El Ciudadano
Por Javier Molina Johannes[1]

Aborrecemos lo que dicen, piensan y, probablemente, hacen estos tipos. Sin embargo, sus deseos no son novedad, ni tan singulares: son estructurales a la construcción de la masculinidad hegemónica. De hecho, están bastante más naturalizados y difundidos de lo que a cualquiera con buen sentido le gustaría.
Johannes Kaiser es defensor del matrimonio con menores de edad [sic], y hoy tampoco se hace cargo de los dichos de sus militantes, inclusive, siendo que son de los claves. Basta recordar los dichos en su canal sobre la violencia sexual contra mujeres. Por ello, no estamos esperando un mea culpa de su líder, es meramente para recalcar que es reprochable tanto como sus discípulos de La Cofradía. Que no diga nada claro y tajante en contra, siendo que lo suyo es decir “las cosas como son”, aun cuando no sea esperable, expone meramente complicidad con estos tipos y sus prácticas. En definitiva, La Cofradía es efecto del experimento paleolibertario chileno, por tanto, discípulos de él mismo o, mejor dicho, de la familia Kaiser en su conjunto y de sus homónimos argentinos [entramos en estas relaciones en las próximas entregas].
Quienes venimos acompañando este campo de la autodenominada batalla cultural de las “Nuevas Derechas” hace un tiempo, sabemos que entre Sin Filtros, con el futuro imputado Gonzalo Feito, ahora en PorCel TV, La Cofradía o, inclusive, los anteriormente conocidos Bad Boys, no hay tantas diferencias. En otros términos, son construcciones estructurales de la masculinidad tóxico-hegemónica, por lo cual entre el “cuchillo” Eyzaguirre y el “mago” Valdivia no hay grandes distancias.
Y eso entre los personajes más televisivos, porque entre ex-compañeros, ex-profesores y ex-colegas, sabemos que hay varios más, cualquiera que no quiera ser expulsado del grupete de la heterosexualidad masculina tiene que aceptar como idiota y patéticamente este tipo de disciplinamientos si no quiere recibir la inseguridad y fragilidad transformada en ataques homofóbicos -entre otros- del grupito de onvres. Ellos han configurado este campo epistémico hace bastante tiempo, desde los camarines a las barras bravas, casi diríamos que está en la naturaleza ya de estos tipos: ellos y sus prácticas del pacto masculino son los verdaderos parásitos mentales –esos que tanto promociona su hermano Axel-.
En este sentido, los dichos de Ítalo Omegna Vergara no es lo más grave que transita por el mundo digital, lamentablemente, todavía hay mucho material. Ahora bien, se encontró un chivo expiatorio, pero eso no debería absolver a sus mentores, a sus cómplices, a sus amigotes. Ni a los grandes ideólogos y promotores de estas violencias, desde Agustín Laje hasta Elon Musk y toda la tropa de tarados amigos de Jeffrey Epstein, incluido el Emperador de este lado del mundo: Donald Trump y toda la alt-right yankee, desde Steve Bannon hasta el asesinado Charlie Kirk.
…la autoproclamada batalla cultural de estas “Nuevas Derechas” no es más que discursos de odio y apología a la violencia.
Ahora, eso no significa que las confesiones de los paleolibertarios chilenos sean menores, muy por el contrario: evidencian prácticas asentadas entre estos grupúsculos -especialmente, de las derechas radicales, pero también difundidas en algunas “izquierdas”-. En fin, las violencias sexuales, la fetichización y/u objetivación de los cuerpos feminizados, la discriminación a las disidencias sexuales, los ataques permanentes de los incels, el vicio al porno, y un larguísimo etcétera que nos llevaría a Paul Schäfer, a Jovino Novoa o al mismísimo José Kentenich, mentor del Movimiento Schönstatt y por tanto del presidente J. A. Kast. En pocas palabras, una estructura patriarcal que fomenta este tipo de violencias a diestra y siniestra, sea en formato de “bromas” en recintos privados como han tratado de suavizar algunos otros idiotas, entre ellos el mismísimo Johannes Kaiser, o bien, en público cuando se sienten todavía más cómodos y se autoperciben intocables.
Con lo anterior, no queremos quitarle responsabilidad al paleolibertariano Omegna, ni al Partido Nacional Libertario, ni a la familia Kaiser. No, muy al contrario. No falta investigar mucho a La Cofradía para encontrar un sinfín de frases “fuera de lugar”, “exageradas” o simplemente violentas, misóginas y muchas de ellas tan asquerosas que hasta los del Partido Republicano parecen impactados, como si Sin Filtros no promoviera este tipo de violencias. Lo anterior, aprovechando el momento del chivo expiatorio, claro, para olvidar las violencias promovidas por la Megarreforma o el proyecto “escucha su corazón” que va en la misma línea que los dichos de Ítalo Omegna Vergara. A pesar de que desde el PNL hicieron un brevísimo comunicado (26 de julio 2026), destacando que “no compartimos ningún tipo de declaración que denigre a las personas (…)”, habría que hacer una pequeña genealogía del canal de su líder Johannes Kaiser para dar cuenta de que estas palabras no se sustentan.
Por su lado, el diputado Hans Marowski a pesar de lavarse las manos con otro mediocre comunicado, no está exento de responsabilidades, claro está, especialmente cuando dice que “no permitiré que hechos ajenos desvíen mi atención de las obligaciones que asumí con los chilenos”. Cuánta patudez, si comparamos lo preocupado que están con las artes performáticas que promueven algún contenido de contrahegemonía sexual. En fin, un poco más de la hipocresía de estos especímenes de la reacción.
Por ello, habría que cuestionar no sólo al responsable individual directo de los dichos y a sus amigotes de La Cofradía, sino, al menos, a la estructura completa del PNL, al Instituto Mises, a la Fundación Para el Progreso, a El Líbero y a los canales de streaming amigos. Incluso, una pregunta clave es porqué Axel o Vanessa no están opinando. La respuesta es obvia: han atacado a los especímenes de su propia especie.
La machosfera no nace de un día para otro, ni se acabará con el asesinato del actual chivo expiatorio. Esta reacción a los avances logrados por los movimientos feministas produce, justamente, la proliferación de este tipo de actitudes. Entonces, cabe resaltar que este tipo de dichos terminan legitimando, además de la violencia sexual a menores, los femicidios, las manadas, pero también los papito-corazón, la violencia psicológica, la dependencia económica y otros tipos de violencias de género. Es esta la Contra-Revolución cultural que vienen promoviendo hace décadas y que ha retomado fuerza en los últimos años: la autoproclamada batalla cultural de estas “Nuevas Derechas” no es más que discursos de odio y apología a la violencia.
Por Javier Molina Johannes
[1] Investigador postdoctoral sobre las derechas latinoamericanas | Especímenes de la Reacción: @especimenesdelareaccion | ORCID: 0000-0003-2581-525X
Fuente fotografía
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