Acabadas las firmas, fatigado tras presentarse en tres casetas y atender a sus lectores durante horas, pensando todo el tiempo en Laura, Barclays caminó de regreso al hotel donde se hallaba alojado, en el Paseo de Gracia, y esperó a que la italiana le escribiera un correo para encontrarse. En quince años felizmente casado, Barclays no le había sido infiel a su esposa una sola vez, y en treinta años presentándose en ferias de libros, nunca había conocido a una lectora tan bonita y coqueta como Laura.
completa toda los campos para contáctarnos