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La ministra Lincolao y la metáfora del espejo de Rafael Gumucio

El Ciudadano

Por Leopoldo Lavín Mujica

Cuando en Chile explota una contradicción social profunda —como los incidentes en torno a la visita de la ministra Ximena Lincolao en la Universidad Austral—, no faltan los columnistas que acuden raudos a explicarlo como un problema de alma.

Rafael Gumucio es uno de ellos. Y su columna «El espejo roto» (abril de 2026) es, en apariencia, un texto elegante. Pero la elegancia, a veces, es el refugio de quienes no quieren ver la pared.

Gumucio propone lo siguiente: los estudiantes que agredieron a Lincolao no atacaron a una ministra, sino a un espejo. Vieron en ella lo que ellos no pudieron ser. La rabia, entonces, sería odio al reflejo. Violencia contra sí mismos. Es un truco inteligente. También es una trampa.

Fanon no escribió sobre almas, escribió sobre estructuras

Frantz Fanon, el psiquiatra martiniqués que dedicó su vida a entender la subjetividad del oprimido, habría reconocido ese mecanismo. Lo describe en Los condenados de la Tierra (1961): la violencia del colonizado que se vuelve contra sí mismo, que encuentra en el más cercano al enemigo más accesible. Todo eso está en Fanon.

Pero Fanon no se detiene ahí. Y ese es el punto donde Gumucio y él toman caminos distintos. Para Fanon, esa psicología no flota en el aire. No es un fenómeno del alma ni un destino de la identidad herida. Es el resultado previsible, casi determinista, de condiciones materiales y políticas concretas: la universidad desfinanciada, las becas recortadas, el sur olvidado, la educación que juega a enseñar a alumnos que juegan a aprender.

Gumucio lo menciona, sí. Pero como telón de fondo. Como decorado triste de una tragedia cuyo centro es psicológico. Fanon lo colocaría al centro. No como contexto de la violencia: como su causa estructural, sin la cual la una subjetividad específica no tiene suelo donde crecer.

Hegel, el amo y la ministra

Antes que Fanon, fue Hegel (1770–1831) quien formuló la gramática de este problema.

En su dialéctica del amo y el esclavo —desarrollada por Hegel en la Fenomenología del Espíritu (1807)— describió algo que ninguna psicología individual puede explicar por sí sola: la identidad del dominado se constituye en relación con el dominador. El esclavo sabe quién es el amo. El amo, en cambio, solo sabe quién es a través del reconocimiento del esclavo.

Lo que Fanon hace es tomar esa dialéctica y sacarla de la filosofía para llevarla a las calles de Argel, a las plantaciones del Caribe, a las universidades desfinanciadas del sur de Chile. El colonizado no odia al colonizador porque sea psicológicamente disfuncional. Lo odia porque el colonizador organizó el mundo de tal modo que el colonizado solo puede existir como su sombra, su reverso, su negación.

Ximena Lincolao, en este esquema, no es solo un espejo roto. Es la dialéctica entera hecha persona: quien obtuvo el reconocimiento del amo y ahora administra, desde el poder, las condiciones de vida de los que no lo obtuvieron.

El amo no es Lincolao. El amo es ese orden social estructurado según los intereses de la clase dominante representada cabalmente por Kast. Gumucio ve el espejo. No ve al amo que lo instaló.

Una memoria que tiene nombre, fecha y río

Porque en el sur de Chile, esa memoria tiene coordenadas geográficas precisas. En 2011, el rechazo ciudadano a HidroAysén —el megaproyecto que buscaba represar los ríos Baker y Pascua en la Patagonia— alcanzó el 74% de la población. No era solo una disputa ambiental: era una batalla sobre quién decide el destino del sur.

En 2017, tras once años de resistencia, las empresas renunciaron a los derechos del agua. Fue una victoria que quedó grabada en la memoria colectiva.

Hoy, Johannes Kaiser —figura muy cercana al oficialismo— ha propuesto revivir HidroAysén. Para los estudiantes del sur, para las comunidades mapuche, para quienes movilizaron sus vidas en torno a esa lucha, esto no es una propuesta técnica sobre megavatios. Es la señal de que el gobierno actual no solo recorta becas y desfinancia universidades: también amenaza con deshacer lo que costó una generación construir.

Frantz Fanon habría dicho que cuando el colonizado percibe que el colonizador retrocede en el tiempo para recuperar lo que le fue arrebatado, la rabia que produce no es irracional. Es memoria política activada. Es exactamente lo contrario de lo que Gumucio llama un espejo roto: es una que expone con nitidez quién está al otro lado y qué quiere hacer con el río.

El colonizado con credencial de policía

Ese mecanismo tampoco requiere necesariamente de rabia. A veces requiere solo de un uniforme y un salario. Las imágenes que circulan desde Estados Unidos son una lección de Fanon en tiempo real. Muchos agentes de ICE que aparecen en los videos de detenciones masivas de la administración Trump son latinos o afroamericanos. Hijos o nietos de las mismas comunidades que hoy esposan, deportan y humillan.

No por crueldad particular ni por traición consciente. Sino porque el sistema colonial tardío aprendió hace mucho que el instrumento más eficaz de dominación no es el guardia rubio con acento texano. Es el guardia que habla el idioma del detenido. Ese guardia no necesita odiar a su víctima. Le basta con haber internalizado la legitimidad del orden que representa.

Fanon lo llamó el colonizado que administra su propia colonización. Hoy tiene credencial federal y chaleco antibalas.

Kast no es una percepción: Es un discurso del poder real

La elegancia de Gumucio muestra su límite más grave exactamente aquí. Su columna habla del gobierno de Kast como un dato de contexto casi neutro. Menciona las becas recortadas y el desfinanciamiento universitario. Pero no dice lo que esas políticas significan en términos de continuidad histórica.

El gobierno de José Antonio Kast no es simplemente un gobierno de derecha que recorta presupuestos. Es un gobierno cuyo líder ha reivindicado explícitamente aspectos del régimen de Pinochet, que ha relativizado las violaciones a los derechos humanos de la dictadura. Eso no es una percepción de la izquierda: está en sus propias palabras.

Que los estudiantes de la Universidad Austral, muchos de ellos hijos de generaciones que vivieron en carne propia la violencia dictatorial o heredaron ese trauma, vean en la ministra del gobierno de Kast no solo a una funcionaria sino a la representante de algo más profundo y más antiguo, no es paranoia ni rabia irracional. Es memoria. Y la memoria, como Fanon insistía, es política.

La metáfora como coartada

Hay una operación que ciertos columnistas realizan sin darse cuenta: la banalización del conflicto por vía de la estetización. Convertir la violencia en metáfora. Transformar la contradicción política en tragedia psicológica. Encontrar en el episodio brutal un motivo de reflexión sobre la condición humana.

Es una operación de estética literaria. Y es también una forma de no estar donde está el problema. Porque el problema no es metafórico. Es el recorte de becas que cierra el único camino de ascenso que le quedaba a un estudiante de provincia. Es la universidad desfinanciada que no puede pagar a sus profesores. Es el sur que sigue siendo el sur: olvidado, explotado, tratado como periferia de una centralidad que nunca termina de reconocerlo.

Fanon no estetizó. Insistió, hasta el final de su corta vida, en que entender la subjetividad del oprimido requiere algo más que sensibilidad literaria: requiere rigor sociológico. Requiere nombrar las estructuras, no solo las almas. A Gumucio le falta, en su texto, ese rigor.

Este debate volverá. Volverá a dividirse, como siempre, entre los que psicologizan y los que politizan, entre los que ven almas heridas y los que ven estructuras que hieren, entre los que buscan la metáfora justa y los que buscan las causas socio-políticas. Fanon eligió un bando hace sesenta años. Y eligió bien.

El espejo no es el problema. El problema es lo que el espejo no puede reflejar porque está exactamente detrás de quien lo sostiene.

Leopoldo Lavín Mujica

La entrada La ministra Lincolao y la metáfora del espejo de Rafael Gumucio se publicó primero en El Ciudadano.

Abril 14, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 40 visitas 1993253

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