Cada vez que aparece una nueva tecnología que promete transformarlo todo, hay un grupo que acaba pagando un alto precio por ello. Con la llegada de la IA, por ejemplo, los jóvenes y los empleos administrativos son los más expuestos a pagar esa factura en forma de una menor tasa de contratación y bajadas salariales por la automatización de esos puestos.
Un estudio publicado por investigadores de la London School of Economics y la Universidad Complutense de Madrid, demuestra con datos concretos sobre España que los beneficios del progreso tecnológico no solo no llegan por igual a todos los trabajadores, sino que en muchos casos están ensanchando la brecha entre quienes más y menos cobran.
El Gini no miente: la desigualdad tiene nombre tecnológico. El coeficiente Gini mide la desigualdad de ingresos en una escala donde cero equivale a igualdad total y 100 a desigualdad absoluta. España tiene un índice de 30,8 según los últimos datos de 2023 de Eurostat, frente a la media de la Unión Europea, que se situaba en 29,4 en 2024. Entre 2000 y 2016, la desigualdad salarial en España creció 6,4 puntos Gini, siendo el período más intenso entre 2008 y 2016, cuando subió 4,7 puntos en apenas ocho años.
El dato más impactante del estudio es que sin los efectos de la automatización, la desigualdad salarial en España habría sido un 21,5% menor en 2019. Para calibrar la magnitud de ese dato conviene recordar que en el año 2000, España estaba 8,8 puntos Gini por debajo de Estados Unidos en términos de desigualdad. En 2019, esa diferencia se había reducido a solo 2,2 puntos.
Lo que la tecnología da por arriba, lo recorta por abajo. Los números son más elocuentes cuando se desglosan por tramos salariales. Sin la revolución tecnológica de las últimas décadas, el 10% de trabajadores con mayores ingresos habría recibido una cuota salarial un 3,9% menor que la actual. En cambio, el 50% de trabajadores con salarios más bajos habría incrementado su salario en un 0,83%, y el 10% más pobre de ese grupo lo habría incrementado hasta en un 2,2%.
La automatización y la inteligencia artificial no actúan de la misma forma, aunque ambas empujan en la misma dirección. Mientras la automatización del trabajo tiende a golpear los salarios del tramo medio y bajo de la distribución, la IA eleva los salarios en la parte alta, mejorando así la productividad y el poder de negociación de aquellos empleados que ya están mejor posicionados. Los datos del último tramo del estudio para el período 2015-2019 muestran que, sin la exposición a la IA, el coeficiente Gini habría sido un 9,9% menor en 2019. Es decir, se habría generado una menor brecha entre los salarios más altos y los más bajos.
El factor educativo: menos estudios, más castigo. Otro de los hallazgos decisivos del estudio está relacionado con la formación académica o profesional de los empleados. Los trabajadores con menor nivel educativo han sufrido un impacto salarial negativo casi tres veces mayor que quienes tienen estudios universitarios. Sus empleos tienden a concentrarse en tareas rutinarias o gestión administrativa, áreas muy susceptibles al impacto de la IA y la automatización.
La brecha salarial entre trabajadores con alta y baja formación también se ha disparado ante una mayor implantación tecnológica. En ausencia de los efectos de la automatización durante el período 2000-2019, la diferencia salarial entre trabajadores con distintos niveles de estudios habría sido un 43% menor. Los datos del estudio muestran que los jóvenes con poca formación son los más expuestos, mientras que los trabajadores de mayor edad y alta cualificación tienden a integrar la tecnología en su trabajo en lugar de competir con ella.
Efecto de la automatización por estudios y franja de edad
La tecnología incentiva la riqueza, pero no para todos. Los autores del estudio no cuestionan el progreso tecnológico en sí mismo, que ha demostrado ser un motor de crecimiento económico indiscutible a lo largo de la historia. Lo que sí ponen en duda es la idea de que los beneficios de ese progreso acabarán distribuyéndose de forma natural por toda la sociedad, una visión que según el propio estudio no capta la complejidad del fenómeno. De ahí que muchos de los grandes gurús del desarrollo de la IA apuesten por una rente básica como vía para equilibrar el desajuste que provocará la llegada de la IA y la automatización de más empleos.
Frente a estos datos, las propuestas de sus autores para neutralizar este efecto pasan por dos frentes. El primero es reforzar la inversión en educación y formación continua, ampliando el acceso a habilidades no rutinarias como el pensamiento crítico, la creatividad o las competencias sociales, menos susceptibles de automatización. De ese modo se equipara el acceso a competencias tecnológicas en todo el tejido laboral.
El segundo apunta a revisar el tratamiento fiscal del capital y del trabajo, dado que en muchos países la fiscalidad favorece la inversión en maquinaria frente a la contratación de personas, lo que puede incentivar procesos de automatización incluso cuando las ganancias de productividad son limitadas.
Imagen | Unsplash (Procreator Global UI UX Design Agency, Andrew Valdivia)
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La noticia
La IA se va a cebar con quienes se ceban todas las transformaciones tecnológicas: los salarios más bajos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Rubén Andrés
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