Ana Luisa Peluffo, una de las máximas exponentes de la época de oro del cine mexicano, falleció el pasado miércoles 4 de marzo a los 96 años, dejando atrás una carrera que marcó a varias generaciones. Originaria de Querétaro, Peluffo comenzó en la pantalla grande en 1948 con 'Tarzán y las sirenas', y siete años después alcanzó un hito histórico con 'La fuerza del deseo', donde protagonizó el primer desnudo artístico del cine mexicano. A lo largo de su carrera, participó en más de 200 producciones entre cine, teatro y televisión, combinando comedias, dramas y papeles cargados de fuerza y sensualidad, que consolidaron su estatus de diva del cine nacional.
Tras el revuelo causado por 'La fuerza del deseo', Peluffo alternó proyectos en México y en el extranjero. En 1956 protagonizó 'La Diana Cazadora', enfrentándose de nuevo a la censura y a todos que cuestionaban sobre su talento. Tres años después compartió pantalla con Pedro Armendáriz y Sara García en 'Las señoritas Vivanco' (1959), y en 1972 interpretó a Camelia la Tejana en 'Contrabando y traición'.
No obstante, 'La fuerza del deseo', dirigida por Miguel M. Delgado, fue la más transgresora de Peluffo, que en ella interpretó a Silvia, una modelo cuya presencia genera tensión y conflicto entre dos personajes masculinos. "Leí el script, pero no lo tomé muy así hasta en el momento que dije: ‘Bueno, ¿y ahora qué hago? No puedo echarme para atrás’. Mucha gente pensó que me habían obligado; tal vez mi papá o mi mamá. Pero no, yo lo decidí", explicó en una entrevista.
La secuencia del desnudo en cuestión se planteó como una imagen estática, artística y profesional, sin provocación, respetando los códigos de exhibición de la época, y se convirtió en un hito que abrió mercados internacionales y contribuyó a redefinir los límites del cine mexicano. Peluffo destacó que el impacto de la escena fue enorme: "Tuve tres o cuatro periodistas que llegaron a pedirme perdón como a los 2 años, a decirme: ‘Bueno, realmente nos portamos muy mal’. Me agredían muchísimo y después fueron grandes amigos míos. En la calle, la gente al contrario; eran más bien admiradores, tuve mucha gente que me mandaba poesías y me decían que qué valiente”.
Además, Peluffo también destacó en la televisión, participando en telenovelas como 'El pecado de Oyuki', 'Marimar' o 'Lazos de amor', permitiendo que nuevas generaciones conocieran su trabajo y consolidando su legado en el entretenimiento del país.
Uno de los hitos más curiosos de su carrera fue la asociación mediática con la escultura de 'La Diana Cazadora', que muchos espectadores confundieron con Peluffo, apodándola la "Venus viviente". "La confusión se extendió, pero la modelo real fue Helvia Martínez Verdayes", explicaba la actriz en su momento. Aun así, la polémica reforzó su carácter desafiante dentro de una época conservadora y confirmó su peso cultural, convirtiéndola en un referente tanto artístico como simbólico del cine mexicano.
Ana Luisa Peluffo fue pionera en romper tabúes y explorar roles audaces, trascendiendo las restricciones de su tiempo. Su participación en producciones internacionales, la diversidad de sus papeles y su capacidad para enfrentarse a la censura dejaron un legado que sigue inspirando a muchos cineastas y actores. Sus películas quitaron las vendas del cine nacional y permitieron que se mostrara una realidad más auténtica y moderna en la pantalla.
Sin embargo, en 1965, un suceso trágico empañó temporalmente su carrera: la muerte del periodista y exnovillero Rafael Romero en su casa en Cuernavaca. Inicialmente reportado como accidente, la autopsia reveló lesiones graves, generando controversia y versiones contradictorias sobre lo sucedido. Su padre, Manuel Tránsito Peluffo, aclaró que “las lesiones pudieron producirse durante los intentos desesperados por salvarle la vida”. Ana Luisa nunca habló públicamente del tema, y el hecho quedó como un episodio complejo en su vida personal, pero es algo que también forma parte de su trayectoria, aunque no llegara a afectar a su grandeza artística.
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La noticia
La muerte de Ana Luisa Peluffo nos deja sin una leyenda del cine mexicano. Y también sin respuesta a un gran misterio de su carrera
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Belén Prieto
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