SEÑOR DIRECTOR:
Miles de personas con enfermedades terminales o en estados irreversibles siguen sin poder decidir cómo enfrentar el final de sus vidas. Mientras la medicina permite prolongar la vida, muchas veces también prolonga el sufrimiento y la pérdida de dignidad. Los cuidados paliativos no es la solución para todos los casos.
La Ley de Eutanasia o del Buen Morir continúa en el Congreso. Legislar sobre esta materia no impone una visión: reconoce el derecho de cada persona a decidir y respeta también a quienes opten por agotar todos los tratamientos disponibles. Tampoco es indispensable que los médicos ejecuten el procedimiento. Como ocurre en otros países, basta con que, si el paciente cumple todos los requisitos legales, psicológicos y clínicos, puedan prescribir la medicación para que sea la propia persona quien decida si la utiliza.
Alfredo E. Ovalle
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