al respecto.
Para el historiador, Edward Korry, embajador estadounidense actuaba “prácticamente como un virrey”, al punto que el gobierno de Eduardo Frei no tomaba decisiones relevantes sin consultarlo antes.
Además, explicó que durante la campaña presidencial de 1970, la CIA impulsó una campaña del terror en contra de Allende. Aunque especificó que no financió de forma directa a ningún candidato, sí concentro sus esfuerzos en difundir propaganda anticomunista que, finalmente, tuvo escaso impacto.
Además, el investigador señaló que, tras el triunfo de Allende, la prioridad de Washington pasó a ser promover un golpe de Estado, con Agustín Edwards como uno de los primeros en impulsar esa idea. Según explicó, el propietario de El Mercurio se reunió con el embajador de Estados Unidos y, posteriormente, con el director de la CIA e incluso con el presidente Richard Nixon.
A lo anterior se sumó una reunión solicitada por Frei el 12 de septiembre de 1970 con un representante del gobierno estadounidense, ocasión en la que —según el investigador—pidió transmitir a Nixon que Chile tenía «98 posibilidades sobre 100» de convertirse en una nueva Cuba. Para Magasich, esa fue una señal para impulsar la intervención y, tres días después, el 15 de septiembre, Nixon ordenó organizar un golpe de Estado, antes incluso de que Allende asumiera la Presidencia.
Por otro lado, abordó también el atentado contra el comandante en jefe del Ejército, René Schneider, señalando que, aunque oficialmente se presentó como un intento de secuestro, los testimonios indican que los atacantes dispararon desde el primer momento y que el operativo involucró a altos mandos militares y policiales vinculados al golpe.
Magasich sostuvo que la CIA dio inicialmente por exitoso el operativo y esperaba que derivara en un golpe de Estado. Sin embargo, el amplio rechazo ciudadano al asesinato de Schneider frustró esos planes y permitió que Allende asumiera la Presidencia. Además, afirmó que, mientras el embajador Edward Korry advertía que un golpe fracasaría sin el respaldo de Frei o del comandante en jefe del Ejército, Henry Kissinger insistía en impulsarlo.
En cuanto al escenario institucional, Magasich destacó que durante los 60 días previos a la asunción de Allende se alcanzó un acuerdo entre la DC y la Unidad Popular a través del Estatuto de Garantías Constitucionales. Asimismo, sostuvo que la Corte Suprema, la Contraloría y parte de la prensa asumieron un rol político durante ese período.
Además, el entrevistado sostuvo que existieron diversos intentos de atentar contra Allende incluso antes de que asumiera en La Moneda. Entre ellos destacó el denunciado por el capitán de la Fuerza Aérea Jorge Silva, quien alertó sobre un plan para asesinar al mandatario electo durante una visita a Valparaíso. Tras informar sin éxito a sus superiores, acudió directamente al comando de Allende, quien decidió denunciar públicamente la amenaza, frustrando el atentado que, según el historiador, habría estado encabezado por Arturo Marshall.
Las primeras reformas y el inicio de la confrontación política
En cuanto al primer año de la Unidad Popular, Magasich destacó que una de las primeras medidas fuera el indulto a cerca de 50 militantes de izquierda que habían permanecido presos o en la clandestinidad a causa de delitos políticos o acciones vinculadas al MIR.
Entre las principales políticas económicas, destacó el aumento del poder adquisitivo de los sectores populares mediante reajustes salariales superiores a la inflación, lo que permitió mejorar el consumo de bienes básicos. También destacó medidas simbólicas, como la instrucción a Carabineros de no disparar salvo riesgo de vida, el límite de 20 salarios mínimos para los ingresos del Estado y el uso de vehículos más austeros por parte de la Presidencia.
Asimismo, resaltó el programa del medio litro de leche, que contribuyó a disminuir la mortalidad infantil, y la creación de Quimantú, editorial estatal que democratizó el acceso a la lectura mediante libros de bajo costo y altos tirajes.
Respecto al plano económico explicó que el ámbito social de la economía comenzó a estructurarse a través de la compra de acciones por parte de la CORFO y el Banco Central, además de mecanismos de intervención estatal en empresas. Paralelamente, se nacionalizaron los bancos para ampliar el acceso al crédito, mientras crecían las presiones de los trabajadores para avanzar hacia una mayor estatización.
Por otro lado, en cuanto a la nacionalización del cobre, el investigador explicó que la iniciativa fue redactada por Eduardo Novoa Monreal e ingresó a fines de 1970. Magasich declaró que para obtener el respaldo de la DC, fue necesario incorporar las empresas mixtas creadas durante la chilenización del cobre, lo que implicó que el Estado asumiera una deuda cercana a los 700 millones de dólares. Además, señaló que el proyecto contempló descontar de las indemnizaciones las «utilidades excesivas» obtenidas por las compañías.
La reforma fue aprobada el 11 de julio de 1971 por unanimidad entre los parlamentarios presentes. Según recordó, los 158 legisladores que participaron en la votación respaldaron la iniciativa, incluido el Partido Nacional.
El historiador también abordó la fractura de la Democracia Cristiana, originada en las diferencias entre los partidarios de Radomiro Tomic y quienes defendían el «camino propio» impulsado por Patricio Aylwin. De esa división surgieron primero el MAPU y luego la Izquierda Cristiana, ambos incorporados posteriormente a la Unidad Popular.
En paralelo, Magasich sostuvo que desde 1971 la oposición comenzó a articularse de forma más sistemática. Según documentos desclasificados, la CIA reestructuró su red en Chile, empresarios reunidos en el Hotel O’Higgins acordaron organizar una ofensiva contra el gobierno y aumentó el financiamiento estadounidense hacia sectores vinculados al freísmo.
Además, afirmó que desde septiembre de ese año, el país entró en una fase de confrontación abierta, marcada por el surgimiento del Frente Cívico, las primeras «marchas de las cacerolas» —inspiradas en Brasil— y la consolidación de un bloque opositor junto al Partido Nacional y organizaciones empresariales.
Sobre el rol del MIR, sostuvo que la organización cometió el error de no participar activamente en la campaña presidencial, al considerar improbable el triunfo de Allende, pero acertó al advertir tempranamente el riesgo de un golpe de Estado. En ese contexto colaboró con la escolta presidencial —el futuro GAP— y contribuyó a frustrar el complot contra René Schneider al alertar públicamente que se preparaba una acción de gran magnitud.
Durante el primer año del gobierno, agregó, el MIR mantuvo un apoyo crítico a la Unidad Popular e impulsó movilizaciones campesinas y mapuche, especialmente en el sur del país. Allende respondió trasladando temporalmente el Ministerio de Agricultura a Temuco para acelerar la reforma agraria y enfrentar el histórico conflicto territorial.
Finalmente, el historiador adelantó que los próximos tomos de su investigación profundizarán en los acontecimientos de 1972, incluyendo el paro de camioneros, los intentos de golpe de Estado, la creciente polarización política y el desarrollo del proyecto Cybersyn.
A continuación, puedes revisar la entrevista completa a Jorge Magasich en PodCastpitalismo:
El Ciudadano.
La entrada Jorge Magasich: «La decisión de impulsar el golpe se tomó antes de que Allende asumiera la Presidencia» se publicó primero en El Ciudadano.
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