Isabel Poncela
Zaragoza, 30 ene (EFE).- Todos los partidos que concurren a las elecciones del 8 de febrero en Aragón miran de reojo, o ya sin ningún disimulo, a las cifras de abstención de otras convocatorias que, previsiblemente, no servirán para esta, una convocatoria en solitario -y en invierno- que llega con el antecedente de una desmovilización más elevada cuando la urna es autonómica que cuando es para el Congreso o para los municipios: en los últimos tres comicios autonómicos ha rondado siempre el 33 por ciento.
La serie de abstención en elecciones autonómicas aragonesas desde 1983 sitúa la media en el 32,6 %, con un máximo del 35,45 % en 1991, cuando el PSOE alcanzó su techo, con José Marco y 30 diputados, y un mínimo del 28,43 % en 1995, comicios en los que ganó el PP de Santiago Lanzuela con 27 escaños.
En la pasada convocatoria, la de 2023, que ganó el popular Jorge Azcón con 28 diputados, la abstención fue del 33,46 %; del 33,67 % en 2015 con Luisa Fernanda Rudi (PP) como vencedora con 21 escaños, y del 33,84 % en 2019, elecciones que ganó el socialista Javier Lamban con 24 escaños. Así pues, tanto PP como PSOE han ganado y perdido con niveles más altos o bajos de abstención indistintamente.
Las elecciones generales han registrado tradicionalmente niveles más bajos de abstención en Aragón, con una media del 25,6 % en la serie recopilada desde marzo de 1979.
La convocatoria de elecciones generales que menos abstención ha registrado nunca fue la de octubre de 1982, que ganó Felipe González, con solo un 17,58 % -solo medio año después, en mayo de 1983, un 33,29 % de los electores aragoneses se quedó en casa en las autonómicas que ganó el socialista Santiago Marraco con la única mayoría absoluta que ha habido nunca en la comunidad-.
Y las elecciones a Cortes Generales que más abstención han registrado en Aragón fueron las de octubre de 1989, con un 29,79 %, seguidas de las de junio de 1986, con un 29,41 %, ambas ganadas también por González. Las de marzo de 2000 las ganó el popular José María Aznar, con un 28,61 % de abstención, y en las de noviembre de 2019, en las que obtuvo la victoria Pedro Sánchez, hubo un 28,5 % de abstención.
Estos datos demuestran que no siempre es cierta la leyenda política urbana que dice que la abstención perjudica más a la izquierda en algunos escenarios porque una parte de su electorado es, a menudo, más intermitente. Suelen ser más jóvenes, votantes urbanos con menor hábito de voto o perfiles que se activan por el momento político, por la sensación de vivir una elección decisiva o porque suelen votar contra alguien más que por fidelidad.
Pero cuando el clima político es de baja intensidad o la convocatoria se percibe como menos determinante, ese segmento puede quedarse en casa, y la fragmentación del espacio progresista suele añadir una dificultad extra para movilizar a los indecisos.
Pero también existe abstención de castigo en la derecha cuando entra en juego un estímulo fuerte o circunstancias como descontento con el candidato.
Además, si baja la participación, cada escaño cuesta menos votos y eso puede favorecer a quien tiene las bases movilizadas y perjudicar a candidaturas que están en el filo de conseguir el 3 por ciento de los votos, porcentaje necesario para obtener diputado, sobre todo en circunscripciones pequeñas como Huesca y Teruel.
La singularidad del 8F introduce, además, un factor de riesgo para que se incremente la abstención. Al ser unas elecciones exclusivas, desaparece el efecto arrastre de las jornadas con varias urnas, sobre todo de la que sirve para elegir alcalde. A esa ausencia se suma el calendario invernal, cuando siempre los comicios autonómicos se han celebrado en Aragón en primavera, a la vez que los municipales.
No hay que perder de vista tampoco que la ciudadanía puede tener fatiga electoral y sensación de vivir en una campaña perenne y que se ha instalado entre los electores una desafección política alimentada por la polarización y los mensajes cada vez más extremos.
Y por eso, aunque los datos del último CIS electoral dicen que un 74,2 % del electorado dice que ira a votar "con toda seguridad" frente al 4,3 % que asegura que no irá a votar en ningún caso, los partidos han sacado toda su artillería y capacidad de disuasión y han colocado el objetivo de favorecer la participación en el centro de la estrategia.
Más que seducir indecisos, que por supuesto también, hay que lograr hacer salir de casa a quienes ya tienen convencidos.
La siguiente tabla incluye quién ha ganado todas las elecciones autonómicas desde 1983, con número de escaños y porcentaje de abstención:
CONVOCATORIA
GANADOR
ESCAÑOS GANADOR
ABSTENCIÓN
1983
PSOE
33
33,29 %
1987
PSOE
27
30,30 %
1991
PSOE
30
35,45 %
1995
PP
27
28,43 %
1999
PP
28
34,49 %
2003
PSOE
27
29,67 %
2007
PSOE
30
33,49 %
2011
PP
30
32,10 %
2015
PP
21
33,67 %
2019
PSOE
24
33,84 %
2023
PP
28
33,46 %
EFE
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