El ambiente positivo respecto a Kast, del “que le vaya bien”, no es fruto de un repentino cambio de las ideas del presidente electo, ni de una conversión de los electores que no votaron por él. Esta popularización de esperanza es la reacción de hastío mayoritario al ambiente confrontacional que nuestro país ha soportado desde el “estallido” hasta la recién terminada elección presidencial.
Un entusiasta buenismo ha estado invadiendo el clima social más allá de la política. El ganador, la noche del triunfo, contribuyó un poquito atenuando absolutismos y llamando a respetar a los derrotados pero, como Kast no ha renegado de su historial, ni de sus duros principios, deduzco que este ambiente de buenos deseos al próximo gobernante, surge de un pueblo ansioso de vivir en calma, cooperación, sin conflictividad de poder, con buen trabajo, inversión y cooperación para resolver los urgentes problemas sociales reconocidos por todos los candidatos. Salvo llorosos fanatismos de primer momento, con consignas que algunos coreábamos en los 70, el país ha ido declarando un ánimo esperanzador. Los grupos políticos derrotados se expresan cautelosos. Hasta el jefe del PC entibió sus amenazas iniciales.
No es que las personas juzguen y comprueben, en este momento, un cambio de principios del presidente electo sino que expresan, como dicen en inglés, “el pensamiento deseado”. La mayoría quiere un buen ambiente de gobierno. En esa línea, la promesa electoral de Kast por la seguridad y mejorar la economía refuerza, por el momento, los buenos deseos de tranquilidad productiva, de progreso firme, pacífico, una subjetividad fortalecida por un repudio franco, mayoritario y sólido al octubrismo, a los desquiciamientos constitucionales y a las ofertas programáticas gubernamentales irresponsables felizmente olvidadas por sus propios autores y sepultadas junto a supuestas superioridades morales. La misma subjetividad que dificulta reconocer cuánto cambió el Presidente Boric desde la paliza del “rechazo” y nubla la visión de resultados objetivos de su gobierno.
El maximalismo parece momentáneamente fuera del libreto nacional. Los partidos opositores a Kast construyen discursos tanteando su lenguaje desde: “impedir ese proyecto y… la derechización”, “impulsar movilización”, “calle”, “vigilancia”. Esa izquierda gobiernista, detectando la disposición buenística ciudadana, dulcifica sus advertencias rebautizándolas “oposición constructiva”. Olvidaron su paternidad de aquella propuesta constitucional tan apasionadamente promovida por ellos y tan abrumadoramente rechazada. Y hoy olvidan celebrarle el balance al Presidente Boric.
En las expresiones positivas, hacia el Kast recién electo, observo que, al deseo ciudadano de confinar en el pasado la desmesura, la polarización, la política extremista y la infecunda violencia, se suma una disposición ciudadana de olvidar aquel Kast contrario al matrimonio homosexual, la adopción homoparental, la identidad de género, rechazando la píldora del día después el 2009, enemigo de los derechos reproductivos de las mujeres, apoyando en 2023 esa propuesta constitucional que invalidaría el aborto en tres causales.
Los ciudadanos intuyen, con razón, que el futuro Presidente Kast no podrá hacer todo lo que él tenía ganas.
Es que Chile ha cambiado mucho. El país no aceptaría retroceder en los derechos instalados por la Concertación y los gobiernos sucesivos.
Chile es un país legalista. Hasta la multa del Tag y la propiedad de las abejas que se fugan de un panal, se establecen por ley. Kast tendrá un Congreso que exigirá diálogo y no autoritarismo. Eso él lo sabe y lo tendrá que practicar.
Es razonablemente predecible que el nuevo gobierno no eliminará la ley de aborto en tres causales, ni el divorcio, ni las 40 horas, ni el salario mínimo, ni el matrimonio de los homosexuales, ni el AUGE, ni el GES, ni la prescindencia política de las FF.AA. y sus tareas de defensa, ni mucho menos eliminará las leyes que permiten el ejemplar ejercicio de la democracia. No lo podría hacer y no se le ocurrirá intentarlo.
Estoy seguro que Kast no intentará anular la tarea del Congreso para transformarse en aquel que acusan las caricaturizaciones extremistas. Entonces en la izquierda, en este ambiente positivo con que el país recibe al presidente electo más conservador en más de un siglo, tenemos menuda tarea de diseño pensante para construir una propuesta de futuro para el país y un modo de relacionarnos con el nuevo Presidente, más allá de las consignas.
Y el Presidente Boric, si quiere ser Presidente el 2030 probablemente va caminar por una política de los acuerdos parecida a la que alguna vez supimos practicar en la Concertación, trabajando por la evolución y no por la revolución.
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