Ceuta, 22 ago (EFE).- La lluvia y la falta de medios marca el día a día de los migrantes que han convertido en su espacio las naves industriales de El Tarajal, zona de Ceuta cercana a la frontera con Marruecos, en la que esperan la nueva vida que buscaban en su viaje.
Este espacio habilitado por la ciudad autónoma tras la entrada masiva de migrantes de finales del mes de julio está marcado por una falta de medios que la lluvia ha empeorado.
Las escenas de ropa tendida en estructuras improvisadas se combina con juegos de niños montados en bicicletas sin ruedas, reparto de bocadillos y plásticos convertidos en refugio.
Entre los migrantes que esperan respuestas en El Tarajal está una joven que llegó desde Marruecos con una amiga y su hija de nueve años para encontrar una vida mejor y asegurarse que la menor empiece en la escuela el próximo curso.
En declaraciones a EFE, ha explicado que llegó a Ceuta hace unos 25 días y que estuvo tres en la montaña hasta asentarse en estas naves de El Tarajal.
Lamenta que la lluvia dificulte aún más la estancia en este espacio provisional en el que ahora duermen con la ropa mojada.
"No hay baños ni ducha y cuando quieres limpiar tus cosas en el mar, los militares te echan de la zona. Me dicen fuera del mar, es muy increíble", relata a EFE.
Esta mujer cuenta además que no hay seguridad, que ella quiere una solución para los niños y para los mayores y que ha llegado a Ceuta porque desea trabajar: "Ahora vivir aquí es muy difícil".
Tras atravesar cuatro kilómetros de mar, repite que "todos somos iguales" y espera avances.
Comparte esperanzas con Mohamed, que cuenta a EFE que lleva "unos meses" en Ceuta y algún tiempo en estas naves y que relata que el día a día ahora es más complicado por la lluvia y la falta de medios.
"He venido aquí para buscarme la vida, no para robar", resume este joven que enseña sus diplomas de formación como pintor y su carné de conducir, herramientas que creyó suficientes para cambiar su vida.
Insiste en que vino a Ceuta para trabajar para ayudar a su madre y a su familia, un futuro ahora varado en una zona industrial de la ciudad autónoma. EFE
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