Ha llegado un momento en el que necesitamos ver historias de personas LGTBIQ+ que vayan más allá del viaje de autodescubrimiento y la salida del armario. Y 'La hija pequeña' desmonta justamente todas las expectativas de lo que cabría esperar de ella. Porque más que contar una historia de salida del armario en el sentido tradicional, se dedica a desmontar todas las expectativas que el cine queer ha ido acumulando durante décadas.
En lugar de convertir el viaje de su protagonista en un camino marcado por el trauma o la tragedia, la película de Hafsia Herzi observa a Fátima, una joven musulmana de una familia inmigrante argelina en París, en pleno proceso de construcción personal, donde el verdadero conflicto no viene del mundo exterior, sino de la tensión entre la fe, el deseo y la autoaceptación.
Fátima es una estudiante brillante y segura dentro de su grupo de amigas, pero esa confianza se desmorona cuando su identidad sexual empieza a salir a la luz. Una reacción violenta tras ser señalada como lesbiana deja claro el miedo que atraviesa todo su mundo interior: no es solo el temor a ser descubierta, sino a perderlo todo en el proceso.
A partir de ahí, su vida se divide entre lo que muestra y lo que oculta, incluyendo su relación ambigua con un novio que encarna expectativas tradicionales de matrimonio y una estabilidad que ya no es capaz de sostener.
Al mismo tiempo, Fátima comienza a explorar su identidad fuera de los márgenes que le imponían su entorno y su familia. La universidad, las nuevas amistades y los encuentros sexuales furtivos le abren un espacio de experimentación donde empieza a probar versiones distintas de sí misma, todavía insegura pero cada vez más consciente de su deseo. Es en ese tránsito donde conoce a mujeres que le hablan de su cuerpo y su sexualidad con una naturalidad que ella nunca había experimentado, ampliando su mirada sobre lo que puede ser el amor.
El punto de inflexión llega cuando conoce a Ji-Na, con quien establece una relación intensa que la empuja a vivir su primer gran vínculo afectivo con otra mujer. Por primera vez, Fátima se permite ser ella misma sin disfraz, incluso aunque todavía esconda partes de su identidad a su familia. Sin embargo, cuando esa relación se rompe, la película muestra con claridad que el verdadero desafío no es enamorarse, sino sostenerse emocionalmente cuando ese descubrimiento se tambalea.
Más allá del deseo, 'La hija pequeña' también plantea una tensión constante entre la identidad y la fe. Fátima sigue siendo creyente, pero vive con el miedo de que su orientación sexual la expulse de su comunidad. Las conversaciones con figuras religiosas no ofrecen respuestas fáciles y esto refleja la complejidad real de conciliar creencias y deseo en un entorno que no siempre deja espacio para ambas cosas.
El vínculo con su familia, especialmente con su madre, introduce uno de los pocos espacios de calma en la película. En una escena especialmente significativa, el apoyo de su madre aparece sin grandes dramatismos, a través de una comprensión silenciosa que contrasta con el ruido interno de Fátima. Es ahí donde la película encuentra la fuerza, en los gestos mínimos, en lo que no se dice y en la posibilidad de que la protagonista puede llegar a ser aceptada.
Está disponible en Filmin.
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La noticia
'La hija pequeña' es todo lo que necesita el cine LGTBIQ+ ahora. Un drama sobre identidad, fe y deseo sin dramatismos innecesarios
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Belén Prieto
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