En julio de 1976 un grupo de tareas de la ESMA secuestró a sus padres, hermanos y cuñada. Él sobrevivió porque ninguno conocía su paradero. Se exilió en Israel y en Francia, volvió a la Argentina con la democracia, participó del Juicio a las Juntas y también demandó a Massera por daños y perjuicios: ganó y donó el dinero del genocida a las Abuelas de Plaza de Mayo. Juntó sus pedazos, rearmó su vida y se volvió un referente en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia
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