Arrate Vicuña
Pamplona, 26 ago (EFE).- La Basílica de la Merced de Jerez acogió por primera vez la voz de José Soto cuando apenas tenía 6 años. Sesenta y cinco años después, el cantaor continúa subiéndose a los escenarios con “más ilusión y más ganas que cuando era joven”, asegura en una entrevista con EFE.
El jerezano regresa a Pamplona para participar, por partida doble, en la decimotercera edición de Flamenco on Fire. Presenta este jueves en Baluarte ‘José Mercé canta a Manuel Alejandro’, un homenaje a su coterráneo, del que asegura que “ha mamado mucho el flamenco”. Al día siguiente actuará en el balcón del Ayuntamiento junto al joven guitarrista Manuel Cerpa.
“No tiene nada que ver un espacio con el otro. El balcón es algo muy de Pamplona y cuando ves la plaza llena aún más, porque es como si estuvieras en los Sanfermines”, señala.
Mercé, que ya formó parte de la primera edición del festival en 2014, lo sitúa hoy entre los “más importantes” del panorama flamenco.
No le sorprende el calado que ha tenido en una ciudad tan alejada de los principales territorios del género, pues recuerda que Pamplona “dio a uno de los guitarristas flamencos más grandes de la historia, el tío Sabicas”, sobre cuya figura se establecieron los cimientos del festival.
A sus 13 años se trasladó a Madrid, convertida entonces en punto de referencia para los artistas flamencos más reconocidos con el auge de los grandes tablaos, por los que pasaban figuras como Camarón de la Isla, Mairena o Manolo Caracol.
Respaldado por su tío Manuel Soto “Sordera”, que tuvo que firmar su primer contrato por él debido a su corta edad, Mercé encontró un techo en el emblemático Torres Bermejas con un dueño fascinado por su cante, y después recorrió el mundo con la compañía de Antonio Gades.
De aquellos años pone en valor la “sabiduría” que aunó, de la que destaca un elemento como esencial para un cantaor: el “cantar atrás”, cantar para el baile. “Al cantaor que no ha cantado para bailar se le nota muchísimo, porque esto es un aprendizaje”, sostiene.
A las nuevas generaciones, que considera que, en ocasiones, tratan de empezar por el final restando importancia al proceso, les recuerda que las prisas “son para los toreros malos” y que “hay que torear despacito, mandar, templar y transmitir”.
En 1998, el lanzamiento de ‘Del amanecer’ marcó un antes y un después en su trayectoria con “un flamenco mucho más abierto” que cosechó un éxito sin precedentes en la corriente.
Dos años después publicó ‘Aire’, que reivindica como el disco más vendido de la historia del género, resultado de una campaña de promoción “a la altura de las de los discos de pop”, lo que, explica, es buena muestra de “que el flamenco también puede vender”.
Ha hecho suyas, además, canciones como ‘Al alba’, de Luis Eduardo Aute, ‘Te recuerdo Amanda’, de Víctor Jara o ‘Mediterráneo’ de Joan Manuel Serrat.
Pero la fusión, en sus palabras, solo tiene sentido cuando “se hace con dignidad” y “se lleva al terreno de cada uno”.
En el panorama actual aprecia calidad en los nuevos artistas, aunque dice ver “poca personalidad” y un flamenco “muy mecanizado”. “Me falta ese eco que rompa, que duela y que llene. Alguien que diga algo”, expresa.
Sobre el secreto para consolidar una carrera durante más de medio siglo, además de ese “decir algo”, el jerezano se refiere al “trabajo”, la “inquietud” y el “respaldo del público”. “El día que me falte algo de esto diré: ‘apaga y vámonos’, pero por ahora no tengo ganas de descansar”.
Con seguidores que piden un retorno del artista a escenarios de Perú, Miami o Argentina, José Mercé no descarta una futura gira internacional, aunque reclama que se valore su trayectoria y se respeten unas condiciones económicas dignas. EFE
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