Un director como Stanley Kubrick no podía haber hecho su última película de manera más propia: tardó 400 días en rodarla (aún ahora, el premio Guinness al rodaje continuo más largo) y por el camino acabó por separar a Tom Cruise y Nicole Kidman, desesperados al mismo tiempo que sus personajes…
Artículo original publicado en SensaCine
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