El Ciudadano
Por Carlos Gutiérrez P.

De todos los diagnósticos, definiciones y orientaciones políticas generales y particulares para cada región clave del mundo que se detallaron en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, es indudable que las que generaron más estupor son las que tuvieron que ver con Europa. Particularmente por la crudeza de la evaluación negativa de la situación actual y la del futuro inmediato de la región, pero además porque esta Europa es la que se configuró bajo la determinación y los parámetros estadounidenses. En el mundo de la post Segunda Guerra Mundial, el aliado fundamental para construir el auge y dominio mundial del imperio estadounidense fue el europeo.
En el documento de la Estrategia de Seguridad Nacional se hace un balance muy negativo de Europa, en al menos los aspectos económicos, militares, políticos y civilizatorios:
“Europa continental ha ido perdiendo participación en el PIB mundial, que descendió del 25 por ciento en 1990 al 14 por ciento en la actualidad, en parte debido a regulaciones nacionales y transnacionales que socavan la creatividad y la laboriosidad.
Pero este declive económico se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de la desaparición de la civilización. Los problemas más amplios que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y generando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política; el desplome de las tasas de natalidad; y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas.
Si las tendencias actuales continúan, el continente será irreconocible en 20 años o menos. Por lo tanto, no es evidente si ciertos países europeos contarán con economías y ejércitos lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables.
Queremos que Europa siga siendo europea, que recupere su autoconfianza civilizatoria y que abandone su fallido enfoque en la asfixia regulatoria”.
Si bien son afirmaciones genéricas, en una bajada detallada a varias de las afirmaciones nos encontraremos que la realidad europea es aún más patética, y su ya anunciado declive pareciera no tener freno. El corolario de esa evaluación lo da su elite, la más mediocre y desprestigiada de su historia.
Si bien es dramático reconocerlo, sobre todo por la conclusión a la que se llega, es que efectivamente Europa enfrenta problemas gravísimos, y los actuales dirigentes y políticas aplicadas no hacen otra cosa que profundizar su meteórica caída.
Si bien es dramático reconocerlo, sobre todo por la conclusión a la que se llega, es que efectivamente Europa enfrenta problemas gravísimos, y los actuales dirigentes y políticas aplicadas no hacen otra cosa que profundizar su meteórica caída.
Solo algunos ejemplos.
Una cuestión central en el diagnóstico de la región es el conflicto en Ucrania, que ha arrastrado a la Unión Europa a una confrontación con Rusia, cada vez más directa, y frente a la cual no tiene un proyecto de salida de la crisis. En cambio, su deterioro avanza al mismo ritmo que Rusia se impone militar, política y estratégicamente a la OTAN europea.
Una cuestión central en el diagnóstico de la región es el conflicto en Ucrania, que ha arrastrado a la Unión Europa a una confrontación con Rusia, cada vez más directa, y frente a la cual no tiene un proyecto de salida de la crisis. En cambio, su deterioro avanza al mismo ritmo que Rusia se impone militar, política y estratégicamente a la OTAN europea.
El discurso y la práctica belicista de las elites europeas pone en riesgo también la estabilidad estratégica de Estados Unidos, porque la obliga a concentrar esfuerzos en un escenario que no es el principal para sus intereses, como sí lo son Asia con China a la cabeza, y América Latina como su retaguardia estratégica. Y la cruda realidad demuestra que no tienen capacidad para tan amplio abanico de frentes abiertos. Lo que menos le interesa a la Casa Blanca en estos momentos es verse arrastrado a una guerra en Europa.
Por eso su prioridad con Europa es poner fin al conflicto con Rusia, lo más honorable posible, restablecer relaciones con Rusia para disputarle, al menos, su alianza con China y los Brics+; reconstruir los lazos económicos y la normalidad comercial, y que Europa recupere sus fortalezas para cooperar con Estados Unidos en la gran disputa mundial.
En el documento lo señalan de la siguiente forma:
“Sin embargo, Europa sigue siendo vital estratégica y culturalmente para Estados Unidos. El comercio transatlántico sigue siendo uno de los pilares de la economía global y de la prosperidad estadounidense. Los sectores europeos, desde la manufactura hasta la tecnología y la energía, se mantienen entre los más robustos del mundo. Europa alberga investigación científica de vanguardia e instituciones culturales de vanguardia. No solo no podemos permitirnos descartar a Europa, sino que hacerlo sería contraproducente para los objetivos de esta estrategia.
La diplomacia estadounidense debe seguir defendiendo la democracia genuina y la libertad de expresión y celebraciones sin complejos del carácter y la historia de las naciones europeas.
Estados Unidos anima a sus aliados políticos en Europa a promover este resurgimiento del espíritu, y la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos sin duda da pie a un gran optimismo.
Nuestro objetivo debería ser ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual. Necesitaremos una Europa fuerte que nos ayude a competir con éxito y que colabore con nosotros para evitar que cualquier adversario domine Europa”.
En el documento estadounidense también se fijan las políticas generales que Europa debería priorizar, que por supuesto estén en sintonía con los intereses de Washington.
• Restablecer las condiciones de estabilidad en Europa y la estabilidad estratégica con Rusia.
• Permitir que Europa se valga por sí misma y funcione como un grupo de naciones soberanas alineadas, incluso asumiendo la responsabilidad principal de su propia defensa, sin estar dominada por ninguna potencia adversaria.
• Cultivar la resistencia a la trayectoria actual de naciones de Europa dentro de la Unión Europea.
• Abrir los mercados europeos a los bienes y servicios estadounidenses y garantizar un trato justo a los trabajadores y empresas estadounidenses.
• Construir naciones saludables en Europa central, oriental y meridional a través de vínculos comerciales, venta de armas, colaboración política e intercambios culturales y educativos.
• Poner fin a la percepción y prevenir la realidad de que la OTAN es un Estado perpetuamente en expansión.
• Alentar a Europa a tomar medidas para combatir el exceso de capacidad mercantilista, robo tecnológico, espionaje cibernético y otras prácticas económicas hostiles.
…la socialdemocracia nunca fue un proyecto estratégico, fue un buen administrador de un capitalismo abuenado, producto de la presión política y social que ejercía el movimiento comunista internacional.
Una responsabilidad importante en la decadencia europea la ha tenido el rol que ha jugado la socialdemocracia y movimientos progresistas afines, que emergieron con fuerza después de la segunda guerra mundial y tuvieron un papel en los avances sociales y democráticos de la región, pero que no lograron levantar un proyecto estratégico soberano de Europa, y paulatinamente se fueron domesticando y sometiendo a los dictados de Estados Unidos, a su retórica anticomunista, belicista y al relato civilizatorio del Occidente hegemónico que dictaba las pautas para el mundo.
Pero, la socialdemocracia nunca fue un proyecto estratégico, fue un buen administrador de un capitalismo abuenado, producto de la presión política y social que ejercía el movimiento comunista internacional. Y así como Lenin caracterizó muy bien a estos movimientos en el período previo a la Primera Guerra Mundial, como la bancarrota de su proyecto político, es lo mismo que le ha sucedido desde la aceptación de la creación de la OTAN, el apoyo irrestricto a las aventuras militares de Estados Unidos a través del mundo, y particularmente hoy, atravesando su crisis final en la criminal guerra que sustenta en Ucrania, llevando al genocidio del pueblo ucraniano.
Esta socialdemocracia perdió la sintonía fina con la realidad de sus poblaciones, y le ha abierto la puerta por dentro al ascenso de la ultraderecha, que ha asomado con sus clásicas respuestas al estilo europeo: racismo, xenofobia, ultraliberalismo, clericalismo, militarismo y nuevas versiones del fascismo.
No han tenido respuestas adecuadas a los fenómenos migratorios, a la problemática demográfica, a los nuevos desafíos de la libertad de información y expresión, a la relación entre la economía verde y la economía industrial, a los nuevos desarrollos tecnológicos, la articulación entre viejas y nuevas formas de sociedad, familia, convivencia. Todos estos puntos críticos han explotado, y ante la falta de un proyecto articulado, emergió la derecha con su respuesta fácil, conservadora, restauradora, regida por el odio y el miedo.
El papel más desconcertante de esta elite política socialdemócrata es el que ha jugado en la crisis ucraniana. El que a su vez más ha desnudado la decadencia ético-política de su praxis.
El papel más desconcertante de esta elite política socialdemócrata es el que ha jugado en la crisis ucraniana. El que a su vez más ha desnudado la decadencia ético-política de su praxis.
Ha sido vergonzoso el doble estándar usado en los conflictos en Ucrania y en la Gaza palestina; la subordinación a la política estadounidense en la región europea, que obstaculizó una gran estrategia para instalar un modelo de seguridad euroasiático fundado en la seguridad indivisible con Rusia, y haber clausurado cínicamente un arreglo diplomático entre Ucrania y Rusia a través de los acuerdos de Minsk. Hoy ha aceptado cuestiones que llegaron a ser principios de su política, como el terrorismo internacional (la voladura del gasoducto Nord Stream y otros); la corrupción generalizada en el gobierno de Zelensky; la venta de armas a un país en conflicto (el mismo Ucrania e Israel); la censura descarada contra medios y personas (todos los medios de comunicación rusos y destacados expertos e intelectuales europeos que están contra el apoyo armamentístico a Ucrania); la desvergonzada intervención electoral para beneficiar a los candidatos y partidos afines a los dictados actuales de la Unión Europea (flagrantes casos en Moldavia, Rumanía, Georgia, Bulgaria, Eslovaquia, Chequia).
Un proyecto europeo democrático profundo, republicano y soberano es necesario para un mundo multipolar. Pero debe reformularse; es necesario que los movimientos sociales y de trabajadores se repotencien y recuperen el legado histórico de sus luchas; hay una emergencia paulatina de nuevos movimientos y partidos políticos críticos con el actual estado de cosas que empiezan a asomar en la lucha por el poder político. Es clave retomar la enorme tradición crítica cultural-intelectual de Europa que permita pensar en un horizonte emancipatorio. Deben conectar con las nuevas experiencias de los pueblos del Sur Global, dejando de lado su oscuro pasado colonial tipo “jardín», de Borrell o “son unos malagradecidos», de Macron.
La forma de detener el peligroso ultraderechismo es reponer la contradicción de civilización o barbarie, guerra o paz, democracia avanzada o fascismo.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 77 – 30/12/2025
Fuente fotografía
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