Tras una larga espera y constantes consultas diarias de clientes de todas las edades, la noche del martes -con sus puertas ya cerradas- un conocido supermercado en el plano de Valparaíso puso en sus góndolas el álbum y pack de sobres del Mundial de Fútbol 2026. Al día siguiente, antes del mediodía, no quedaba ningún álbum ni ningún sobre.
Esta situación se replicó en casi todos los locales de Santiago y regiones del país, según me contó una atenta señora en el punto de Servicio al Cliente, igual de sorprendida que yo.
Es lo que muchos medios han llamado por estos días la “fiebre” por coleccionar las figuritas de los futbolistas de los 48 países que competirán, a partir del próximo 11 de junio, por la Copa del Mundo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
Si los jugadores de Chile no aparecen en el álbum y si el sobre supera los mil pesos ¿cuál es la explicación del actual furor? Han surgido varias explicaciones. Ninguna de todas ellas muy convincentes.
Una de ellas es que este sería el último álbum bajo la licencia de Panini, la empresa fundada en 1961 en Módena por los hermanos Panini, a cargo de la colección oficial desde México 1970 y cuyo símbolo histórico es la “chilena” del jugador italiano Carlo Parola.
Otra, que he escuchado entre amigos, es que este será el penúltimo libro de figuritas en que aparecerán juntos Messi y Cristiano Ronaldo.
Desde una tienda Panini, la vendedora me cuenta que diariamente llegan decenas de mujeres a comprar los stickers.
También se ha hablado del colorido y novedoso diseño interior del álbum de más de 100 páginas, y de la calidad de las fotos de los protagonistas.
Para mí, la razón es más simple. Es esa inexplicable sensación de abrir un sobre, partiendo por su sonido que me retrae a la imagen de mi abuelo, quien me compró las primeras láminas. Luego, ver quién te salió, pegarlas y cambiar las repetidas.
Y a pesar de la transición desde el simple papel de los sobres de la década de los 80 al actual envoltorio de plástico sellado que protege las láminas de la humedad, el crujido del sobre recién abierto sigue siendo igual.
Por Juan Andrés Quezada, periodista de LT Domingo.
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