La legendaria industria del té japonés estaba en declive hasta que tomaron una decisión: hacerse un "Erasmus" en Zambia

La legendaria industria del té japonés estaba en declive hasta que tomaron una decisión: hacerse un

Kakegawa, en la prefectura de Shizuoka, es una de las grandes regiones productoras de té de Japón. De hecho, la FAO reconoció su buen hacer con su sistema de cultivo tradicional de praderas seminaturales llamado Chagusaba y le otorgó la distinción de ser Patrimonio Agrícola Mundial de Importancia Global, una distinción reservada a aquellos sistemas agrícolas con valor cultural y ecológico excepcional. 

Pero ese paisaje está desapareciendo: entre 2010 y 2020, el número de agricultores de té en la ciudad se desplomó de 1.400 a menos de 550, un 60% menos en solo una década, según datos del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón. Lo particular no es la crisis, es cómo Japón la está resolviendo: con un viaje al corazón de África. 

Por qué es importante. Este caso invierte la dirección habitual de la cooperación técnica agrícola: va del sur al norte y no al revés, es decir, un agricultor japonés aprende en Zambia una filosofía de uso del territorio que después aplica con éxito en uno de los sistemas agrícolas tradicionales más amenazados de Japón. 

Por otro lado, este viraje de una industria tan tradicional como el té japonés sirve como un modelo alternativo para modernizar un sector más allá técnicas conocidas como subvenciones o de mejoras en el precio de mercado, sino de diversificar la función económica del territorio.

El Erasmus japonés. Japón tiene un programa de voluntariado internacional gestionado por JICA llamado Japan Overseas Cooperation Volunteers. Desde su fundación en 1965, más de 50.000 personas han participado en él trabajando en agricultura, sanidad e ingeniería en países en desarrollo. Es precisamente lo que hizo Hirano Koshi: en 2012 tenía poco más de 20 años y pocas ganas de dedicarse al negocio familiar de cultivo de kiwis, así que se fue Lusaka (Zambia). Volvió decidido a hacerse agricultor y aplicar todo lo que había visto en su aventura africana. 

Contexto: el tradicional té japonés está en crisis. La caída del sector de té en Kakegawa obedece a un cambio en los hábitos de consumo: triunfa el té embotellado listo para beber disponible en tiendas de todo el país, pero el té de hojas de toda la vida está bajo mínimos, como cuenta Hagita Yoshihiro, jefe de sección de la división de promoción del té de la ciudad. Esto conllevó una caída de precios para el productor y, si no hay rentabilidad, la continuidad del negocio se torna imposible: nadie quiere heredar explotaciones que no rentan. 

Según la FAO, la inviabilidad de la pequeña agricultura no es cuestión de productividad, sino de la estructura de mercado y falta de diversificación en los ingresos. Kakegawa es un magnífico ejemplo: el té producido tiene una calidad mundial, pero el precio recibido era insuficiente como para mantener la actividad. 

Lo que aprendió en Zambia. Lo que Hirano observó allí es que la tierra agrícola era también el centro de la vida social, la plantación era algo más que un medio de producción. Su primera idea al retornar fue recuperar el campo como lugar de encuentro. La segunda cuestión la resolvió un médico zambiano: "Si los agricultores cultivan verduras deliciosas y la gente se alimenta bien, esa se convierte en la medicina más eficaz". Dignificar la profesión de agricultor es esencial para una dieta saludable, algo que por cierto la ciencia ya había demostrado

La revitalización de la industria del té japonés. El agroturismo se ha convertido en una de las grandes armas para frenar el abandono, o lo que es lo mismo: convertir los campos de té en una experiencia. Hirano instaló un campamento en parcelas abandonadas y diseñó programas educativos para estudiantes y empresas de Tokio, que acuden a Kakegawa a conocer el sector. Una vía alternativa de ingresos y generar interés por el territorio. Además, ha servido de acicate para mejorar el mantenimiento y la conservación del paisaje. El caso de Kakegawa no es aislado: también en Wazuka (Kyoto) existe una iniciativa similar de turismo en plantaciones de té que está gozando de una gran acogida.

En paralelo hay otro boom que está resultando clave: el del té matcha, lo que lleva de la mano la revalorización del té japonés de origen certificado. El Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón ha registrado un incremento de casi tres veces en la producción de matcha para 2023, llegando a 4.000 toneladas frente a las 1.500 de 2010. Si el mundo quiere cada vez más matcha, las fábricas necesitan comprar más hojas, de modo que los precios presionan al alza en origen y a los agricultores les permite superar el umbral de rentabilidad. En cualquier caso, el boom del té matcha apunta a una moda y el modelo de Hirano, sin resolver por sí solo la crisis del sector, sí que apunta a la dirección correcta: diversificar los ingresos para no depender del precio de mercado. 


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La noticia La legendaria industria del té japonés estaba en declive hasta que tomaron una decisión: hacerse un "Erasmus" en Zambia fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .

Mayo 24, 2026 • 1 hora atrás por: Xataka.com 63 visitas 2126804

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