Me ha llamado la atención que resurja desde la izquierda la famosa “teoría del chorreo”. Una que de teoría no tiene nada y es solo una mala caricatura sobre el crecimiento y el desarrollo en economías de mercado. Según ellos -los caricaturistas- no dejar espacio a la empresa privada y en cambio privilegiar al Estado sería lo correcto. Sin embargo, Lula (ningún derechista) le dijo a nuestro joven expresidente: “Boric, la riqueza la crean las empresas, el Estado no crea riqueza...”. Permítanme hacerles una clasesita breve de economía del crecimiento; para muchos será una lata escucharla de nuevo, pero para los que fueron de oyentes a un par de clases, y creen que con eso lo entienden todo, no les va a venir mal.
El crecimiento viene de la inversión, lo que entendía hasta Marx, y para que haya se necesita ahorro. Ahorran las personas, por ejemplo, en las denostadas AFP -que si se hubieran sacado como querían los partidarios del Apruebo, se acababa el crédito a largo plazo, y el daño habría sido incalculable-. Ahorran también las empresas, para poder luego invertir: por eso es correcto no meterle impuestos al ahorro empresarial que se reinvierte. Y -a veces- ahorra el Estado para tener recursos por si vienen tiempos difíciles. Para las pymes su ahorro es crucial, porque su acceso a la banca y al mercado de capitales es muy limitado. Subirles los impuestos a esas empresas, es dejarle espacio a la banca, y limitar su mayor fuente de financiamiento para crecer: no se debe grabar con impuestos a las utilidades reinvertidas.
Y de la inversión viene el crecimiento; y de ahí el mayor empleo y los mejores sueldos. Y cuando estos llegan, las personas pueden optar entre trabajar o dejarles más tiempo a las familias y al descanso. Y eso contribuye de nuevo a mejorar los salarios. Esa es la cadena virtuosa del crecimiento: ahorro, inversión, mayores ingresos, mayor bienestar. Cortar esa cadena a punta de “impuestazos” es asesinar un proceso virtuoso. Puede que empresarios e inversionistas talentosos ganen mucho en ese camino: se lo merecen por producir bienes y servicios que la gente aprecia y paga por ellos, pero todos salen beneficiados -sino miren lo que pasó en los difamados 30 años o en Europa después de la Segunda Guerra Mundial-. Acusar de “chorreo” a políticas que nos lleven a más ahorro y a mejor y más inversión, es pura demagogia. Algunos lo saben, y podría acusárseles de maldad. Otros lo dicen porque no entienden nada, y eso tiene otro adjetivo.
Miren lo que ocurre “a contrario sensu”. Un banco de inversión noruego presentó la semana pasada -yo estaba presente- lo que ocurre con la salmonicultura en ese país (les vienen cargando la mata desde hace rato). Sus ingresos antes de intereses, impuestos y depreciaciones (el famoso EBITDA) son apreciables. Pero si le quitan lo que pagan de intereses, les queda poquitito. Y si además le restan los impuestos, la olla aparece vacía: están trabajando para los bancos y para el Estado. Así de simple y de triste. Quizá quienes acusan de vil “chorreo” una rebaja de impuestos, pudieran entender que más impuestos ahogan a las empresas, que terminan trabajando para sus financistas externos y para el Estado, que como dijo Lula, no produce riqueza.
Por César Barros, economista
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