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Juramento a la bandera

SEÑOR DIRECTOR:

Escribo esta carta mirando flamear la bandera del Bicentenario en la Alameda. Hay algo en verla moverse contra el cielo de julio que no se explica del todo con argumentos: se siente antes de entenderse. Ayer, 9 de julio, 7.661 chilenos juraron ante ese mismo pabellón servir a la patria “hasta rendir la vida si fuese necesario”. No es una fórmula decorativa: hace 144 años, 77 de los suyos la cumplieron al pie de la letra en el Combate de La Concepción, al mando del capitán Ignacio Carrera Pinto, quien pudo retirarse y no lo hizo.

Lo que Carrera Pinto legó a Chile no fue una victoria: fue un estándar. No calculó costo y beneficio ni negoció una salida honorable. Murió por una tela y por la tierra que esa tela nombra —la misma que pisamos todos los días, muchas veces sin agradecerla lo suficiente.

Porque servir a Chile no es privilegio del que porta un fusil. Sirve el profesor que no abandona al alumno más difícil. Sirve el médico rural que no se rinde con el paciente complejo. Sirve el bombero, el voluntario, el funcionario público que hace bien un trabajo que nadie aplaudirá. Todos ellos, sin saberlo, honran a Carrera Pinto.

El orgullo de pertenecer a este país no es un sentimiento menor ni una nostalgia de desfile. Es la certeza de que a uno le tocó una tierra que vale la pena, y que otros la defendieron antes para que hoy esté aquí. Si se le humedecen los ojos al ver flamear la bandera, no se disculpe: es exactamente lo que corresponde.

Los 7.661 que juraron ayer heredan esa vara. Y cada chileno que se levanta a servir algo más grande que sí mismo repite, a su modo, la misma convicción: los chilenos no se rinden jamás.

José Tomás Vergara

Economista, profesor y chileno

Julio 9, 2026 • 2 horas atrás por: LaTercera.com 29 visitas 2275499

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