Irene Dalmases
Barcelona, 22 jul (EFE).- Aunque su nombre se asocie a la literatura infantil y juvenil por ser el creador, entre otros, del popular perrito 'Rovelló', Josep Vallverdú fue un "autor total, sin pretensiones", como se definió en una ocasión, un "todoterreno" que tocó todos los palos, desde la traducción y la novela, al ensayo y la poesía.
"Grafómano impenitente", como lo calificó el filólogo Francesc Danés, el escritor leridano o 'de Ponent' -un término que él puso en el mapa- se sentó hasta el final de su vida frente al ordenador, dedicándose en los últimos años, principalmente, a la poesía, puliendo sus versos, desde que en 2009, cumplidos los 86, se centrara en los poemarios.
Ello se debía a que pensaba que la poesía era la forma "ideal" de dar testimonio a las fases "más profundas" de la vida.
Fue asimismo un activista de la lengua catalana; mostró siempre su preocupación por la situación de Cataluña y el catalán y, pasados los cien años, no dejó de lanzar un grito de alerta por el medio ambiente, resaltando que, sin ser un "ecologista de bandera", sí había que denunciar cómo se estaba "destrozando" el planeta, vaticinando que algún día habrá una guerra por la "última gota de agua del mundo".
Desde que con apenas doce años escribiera un poema y a los trece años unos 'Pastorets', que él mismo ilustró (también le gustaba dibujar), nunca dejó de pensar en nuevas historias o en contar su historia, con más de 300 obras en su haber, entre narrativa, poesía, dramaturgia, el ensayo o la traducción.
Como traductor acercó a los lectores catalanes a autores como Graham Greene, John Steinbeck, Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle, William Saroyan, G.K Chesterton, Jack London e incluso a Martin Luther King.
Feliz de formar parte de los "Cuatro ases" de la literatura infantil y juvenil, con Emili Teixidor, Joaquim Carbó y Sebastià Sorribas, porque así los niños catalanes pudieron tener la posibilidad de leer novelas de "aventuras estimulantes" en su lengua, dijo en alguna ocasión que, además de buscar que hubiera nuevos lectores, se trataba de "enseñar a las criaturas a ser más personas".
Con protagonistas que en ocasiones eran animales, consideraba que a través de la fábula se podían decir muchas verdades.
Sin darle ninguna importancia al hecho de ser centenario, porque el calendario es un "invento de los hombres", no escondió que le gustaría ser recordado como una buena persona.
También como un escritor, porque es una palabra que lo incluye todo, artífice de obras como 'Indíbil i la boira', 'Proses de Ponent', 'El testament de John Silver' y 'Honorable fugitiu', cuatro títulos, junto con los volúmenes de poesía, que eran sus preferidos.
No ocultaba que le hubiera gustado ganar el premio Hans Christian Andersen, una suerte de Nobel de la literatura infantil y juvenil, cuando fue propuesto en los años ochenta.
En 2022, a los 98 años y con la ilusión de un niño, Josep Vallverdú regresó al panorama literario infantil con un nuevo relato, 'El vuitè nan', en el que revisaba el clásico cuento de Blancanieves con un octavo enanito que crecía demasiado y una protagonista con más 'carácter' del que se le ha atribuido tradicionalmente.
En 2023, a los pocos días de cumplir cien años, presentó el dietario 'Mosaic de tardor', un relato memorialístico que abarca desde 1970 hasta 2022, donde repasaba todos los acontecimientos que le marcaron en las últimas cinco décadas, desde la muerte de Franco al 1 de octubre de 2017, sin obviar la muerte de su primera esposa ni la relación con su hijo, nacido con una disminución psíquica.
El pasado año publicó 'El retorn de Rovelló', una secuela de su clásico infantil, en la que recuperó a este personaje, en una trama con muchas aventuras y misterios, y con la reaparición de personajes y escenarios de otras obras del autor.
Nacido en Lleida el día 9 de julio de 1923 y fallecido este martes a los 103 años, Josep Vallverdú vivió en diferentes ciudades y pueblos, hasta recalar en Balaguer en los últimos años, donde residía con su segunda esposa Antonieta Vilajoliu, reivindicándose como un escritor de comarcas.
En todos los sitios en los que residió dejó huella y fue hijo adoptivo de Balaguer, L'Espluga de Francolí, Les Borges Blanques y Sant Martí de Maldà.
En una entrevista con el periodista Òscar Palau señaló, con su particular sentido del humor, que ello era debido a que le debían encontrar "simpatiquito". "Se me debe haber pegado alguna virtud de Rovelló", precisaba en pleno Año Vallverdú, celebrado en 2023 con motivo del centenario de su nacimiento. EFE
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