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La intervención de Uganda en Sudán del Sur, entre el rechazo y el miedo de la población

La intervención de Uganda en Sudán del Sur, entre el rechazo y el miedo de la población

Atem Simon Mabior

Yuba, 3 abr (EFE).- El despliegue de fuerzas ugandesas y su intervención en la vigente crisis en Sudán del Sur ha provocado el miedo a que la interferencia de un país extranjero desestabilice aún más la frágil situación interna y que el rechazo de una parte de la población a esta presencia haga que las tensiones se disparen y deriven en una guerra.

Desde hace años, el presidente ugandés, Yoweri Museveni, ha convertido a Uganda en el principal socio comercial de Yuba y ha utilizado sus fuerzas para desplazar a civiles de zonas meridionales de Sudán del Sur para construir plantaciones de caña de azúcar, mientras que sus hombres participan también en la minería de oro, con la connivencia del gobierno sursudanés presidido por Salva Kiir.

El investigador y experto en estudios de seguridad en Sudán del Sur Remember Miamigi advirtió a EFE que la dependencia del apoyo militar de un país con el que existen disputas fronterizas "expone a Sudán del Sur a la explotación y el acoso externo", aunque la intervenciones de Uganda casi siempre han sido bajo pedido de Kiir.

Esta dependencia transmite también un mensaje: "Sudán del Sur es incapaz de defender a su población y su integridad territorial, lo que incentiva a actores con intereses particulares a avanzar en sus propias agendas", aseveró.

A principios del pasado marzo, la milicia rebelde Ejército Blanco, originalmente vinculada a la oposición sursudanesa y perteneciente a la tribu nuer, lanzó ataques contra las unidades militares aliadas al presidente sursudanés, Salva Kiir, -de la tribu dinka- en el condado de Nasir, en el estado del Alto Nilo, el norte de Sudán del Sur.

Pese a que este tipo de acciones de la milicia no son nuevas dadas la marginalización sistemática y los ataques del Gobierno contra esta tribu, esta vez fue de tal envergadura que mataron a decenas de militares y a un miembro de un grupo de Naciones Unidas que estaba mediando en el conflicto.

La respuesta del Gobierno fue una ola de detenciones, entre ellos el vicepresidente primero y líder de la oposición, Riek Machar, que se encuentra bajo arresto domiciliario, lo que hace peligrar el acuerdo de paz revitalizado de 2018 del país más joven del mundo, que se independizó en 2011.

A mediados de marzo, el Gobierno sursudanés confirmó la presencia -después de desmentirla- de tropas ugandesas en el país, citando un acuerdo militar entre ambas naciones para el apoyo técnico, la formación, y el mantenimiento de la paz y la estabilidad.

Su apoyo -fundamentalmente, bombardeos aéreos- también se ha materializado en ataques contra los rebeldes en Nasir, así como en otras áreas opositoras.

El jefe de las Fuerzas Armadas de Uganda, el general Muhoozi Kainerugaba, y también hijo del presidente Museveni, anunció el pasado 11 de marzo el envío de tropas para intervenir en la crisis en un intento de "mediar" en el país fronterizo

Esta intervención militar ha generado un fuerte rechazo, ya que se percibe como una amenaza a la soberanía del país y se teme que pueda alimentar las ambiciones de Uganda de controlar territorio sursudanés.

En la actualidad, tanto como la misión de la ONU en Sudán del Sur como una delegación de alto nivel de la Unión Africana están mediando para reducir las tensiones.

El propio Machar expresó su preocupación a la comunidad regional e internacional sobre la presencia de fuerzas ugandesas, lo que constituye "una clara violación del derecho internacional" y pone en peligro el frágil acuerdo de paz, según escribió en una carta dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres, el 23 de marzo.

"Uganda fue un patrocinador clave del acuerdo de paz y esperábamos que el presidente Yoweri Museveni apoyara su implementación, no que la socavara", añadió.

Por su parte, Nyanthon Deng Monyluak, líder del opositor Frente Popular Unido en Sudán del Sur, consideró que la intervención del Ejército ugandés en el país no es sólo una acción militar, sino un "ataque directo a la dignidad y los derechos humanos del pueblo".

"Esta interferencia ugandesa es inaceptable y rechazada, y exijo la retirada inmediata de todas las fuerzas extranjeras de nuestro territorio", dijo a EFE Monyluak.

Sudán del Sur fue escenario de un lustro de guerra que provocó la muerte de unas 400.000 personas y que terminó con un acuerdo de paz en 2018, un pacto que sirvió para repartir el poder entre el Gobierno y la oposición pero cuyas principales disposiciones nunca se han llegado a implementar. EFE

Fuente

Infobae.com

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