La columna de Manuel Llorca: “Nuestro sistema estadístico nacional: no solo de Imacec vive el Estado”
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La columna de Manuel Llorca: “Nuestro sistema estadístico nacional: no solo de Imacec vive el Estado”

Hace dos semanas el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) presentó a la prensa el Anuario de Estadísticas Vitales correspondientes al año 2022. Vale decir, las cifras definitivas y detalladas sobre nacimientos, defunciones y matrimonios ocurridos en nuestro país. Debe haber pocas estadísticas más importantes que éstas para orientar políticas públicas y el gasto social: nos permiten, por ejemplo, saber cuántos niños-as menores de un año murieron en Chile, provincia por provincia. Nos permite cuantificar la desigualdad ante la muerte, y muchas otras desigualdades relevantes. Y, de hecho, el anuario recibió mucha prensa, sobre todo la baja tasa de fecundidad de Chile (el 2022, no el 2023 ni el 2024, pues esas cifras aun no las conocemos de manera oficial). El rezago de más de dos años (a marzo 2025) no llamó la atención de la opinión pública: pasó desapercibido, como viene ocurriendo desde hace muchas décadas. Por el contrario, nadie encontró curioso que a marzo 2025 se comentara profusamente en los medios de prensa la tasa de fecundidad de Chile del 2022, como gran novedad, cuando en realidad, más que una noticia era ya un hecho histórico.
Dos semanas antes, el Banco Central presentó las cifras del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de enero 2025, con un rezago de apenas dos meses. ¡Bravo! Lo anterior tampoco llamó la atención de la prensa, por el contrario, fue ampliamente cubierto, y celebrado. Es lo habitual en un país que privilegia las cifras de producción sobre las de cualquier otra serie de datos, sean causas de muertes, nacimientos, incluso homicidios. Finalmente, al mismo tiempo que el INE liberaba el Anuario de Estadísticas Vitales del 2022, el Banco Central también entregaba las cifras definitivas del Producto Interno Bruto (PIB) para el 2024, a poco más de dos meses de haber terminado dicho año. ¡Bravo por el Central nuevamente! Y nadie se sorprendió tampoco. Estamos habituados a ello. Mientras el Banco Central cuenta con recursos infinitos para generar series de producción, el INE enfrenta lo contrario: una creciente demanda por generar estadísticas sociales de todo tipo (desde la OCDE y el PNUD), pero con escasos recursos.
Mientras tanto, el proyecto que debería crear una nueva institucionalidad del sistema estadístico nacional, y que debiese entregar más recursos al INE para permitirle, por ejemplo, competir con el Banco Central en la oportuna entrega de estadísticas vitales, duerme en el Congreso desde hace 10 años: no hay urgencias. Como país, a juzgar por la agenda legislativa, nos importa mucho más saber con precisión si crecimos al 2,6% o al 2,4% el 2024, que conocer la tasa de fecundidad nacional, de natalidad regional, o de homicidios del mismo año: eso puede esperar otros 24 meses, qué más da si murieron más o menos personas en una comuna que en otra.
Concluyendo, un diagnóstico de cambios en los niveles de vida de nuestro país requiere de una perspectiva multivariada, aquella que abraza la OCDE a través de su iniciativa para una mejor vida, más allá del PIB. Para ello, debemos contar con información oportuna de cambios en el bienestar de nuestro país, para una amplia gama de variables, en diversas dimensiones: salud, educación, violencia interpersonal, entre muchas otras. De lo contrario, el Estado llega tarde: recibe un diagnóstico añejo. Cualquier política de gasto social para mejorar el bienestar de la población chilena maximizará su impacto si los gobiernos de turno cuentan con información oportuna, que permita actuar sobre el presente, y no sobre el pasado.
*El autor de la columna es director del magíster en Historia Económica y Empresarial de la UAI
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