Rostyslav Averchuk
Leópolis (Ucrania), 6 abr (EFE).- La prolongación de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza con reducir o incluso detener los suministros estadounidenses de munición de defensa aérea a Ucrania, que busca por ello otras formas de asegurar los medios para interceptar los misiles rusos.
"Nuestras reservas de misiles se están agotando. Necesitamos más misiles PAC-3 para poder repeler futuros ataques del agresor ruso", subrayó Dmitró, ingeniero jefe de un sistema de defensa aérea Patriot, en un video difundido por la Fuerza Aérea de Ucrania.
Según los soldados, el sistema de fabricación estadounidense permitió interceptar más de 40 misiles balísticos durante la pasada campaña invernal de Rusia contra el sistema energético de Ucrania, pero podrían haber sido más "si hubiéramos tenido suficiente munición", afirmó Pavló, subcomandante de la unidad.
Dependencia de los Patriot
Aunque Ucrania logró evitar el colapso de su infraestructura pese a los limitados suministros de munición, Rusia pretende atacar también en la primavera objetivos críticos, especialmente relacionados con el suministro de agua y el transporte, advirtió recientemente el presidente, Volodímir Zelenski.
El mandatario ha advertido que en este contexto el uso masivo de munición de defensa aérea en Oriente Medio puede agravar la escasez de misiles en Ucrania.
Y es que la dependencia de Ucrania de los suministros para los sistemas Patriot sigue siendo "total", declaró a EFE el analista militar Oleksandr Kovalenko.
"Aunque Ucrania ha avanzado mucho en el desarrollo de defensas aéreas de corto alcance, sigue dependiendo completamente de sus socios occidentales cuando se trata de sistemas de medio y largo alcance", explicó.
La amenaza de los misiles balísticos, especialmente difíciles de interceptar debido a su trayectoria y alta velocidad, es particularmente grave y los sistemas Patriot de fabricación estadounidense siguen siendo los únicos en el arsenal ucraniano capaces de derribarlos.
Aunque España, Alemania, Polonia, Países Bajos, Rumanía y Japón también han proporcionado estos sistemas o munición para ellos, las entregas dependen sobre todo de Estados Unidos, el principal productor.
Zelenski ha afirmado que los suministros a través del sistema PURL (Lista de Necesidades Prioritarias de Ucrania), mediante el cual Ucrania -con ayuda financiera de sus socios- compra desde 2025 a Estados Unidos armas, especialmente misiles para los sistemas de defensa aérea Patriot, no se han visto afectados hasta ahora.
Pero el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ha admitido que los misiles podrían redirigirse a otros lugares, dependiendo de las prioridades estadounidenses.
En busca de soluciones
Para que esto no suceda, Zelenski ha enviado a varios países del golfo Pérsico y Oriente Medio interceptores y especialistas ucranianos en la defensa contra drones de fabricación iraní, utilizados también por Rusia en Ucrania.
Su idea es que, al proporcionar la experiencia y capacidades ucranianas a esos países, éstos no tendrán que recurrir a sistemas más valiosos contra drones iraníes baratos.
En paralelo, Ucrania busca otras formas de asegurar su defensa aérea, aunque sin que haya soluciones fáciles a la vista.
Las solicitudes de Ucrania a Estados Unidos para permitir la producción conjunta de misiles para sistemas Patriot con otros países no han sido atendidas hasta ahora.
El suministro de sistemas THAAD de fabricación estadounidense, aún más avanzados que los Patriot, podría ser otra opción, cree Zelenski.
Sin embargo, esto es poco probable a corto plazo, según el centro analítico Defense Express de Ucrania, porque incluso EE.UU. solo dispone de ocho baterías de este tipo.
Al final, Ucrania podría tener que desarrollar su propio equivalente a los sistemas Patriot, admitió Zelenski, aunque no sería una solución rápida.
Por tanto, actualmente los suministros estadounidenses y de otros socios siguen siendo la principal esperanza de Ucrania, que también continúa sus intentos de reducir la producción de misiles en Rusia con ataques aéreos contra el territorio enemigo. EFE
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