El factor sentimental de muchos clásicos de la infancia no es casualidad. Muchas películas animadas o clásicos infantiles siguen determinadas convenciones narrativas para tener más capacidad de apelar al público mayoritario, incluyendo los más jóvenes. De ahí que en determinados estudios especializados en hacer cine familiar se aprecien más tendencia que consideramos “fórmulas” a la hora de hablar de ellas.
Aunque realmente el cine es un arte abstracto y no una ciencia, haciendo más complicado medir algo como una reacción emocional, con fenómenos industriales como los de Disney hay una mayor facilidad para estudiar si realmente siguen ciertas pautas para tener más impacto emocional. De hecho, la ciencia estadística se ha propuesto medirla a lo largo de estos años, con compañías específicas en medición de datos como la de Google Sheets lanzándose a descubrir si las películas animadas buscan hacernos llorar tanto como creemos.
Tomando datos de IMDb, encuestas de audiencia y siguiendo las premisas de sus películas, se aprecia como en 33 películas de Disney se busca ese momento de romper al público, y también cuando llega. Hay una distribución de cuándo se produce este momento devastador, que suele incluir una pérdida, una separación entre personajes o directamente una muerte (generalmente de un padre, ya que 16 de estas películas muestran cómo un progenitor fallece). No hay un patrón claro, aunque la media sí que nos indica una tendencia a que la escena de llorar aparezca cuando ha pasado un 57% del metraje, más o menos en el punto de inflexión del segundo acto.
Disney no tiene un proceder muy claro en cuándo situar este instante emocional, pero un estudio similar realizado con Pixar muestra una tendencia más clara. Tanto, que ya podemos hablar con cierta base de lo que sospechábamos sobre si tenían fórmula o no para sus películas. Un 77% de sus películas meten el momento de llorar en el tercer acto, en los últimos instantes de la película, y muy raramente incluyen una que suceda antes de que haya pasado la mitad del metraje.
Hay excepciones muy claras, y la mayoría suceden en los primeros 10 minutos, como son los casos de ‘Buscando a Nemo’ o de ‘Up’. Pero la amplia mayoría de las producciones Pixar esperan hasta los últimos cinco minutos para darte el golpe de gracia y que te vayas especialmente satisfecho además de emocionado con la experiencia.
Esto no deja de ser una muestra de los principios con los que se han guiado en Pixar desde sus inicios, empleando a menudo las convenciones para la escritura de guiones. Ya en su primera película, ‘Toy Story’ (cuyo momento de llorar llega casi cuando ha pasado un 70% de metraje), fueron todos los responsables de la compañía a un seminario de Robert McKee para aprender estas técnicas de guion. Enseñanzas que han intentado mantener con el paso de los tiempos y con la renovación del talento que, lejos de jugar en su contra, les ha mantenido como un estudio con peso sentimental en el gran público.
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La noticia
La ciencia ha estudiado cuánto tardan las películas de Disney en hacernos llorar y nos confirman lo que sospechábamos de Pixar: tienen una fórmula consistente para lograrlo
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por
Pedro Gallego
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