El Ciudadano
La República Islámica de Irán ha generado un amplio y masivo apoyo mundial con su memorable defensa y ataque ante la agresión del régimen estadounidense y de la entidad judío sionista israelí iniciada el día 28 de febrero y que a partir del día 8 de abril vive un cese temporal.
Un alto al fuego que evidencia una victoria política innegable del pueblo iraní frente a sus enemigos y que además arrastró al binomio estadounidense-israelí a aceptar un cese al fuego, por diez días, en la agresión llevada a cabo contra El Líbano, como exigencia de Irán para seguir negociaciones con Washington. Posibilidad que va acompañado con la máxima que se “tendrá el dedo en el gatillo” como expresión simbólica que no es posible confiar en el enemigo y por ello la necesidad de mediaciones.
Tanto Irán como la resistencia libanesa son plenamente conscientes que no se puede confiar en sus enemigos, frente a la amenaza cierta que se reanude esta guerra impuesta y con ello una nueva defensa sagrada de la República Islámica de Irán.
Y menciono en específico este concepto de “guerra impuesta» como un término oficial utilizado por Irán para referirse, principalmente, al conflicto bélico iniciado por la invasión de ese Irak dirigido por el ejecutado ex dictador iraquí Sadam Hussein contra la naciente revolución islámica, en un conflicto que duró ocho años y causó más de un millón de muertes entre 1980 a 1988 cuando la revolución islámica recién iniciaba su andar.
Tanto Irán como la resistencia libanesa son plenamente conscientes que no se puede confiar en sus enemigos, frente a la amenaza cierta que se reanude esta guerra impuesta y con ello una nueva defensa sagrada de la República Islámica de Irán.
El objetivo central del patrocinio occidental no fue necesariamente fortalecer a Saddam Hussein por afinidad ideológica, sino tratar de derrocar a una revolución iraní que, desde el primer momento, mostró que venía a cambiar la correlación de fuerzas que hasta entonces favorecía a Occidente y a las monarquías feudales de Asia occidental.
Guerra impuesta que significó una defensa sagrada y que en palabras del mártir Seyed Ali Jamenei (1) “forma parte de la identidad iraní, porque nació de la naturaleza valiente del pueblo ante muchos países del mundo que deseaban la balcanización de la nación”. En el presente, tras los ataques de junio de 2025 y el iniciado en febrero de 2026 obligó a Irán a definir esta nueva etapa histórica donde la defensa de la soberanía y la integridad territorial de la milenaria nación persa exige un esfuerzo supremo: Una nueva defensa sagrada.

Una nueva defensa sagrada, en momentos de profundas definiciones. No sólo en el ámbito regional, sino en un mundo que requiere, como el oxígeno, avanzar en políticas globales multilaterales y donde Irán cumple un papel referencial. Una nueva gobernanza internacional, con el fortalecimiento del Sur Global y reestablecer algo de cordura en un mundo que bajo los afanes belicistas de Washington y sus socios otanistas y sionistas, representan un peligro vital para la humanidad.
La lucha de Irán no sólo representa la defensa de su soberanía, integridad territorial y su sociedad, sino también los propios anhelos de liberarnos como pueblos de una política “hegemónica y arrogante”, como sostenía el mártir Seyed Ali Jamenei al referirse a las potencias occidentales y testaferros como el régimen sionista israelí y aquellos gobiernos serviles y colaboradores a esos objetivos de dominio.
Una lucha llevada a cabo por Irán de una forma que genera la admiración del conjunto de los pueblos, que muestra su entrega y coraje que podemos tomar como ejemplo, para enfrentar a aquellos regímenes supremacistas dotados de ideologías totalitarias, basados en supuestos destinos manifiestos o ideas de considerarse un pueblo elegido. Irán ha enfrentado en menos de un año dos guerras impuestas, ha llevado a cabo su defensa sagrada y ha obligado al enemigo a retroceder y reconocer que las reglas de la guerra actual imponen a Irán y su pueblo.
Irán ha implementado una estrategia de control sobre Ormuz como parte indisoluble de una legítima respuesta frente a las agresiones de la alianza imperial sionista.
Un ejemplo de ello se expresa, en toda su dimensión, con las decisiones tomadas por Irán respecto al Estrecho de Ormuz y que se consignan en el hecho cierto de que ya nada será lo mismo con relación a una de las vías marítimas más estratégicas del mundo, por donde transita el 22% del petróleo y el 25% del Gas Licuado Natural (GLN). Irán ha implementado una estrategia de control sobre Ormuz como parte indisoluble de una legítima respuesta frente a las agresiones de la alianza imperial sionista.

¿Qué elementos precisos contemplan las decisiones de Irán?
La historia nos trae al presente que las decisiones que implican acciones potentes, estratégicas y que son capaces de cambiar el equilibrio de fuerzas y poderes en determinada región del mundo, hay que llevarlas a cabo. En un interesante artículo publicado en PressTV se señala “Así como Nasser, con un solo movimiento estratégico, convirtió un importante canal energético en un instrumento de influencia y cambio de poder, Irán ha procedido ahora a nacionalizar el estrecho de Ormuz mediante acciones concretas, una fuerza militar asimétrica y una firme determinación política. Esta nacionalización del estrecho de Ormuz puede considerarse el inicio del declive de facto del poder estadounidense en la región del Golfo Pérsico, del mismo modo que la nacionalización de Suez marcó el fin del Imperio Británico”.
Efectivamente el análisis de la actual situación del estrecho de Ormuz muestra lo que los análisis internacionales, en su gran mayoría, denominan una “nacionalización de facto”, donde la República Islámica de Irán controla el paso marítimo mediante el uso, estratégicamente definido, de una combinación de presencia militar, naval, aérea, bloqueo, y la exigencia de cumplir lo definido como un “nuevo régimen de tránsito”, lo que obliga a los buques extranjeros no hostiles a Irán a obtener permiso de la autoridad iraní o enfrentar las decisiones militares respectivas.
Washington y toda su arrogancia han sufrido una humillación estratégica que se asimila a aquella del año 1956 en la decisión de Egipto, dirigido en ese momento por el líder Gamal Abdel Nasser, impulsor del panarabismo, de nacionalizar el canal de Suez.
¿Cómo es posible lo señalado tomando en cuenta la superioridad militar de Estados Unidos en materia de número de barcos, aviones, en general, todo el aparataje militar? La realidad de la guerra nos señala que ha sido la estrategia de fuerza asimétrica lo que ha permitido el logro de los objetivos iraníes: capacidad naval fuera de los cánones establecidos hasta ahora en materia de estrategia naval: uso de lanchas rápidas, utilización de sembrado de minas en sus diversas variantes, aviones no tripulados (drones) y el uso de misiles y artillería costera.
La utilización combinada de estos elementos contrarresta la superioridad convencional estadounidense y logra paralizar el tránsito marítimo de acuerdo con las decisiones de Irán, e incluso reabrir el estrecho de acuerdo con sus determinaciones y análisis del momento. Es así como el día 17 de abril, a través declaraciones emitidas por el canciller Seyed Abás Araqchi se decidió permitir el paso de naves comerciales tras el acuerdo de cese al fuego entre El Líbano e Israel. Una medida que estará vigente durante los días que quedan de la tregua, señaló el alto funcionario de la nación persa (3).
Es este marco de análisis y realidad el que permite afirmar que el actual estado de situación en Ormuz es la evidencia concreta del declive estadounidense en materia de su hegemonía en la región de Asia Occidental. Washington y toda su arrogancia han sufrido una humillación estratégica que se asimila a aquella del año 1956 en la decisión de Egipto, dirigido en ese momento por el líder Gamal Abdel Nasser, impulsor del panarabismo, de nacionalizar el canal de Suez.

Siete décadas después de aquellos hechos que marcaron un antes y un después en materia de dos potencias europeas como Francia y Gran Bretaña, hoy Ormuz es el hito que marca un antes y un después en la seguridad del Golfo Pérsico -que está en manos de la República Islámica de Irán y cuyo proceso de señorío será componente del análisis de la segunda parte y final de este trabajo.
Por Pablo Jofré Leal
Periodista. Analista internacional.
Artículo para Hispantv
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