El propio proceso de expansión de esta iniciativa ha obligado a China a enfrentar, de manera simultánea, una serie de desafíos internos que también condicionan su proyección externa.
Carlos Ugas. Periodista. “Radio Nuevo Mundo”. Beijing. 7/2026. A más de una década de su lanzamiento, la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) continúa redefiniendo los términos de la cooperación económica global, ofreciendo a una parte importante del mundo -incluida América Latina y Chile- una perspectiva conjunta de desarrollo, conectividad e inversión. Sin embargo, el propio proceso de expansión de esta iniciativa ha obligado a China a enfrentar, de manera simultánea, una serie de desafíos internos que también condicionan su proyección externa.
El concepto de “comunidad de futuro compartido para la Humanidad” -eje discursivo de la política exterior china- plantea que el desarrollo de China y el de sus socios no son procesos aislados, sino interdependientes. No obstante, la propia dirigencia china ha reconocido que sostener este relato exige resolver tensiones estructurales internas que genera su propio desarrollo:
Estos desafíos no son ajenos a la relación con América Latina y Chile: en la medida en que China logre resolverlos, su capacidad de sostener inversión, comercio y cooperación tecnológica con la región se fortalece, pues el país asiático sigue siendo motor de la economía mundial y primer socio comercial en la región.
En el plano político, China ha reiterado de manera consistente su defensa del principio de una sola China, según el cual Taiwán forma parte integral de su territorio. Este posicionamiento, que la mayoría de los países latinoamericanos -incluido Chile- reconoce en sus relaciones diplomáticas oficiales con Beijing, sigue siendo fuente de tensión en el escenario internacional, particularmente en el estrecho de Taiwán y en foros multilaterales donde la isla busca mayor participación. Para Beijing, este es un asunto que no admite matices y que condiciona buena parte de su relación con terceros países y bloques.
En este contexto, la relevancia de que China asuma este año la presidencia rotativa del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) -con Shenzhen como ciudad anfitriona de la reunión de líderes en noviembre- adquiere un significado particular para Chile y el resto de las economías latinoamericanas miembro del foro (México, Perú y Chile, además de Estados Unidos y Canadá). El llamado “Año de China” en APEC contempla cerca de 300 reuniones y actividades a lo largo del año, con eje en temas como la cooperación en inteligencia artificial, la economía digital, la facilitación del comercio y la promoción de lo que Beijing denomina “prosperidad común” en la región Asia-Pacífico.
Para Chile, socio comercial estratégico de China desde la firma de su Tratado de Libre Comercio en 2005, APEC 2026 representa una oportunidad para posicionar su agenda de integración, atraer inversión y profundizar la cooperación en áreas como energías renovables, minería sustentable y transformación digital, en el marco de un diálogo que -más allá de las diferencias de modelo político- sigue basándose en la complementariedad económica entre ambas partes. El presidente Kast ha comprometido su presencia en la cumbre.
La entrada La Franja y la Ruta: desafíos para América Latina y Chile en la construcción de un futuro compartido se publicó primero en El Siglo.
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