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La Babel mundial

El Ciudadano

Por Juan Pablo Cárdenas S.

Después de la Segunda Guerra Mundial surgieron varios pronósticos en cuanto a que el mundo avanzaría a la integración definitiva entre muchos estados y que después de esa brutal conflagración lo que vendría sería como una especie de pax romana en que la humanidad escaparía de nuevos conflictos y tragedias. La consolidación de varios estados bajo la Unión Soviética, el surgimiento de la Comunidad Económica Europea, como la misma Organización de las Naciones Unidas y otros varios referentes multinacionales en América, Asia y África daban luces sobre esta posibilidad, además de los múltiples tratados y acuerdos de carácter militar para, supuestamente, evitar los ímpetus imperialistas de parte de las naciones más poderosas.

Con el correr de los años, sin embargo, lo que comprobamos es una nueva disgregación que ha logrado es el surgimiento de nuevas naciones, así como el despertar o emancipación de otras que habían quedado sometidas a los vencedores de la guerra. La enorme Rusia busca recuperar territorios en Ucrania, China espera el momento de tomar posesión de Taiwán, Israel no cesa de ampliar su zona de influencia en el Medio Oriente, y hasta los delirios del presidente Trump amenaza con invadir Canadá, Groenlandia y hasta pretender la posesión de Cuba y zonas del mismo México. Aunque huelga decir que muy mal le ha ido hasta aquí con sus pretensiones imperiales y es muy posible que su poder se desmorone muy próximamente por el repudio que despierta este gobernante en su propia nación.

A decir verdad, lo que ha ocurrido es el distanciamiento de los países europeos y la voluntad de algunos de ellos de mantener su identidad sin correr a parejas con la hegemonía de Estados Unidos, que forma parte de esta alianza política, así como del pacto militar de la OTAN. El mismo Pacto de Varsovia ya no existe, y en toda esa zona europea y asiática descollan ahora diversos países de distintos intereses y hasta contrapuestos. Algo parecido a la perdida de gravitación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la completa falta de vigencia de algunos tratados a la luz de similitudes ideológicas, tanto de izquierda como de derecha.

Es muy difícil concebir a esta altura cualquier integración territorial que no sea producto de nuevas guerra o invasiones. Ni siquiera el drama del pueblo kurdo ha logrado una solución a su legítima y ancestral aspiración a ser reconocido por el mundo, así como todavía existen colonias de manos de países que no tienen ninguna o muy poca identidad con sus dominadores. En Centroamérica y en el Asia y África, muy especialmente.

Mucho se habla también de la profunda crisis de las Naciones Unidas sometidas al veto riguroso de las potencias que integran su Consejo de Seguridad. Comprobándose su completo fracaso en la detención del genocidio israelí, en los bloqueos impuestos cobarde y criminalmente por los Estados Unidos, así como en el retroceso experimentado respecto de aquellos acuerdos destinados a frenar la proliferación nuclear, el fenómeno del calentamiento global y otras serias amenazas a la vida de todo el planeta.

…es muy posible que en un futuro próximo tengamos que enfrentar guerras civiles y fratricidas, especialmente si se mantienen las agudas diferencias entre ricos y pobres.

A este escenario de disgregación debemos sumar las profundas desavenencias al interior de las naciones, que prácticamente tienen partido por la mitad la voluntad ciudadana de peruanos, colombianos y otros, en lo que también se implica Chile y Argentina. En estos días pareciera que lo que más mantiene unidos a varios pueblos es su común fervor por el fútbol y por algunos fenómenos artísticos y culturales.

Algunas veces los incordios internos pueden explicarse en las distintas ideologías, cultos religiosos y diferencias étnicas, pero cada vez más es posible descubrir que estos desacuerdos toman posesión de territorios, ciudades y regiones muy propensas a buscar también su ruptura y consolidación de nuevos estados soberanos. Al rendirle culto desmedido y fanático a la famosa alternancia en el poder, al disenso más que a los acuerdos políticos, a la postre se fomenta peligrosamente la desintegración geográfica. Con lo cual es muy posible que en un futuro próximo tengamos que enfrentar guerras civiles y fratricidas, especialmente si se mantienen las agudas diferencias entre ricos y pobres.

Un mal que prevalece muy severamente en nuestra propia región con la asimetría económica y social que se mantiene y agudiza. Sin consideración de los principios de justicia e igualdad, con un desprecio horrible por los migrantes y la discriminación que todavía se ejerce contra los pueblos originarios.

No debe sorprendernos tanto que todavía se pronuncie en nuestros países vecinos la voluntad de recuperar aquellos territorios perdidos por ellos hace más de un siglo y que países como estos y otros estén empeñados en fortalecer su capacidad bélica, gastando ingentes recursos que podrían dedicarse al progreso y la paz. Todo con la complacencia de la Casa Blanca y del desquiciado que habita en ella, como el país que más se favorece en el mundo con el tráfico de armas y las guerras.

La falta de acuerdos entre las naciones que debieran comportarse como hermanas favorece el poder de las grandes potencias y el criminal negocio de la carrera armamentista.

Por Juan Pablo Cárdenas S.

Política y Utopía, junio 15 de 2026.


Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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