La incertidumbre en Aldea del Fresno ante el incendio de Almorox: "¿Me voy o no me voy?"

Isabel Rodríguez Ramiro

Madrid, 23 jul (EFE).- Dora Yegros, vecina de una urbanización de Aldea del Fresno (Madrid), pensó que iba a llover, pero al salir al jardín comprobó que el cielo se había oscurecido por el humo del incendio de Almorox. "He visto un montón de humo y el fuego se veía perfectamente", recuerda. Minutos después llegó la alerta de emergencias y, con ella, las primeras dudas: quedarse o marcharse.

Mientras observaba cómo las cenizas comenzaban a caer sobre el patio de su vivienda "como si fuera nieve", Yegros llamó a su marido. Él había visto también la enorme columna de humo desde el trabajo y trataba de regresar a casa, pero quedó retenido durante horas por los cortes de tráfico.

"Se quedó atrapado cuatro o cinco horas. Había una cola tremenda, no le daban acceso y no pudo llegar a casa hasta las doce de la noche", explica.

La espera fue, reconoce, el momento más difícil. Desde la segunda planta de la vivienda seguía la evolución del incendio mientras intentaba decidir qué hacer. "Al principio sí que me dio mucho miedo. Pensaba: '¿Llegará hasta acá? ¿Qué pasará?'", relata a EFE en una entrevista por teléfono.

El incendio forestal declarado este miércoles en Almorox (Toledo), que avanzó hacia la Comunidad de Madrid favorecido por el viento y las altas temperaturas, obligó a desplegar un amplio operativo de extinción y a adoptar medidas de protección para la población.

La urbanización El Encinar del Alberche, en Villa del Prado, fue desalojada de forma preventiva y las restricciones de tráfico dificultaron durante horas los desplazamientos en municipios próximos como Aldea del Fresno.

Con la llegada de la noche, la incertidumbre aumentó. Agentes de la Guardia Civil recorrieron la urbanización de Dora Yegros con megafonía para informar a los vecinos de que quienes quisieran podían desplazarse al polideportivo de Aldea del Fresno, habilitado como punto de acogida.

"Me volví otra vez a desesperar. Decía: '¿Qué hago? ¿Me voy o no me voy?'. Estaba sola en casa y mi marido seguía sin poder llegar", cuenta.

Durante horas permaneció pendiente tanto del teléfono como del incendio. Desde su casa alcanzaba a distinguir el resplandor de las llamas. "Se veía perfectamente. Hasta la una, las dos o las tres de la madrugada seguía mirando desde arriba", recuerda Yegros.

Mientras tanto, bomberos, brigadas forestales, agentes forestales y la Unidad Militar de Emergencias trabajaban para contener un fuego que obligó a movilizar numerosos medios terrestres y aéreos y que mantiene en alerta a los municipios del suroeste madrileño.

Poco antes de la medianoche, los vecinos recibieron un nuevo aviso indicando que podían permanecer en sus viviendas. Su marido consiguió llegar a casa poco después y la tensión dio paso a un cierto alivio.

"Eso ya nos tranquilizó otra vez. Se veía que los bomberos estaban mejorando la situación", explica con un suspiro.

Aunque el riesgo más inmediato ha disminuido, el incendio sigue muy presente entre los vecinos. El olor a humo continúa impregnando el ambiente y las cenizas recuerdan lo cerca que todavía está el fuego.

"Ayer, con el viento, apenas se notaba el olor, pero hoy sí. Huele a ceniza, huele a humo, se nota mucho más", afirma.

La preocupación ahora es que el incendio pueda descontrolarse de nuevo y que alguna pavesa alcance los campos que rodean la urbanización. "Hay mucho campo alrededor y eso es lo que da miedo", señala.

Ahora, como el resto de los vecinos, permanece pendiente de la evolución del incendio y de las indicaciones de las autoridades. Si llega un nuevo aviso, asegura, no dudará en salir. "Si nos dicen que hay que desalojar, nos iremos lo más pronto posible". EFE

Julio 23, 2026 • 1 hora atrás por: Infobae.com 1 visitas 2315829

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