La paulatina erosión del proyecto Trump

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

La llegada al gobierno de Estados Unidos de Donald Trump por segunda vez tenía dos objetivos claros: por un lado, una promesa para superar las falencias de los gobiernos anteriores, especialmente los demócratas, que tenían al país sumido en una crisis importante. Y, por otro lado, orientar su estrategia para acomodarse a un mundo con signos evidentes de que camina hacia un mundo multipolar y, por lo tanto, menos receptivo a las imposiciones de la Casa Blanca, para lo cual concentraría sus principales esfuerzos en el mundo occidental, especialmente América Latina, y actuar en los otros espacios geopolíticos en base a su interés inmediato. Era una suerte de priorización de sus objetivos tradicionales. Todo se basaba en la consigna de primero está el hacer grande a América.

Pero, lentamente la agenda se fue escapando de las manos, producto del ensimismamiento estratégico que sobrevaloró las capacidades estadounidenses junto al insuficiente análisis de un mundo que estaba cambiando aceleradamente. Además, se acentuó el personalismo presidencial en la forma de un liderazgo extravagante, que es una síntesis del síntoma de un profundo proceso de decadencia de una elite nacional e internacional que gobierna occidente.

1.- La tensión política interna

Está en una coyuntura muy crítica la convivencia política bipartidista del sistema político estadounidense, que se caracteriza esencialmente por la ruptura de los consensos básicos entre poderes para administrar el poder, producto de la forma en que el presidente Trump lleva adelante su proyecto. Se han hecho permanentes las acciones que ignoran el papel del Congreso y de los tribunales de justicia, las contradicciones entre distintos grupos de dominio, instalando un conflicto de atribuciones entre instituciones y entre los grupos de interés económico.

Así ha pasado con las acciones militares de ataques a supuestas embarcaciones de transporte de drogas en el Mar Caribe; la intervención en Venezuela y el secuestro del presidente; la agresión a Irán; la imposición de aranceles a escala global; la presión indebida al Poder Judicial por la difusión de los archivos Epstein; las declaraciones de estados de emergencia en distintas ciudades del país y la consiguiente movilización de la guardia nacional; el papel represivo ilegal de muchas acciones de la Dirección de Migraciones, así como deportaciones fuera de los marcos legales; el ataque descalificador y de presión sobre el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, para que cambiara políticas monetarias; los privilegios de grupos económicos ligados a recursos naturales versus los vinculados a las empresas tecnológicas, entre otras decisiones.

La tensión política ha llevado a que en más de una ocasión en el Congreso se bloqueara el financiamiento para el funcionamiento regular de la burocracia estatal, que ha logrado resolverse al filo del cierre de las operaciones. Desde febrero hasta hoy se mantiene la suspensión de pagos de sueldos de los funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), justamente como un mecanismo usado por los demócratas para presionar a Trump por cambios sustanciales en la política del sector.

Actualmente, en la guerra contra Irán las diferencias con los demócratas, e incluso al interior de su propio partido, amenazan con profundizarse. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, declaró que, debido a las políticas imprudentes del gobierno en relación con Irán, los estadounidenses están con menos comida en sus hogares. Así también, 50 parlamentarios firmaron una carta exigiendo el fin del bloqueo criminal a Cuba, el que se ha convertido en otra obsesión política del actual gobierno.

Hay una disconformidad de congresistas republicanos, porque temen una derrota importante en la próxima elección de medio término, en noviembre de este año. Han declarado que “si se envían tropas terrestres en la guerra contra Irán, perderemos entre 60 y 70 escaños“. De ser así, el futuro político de Trump entraría en un ciclo de confrontación máxima.

…el problema principal se le está produciendo al interior de su sector más militante, el famoso MAGA, con críticas fuertes y públicas, y apartándose de la ruta actualmente asumida por Trump. El más famoso de ellos es el comunicador Tucker Carlson quien ante la agresión a Irán afirmó que “pusimos los intereses de Israel antes que los nuestros. Trump hizo eso”.

Pero el problema principal se le está produciendo al interior de su sector más militante, el famoso MAGA, con críticas fuertes y públicas, y apartándose de la ruta actualmente asumida por Trump. El más famoso de ellos es el comunicador Tucker Carlson quien ante la agresión a Irán afirmó que “pusimos los intereses de Israel antes que los nuestros. Trump hizo eso”. El 5 de abril, en su comentario audiovisual fue aún más categórico: “Están observando el fin del imperio estadounidense global, el mundo unipolar, que fue grandioso, por cierto, mientras duró, pero se acabó y están observando el fin de lo que sea el cristianismo protestante estadounidense, una de las fuerzas más grandes y positivas en la historia de este mundo”. Las polémicas entre ellos han escalado tanto, que el propio Trump lo ha despreciado, y el periodista actualmente denuncia un acoso del FBI. En la misma senda están las declaraciones de Taylor Greene, quien en 2024 para la campaña de Trump era una delirante figura mediática que apoyaba su candidatura y una de sus mejores amigas, según confesión propia. Se le suman otros rostros destacados de las redes sociales como Megyn Kelly, Nick Fuentes y Matt Walsh.

Recientemente, el caso más bullado ha sido la renuncia de Joe Kent, director del Centro Nacional de Antiterrorismo y activista MAGA y de América Primero desde 2016, quien también realizó críticas severas a la influencia del lobby israelí en la guerra contra Irán y el incumplimiento de las promesas de campaña de Donald Trump.

Esta es una fractura muy sonada al interior de lo que es el núcleo del movimiento MAGA, que augura tensiones que apuntan a una implosión y a relaciones violentas al interior del neoconservadurismo estadounidense.

La salida de Pam Bondi como fiscal general, que se produce en un momento de máxima agitación para el Departamento de Justicia, que ya ha visto un éxodo de fiscales veteranos señalados por su supuesta deslealtad a Trump, el colapso de la confianza de los jueces federales, el ceder ante el peso de la campaña de deportaciones masivas del gobierno y una intensa reacción negativa por la fallida presentación de los archivos de Epstein.

Una señal muy llamativa es lo que está sucediendo con el pensamiento intelectual ultraconservador estadounidense. Hace dos semanas Robert Kagan hizo comentarios públicos a su colega Bill Kristol, afirmando que Israel representa, en esencia, una carga para Estados Unidos. Esto fue una alarmante señal de alerta que indicaba una especie de revuelta dentro del poder fáctico contra los excesos de la administración actual.

El 30 de marzo, en un artículo de opinión de la revista The Atlantic, el propio Kagan califica abiertamente a Estados Unidos de estado canalla: “Cuando sea que termine la guerra de Estados Unidos con Irán, y como sea que lo haga, habrá puesto al descubierto y exacerbado los peligros de nuestra nueva realidad multipolar y fragmentada: habrá profundizado las divisiones entre Estados Unidos y sus antiguos amigos y aliados; habrá fortalecido a las grandes potencias expansionistas, Rusia y China; habrá acelerado el caos político y económico mundial; y habrá dejado a Estados Unidos más débil y aislado que en ningún otro momento desde la década de 1930. Incluso el éxito contra Irán será vacío si acelera el colapso del sistema de alianzas que durante ocho décadas ha sido la verdadera fuente del poder, la influencia y la seguridad de Estados Unidos”.

Stephen Walt, en la revista de Foreign Policy del 26 de marzo, escribe “…como he argumentado extensamente en otros lugares, Estados Unidos actúa ahora como una potencia hegemónica depredadora, explotando posiciones de influencia acumuladas durante décadas para explotar tanto a aliados como a adversarios. Este enfoque de suma cero en casi todas las relaciones con otros países incluye una profunda hostilidad hacia la mayoría de las instituciones y normas internacionales, un comportamiento deliberadamente errático y una tendencia a tratar a otros líderes extranjeros con un desprecio apenas disimulado, mientras espera actos humillantes de sumisión y lealtad por parte de la mayoría de ellos. A medida que las consecuencias de la guerra en Irán se extienden por la región y el mundo, queda claro que la administración o bien no comprendió cómo sus acciones afectarían a otros Estados, o simplemente no le importó”.

Un aspecto que vale la pena destacar es que la mayoría de estos analistas califican a Estados Unidos como un Estado «rebelde» no por su complicidad en el genocidio de Gaza, que viola el derecho internacional, ni por su brutalidad contra la población civil en Irán, sino simplemente por no apoyar a los llamados «aliados».

Un aspecto que vale la pena destacar es que la mayoría de estos analistas califican a Estados Unidos como un Estado «rebelde» no por su complicidad en el genocidio de Gaza, que viola el derecho internacional, ni por su brutalidad contra la población civil en Irán, sino simplemente por no apoyar a los llamados «aliados».

2.- Pérdida de la confianza ciudadana

Las decisiones más polémicas del gobierno de la Casa Blanca, la aplicación de aranceles y la guerra contra Irán, han tenido repercusiones importantes en la sociedad estadounidense y en particular en su base electoral, producto de los efectos en la economía diaria y en volver a verse involucrados en una guerra inútil sin implicaciones directas en la seguridad de Estados Unidos. Ambas decisiones impactan negativamente en los compromisos electorales que había proclamado el candidato Trump.

Junto a las masivas manifestaciones realizadas el sábado 28 de marzo en la mayoría de las grandes ciudades del país, oponiéndose activamente a las decisiones y el camino que está tomando el gobierno altamente personalista de Trump, se suman las posiciones pasivas demostradas a través de las encuestas de opinión. Así como el 60 % de la población desaprueba la política arancelaria, según encuesta de CNN realizada entre el 26 y el 30 de marzo, el 68 % se opone al envío de tropas terrestres a Irán. Algo similar muestra una encuesta de The Economist/YouGov que indica que el 62 % se opone una invasión terrestre (dentro del segmento republicano la oposición es del 37 %). Una encuesta de Fox News arrojó que actualmente el 59 % de los encuestados desaprueba a Trump, mientras que la empresa Reuter/Ipsos registró esta opinión en 64 %. Solo el 29 % aprueba su gestión económica.

Ya los costos de combustible han subido por sobre los US$ 4 dólares el galón, con un alza de un 35 %. Hay una gran preocupación por la inflación, que según la OCDE estaría en torno 4,2 %; otro indicador crítico es que las tasas de hipotecas ya han superado la marca psicológica del 7 %.

3.- La guerra contra Irán

A esta altura queda en evidencia que Estados Unidos no tenía objetivos políticos ni estrategia clara para la agresión a Irán y se vio sorprendido por la realidad de esta guerra. Hoy está asumiendo costos cualitativos difíciles de ocultar, y que indudablemente tendrán impactos en su política.

Las tensiones al interior del Ministerio de la Guerra son cada vez más públicas, siendo una muy sensible las existentes entre el secretario de Guerra y el secretario de Ejército, Driscoll. Hay una opinión que fluye mucho sobre las incapacidades del secretario Pete Hegseth, su integrismo cristiano y el modo autoritario de conducción.

Las remociones de oficiales del alto mando del Ejército son demostrativas de un cierto descontrol, más aún teniendo en cuenta la rama terrestre de las fuerzas armadas que es afectada, que es la que debería entrar en combate en esta nueva fase de la guerra. El 2 de abril se les pidió las renuncias al general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército; al general David Hodne, comandante del Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército; al general Williams Green, jefe de Capellanes del Ejército.

Las purgas de cuadros sensibles crean una inestabilidad en la cadena de mando, que prioriza la lealtad política sobre la experiencia profesional, muy peligrosa en un momento de conflicto bélico.

A estas se suman las realizadas el año pasado y principios de este: el jefe del Estado Mayor Conjunto, general C. Brown; la jefa de Operaciones Navales, almirante Lisa Franchetti; el jefe adjunto del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general James Slife; el director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, teniente general Jeffrey Kruse.

Las purgas de cuadros sensibles crean una inestabilidad en la cadena de mando, que prioriza la lealtad política sobre la experiencia profesional, muy peligrosa en un momento de conflicto bélico. Los rumores de pasillo anuncian una posible salida de Tulsi Gabbard, la directora de Inteligencia Nacional, quien también habría señalado opiniones contrarias a la guerra contra Irán.

En el plano material, las pérdidas si bien no son abundantes sí son significativas por una cuestión simbólica: son armas producto de la industria militar más avanzada tecnológicamente; los costos de cada una son inmensos; hay material altamente sensible y muy lento y costoso de reemplazar.

En el componente aéreo las bajas son:1 F-35 (110 millones); 4 F-15 (360 millones); 1 A-10 (18 millones); 1 AWACS E-3 (700 millones); 2 KC-135 destruidos (80 millones) y 6 seriamente dañados; 3 helicópteros HH-60 (60 millones); 17 MQ-9 Reaper (510 millones); 1 helicóptero CH-47 Chinook; 2 aviones de guerra electrónica EC-130H; 2 aviones de transporte C-130 (180 millones).

Según el centro especializado RUSI, hasta el 24 de marzo, en cuanto a sistemas de ataque, defensa aérea y antimisiles se han ocupado 1.767 misiles de crucero y balísticos; 3.448 misiles de defensa aérea y antimisiles, con un costo de tres mil millones en misiles de crucero y balísticos y 13 mil millones en defensa aérea. Se han destruido 10 radares que conformaban un sistema integrado de alta sensibilidad, entre ellos el más complejo, el radar AN/TPY-2 ubicado en Arabia Saudita, de un costo de 500 millones de dólares. En total un gasto de 1.900 millones de dólares en equipos de radares, sistemas de alertas, terminales de comunicaciones.

Pero, los acontecimientos con repercusiones estratégicas han sido los ataques a las bases estadounidenses en la región. De hecho, el New York Times informó que la presencia de las fuerzas armadas estadounidense ha sido prácticamente expulsada de Oriente Medio: “Muchas de las 13 bases militares de la región utilizadas por las tropas estadounidenses son prácticamente inhabitables” (artículo titulado “Los ataques de Irán obligan a las tropas estadounidenses a trabajar de forma remota” del 26 de marzo).

Los ataques a bases se ha realizado en: residencia de pilotos en Al Kharj y  la base Prince Sultán en Arabia Saudita; Centro de Mando de la dirección militar, Base Manhad y Centro de Mando y control en base aérea Al-Dhafra en EAU; Base Camp Buehring, Base Arifjan, Base Ali Al Salem, Isla Bubiyan en Kuwait; Base Muwaffaq Salti en Jordania; Base Qasrak, norte de Siria y Base Kharab-Al-Jir noreste de Siria; Base Al-Jufair, Base Sheikh Isa, Base Mina Salman en Bahrein; Base Victoria en Irak, con retiro total de tropas estadounidenses, así como del resto de presencia de países de la OTAN europea. Entre las instalaciones que han sufrido graves daños se encuentra la base aérea de Al-Udeid en Qatar, la mayor base estadounidense en Medio Oriente, así como el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada en Bahréin.

… los acontecimientos con repercusiones estratégicas han sido los ataques a las bases estadounidenses en la región. De hecho, el New York Times informó que la presencia de las fuerzas armadas estadounidense ha sido prácticamente expulsada de Oriente Medio…

En cuanto a las bajas humanas, se ha informado oficialmente que los heridos son 247 en el ejército; 63 de la Armada; 36 de la fuerza aérea; 19 infantes de marina. Los muertos se reportan 13. Es difícil creer estas cifras, atendiendo a los éxitos iraníes en los ataques a las bases estadounidenses, estaciones de radar, golpes a naves de la marina y de la fuerza aérea, pero este siempre es un dato sensible que se oculta por parte de los gobiernos.

El desgaste impensado en la guerra contra Irán ha impactado en el presupuesto inmediato de Defensa, el que tuvo que recurrir a una solicitud extra al Congreso por 200.000 millones de dólares. En el mediano plazo ya se ha considerado para el presupuesto 2027, un aumento de 44 %, es decir, llegar a 1,5 billones de dólares. Es evidente que para cubrir esa demanda tendrán que reducir en otras áreas y recurrir a nuevo endeudamiento. En la propuesta de financiamiento está el recorte de un 10 % los gastos no militares; recortar las contribuciones a los organismos internacionales, programas de ayuda humanitaria, ayuda alimentaria, salud, etc. Se ve difícil que esto sea aprobado por los demócratas en el Congreso, pero es claro que es signo de la crisis y que será una fuerte pugna entre los partidos.

Así también se han propuesto nuevas reglas de reclutamiento, elevando la edad máxima a 42 años y relajar las restricciones existentes, producto de una crisis prolongada de reclutamiento que las fuerzas armadas vienen enfrentando seriamente desde el año 2022. Es una adaptación pragmática a las realidades actuales, tanto demográficas como sociales.

4.- La bomba de tiempo de la deuda

El gran talón de Aquiles sigue siendo el alto nivel de endeudamiento, que, con la guerra en Medio Oriente, se está incrementando en forma más acelerada. En 37 días de guerra, el costo es de casi 43 mil millones de dólares (página Iran War Cost Tracker)

A principios de este año, la deuda pública estaba en torno a los 39 billones de dólares, que significa un 122 % del PIB y gran parte es a corto plazo, que implica pagos regulares y necesidad de nuevas captaciones, las que por supuesto se harán bajo nuevas condiciones, mayores riesgos, mayores tasas de interés.

En la historia económica de Estados Unidos se muestra que aumentos repentinos del petróleo traen una recesión, y que la salida de esta se produce a través de una activa impresión de dinero. Este año se debe nombrar un nuevo presidente de la Reserva Federal, que enfrentará la contradicción de imprimir más dinero y tratar de ahorrar en el presupuesto estatal, para enfrentar la lucha contra la inflación. El actual presidente de la Reserva se ha enfrentado directamente con Trump, el que buscará un nuevo presidente más dócil a su postura, pero que tendrá que hacer actos de magia para equilibrarse ante demandas contrapuestas. Existe un alto riesgo de una estanflación, un estado depresivo en la economía combinado con aumento de precios (Michael Roberts, SP del 1 de abril).

Esta paulatina erosión del proyecto de Donald Trump, no debe asumirse como un hecho aislado y quizás excéntrico en la política estadounidense. Debemos recordar que el anterior presidente, Joe Biden, gobernó una parte importante de su período bajo condiciones de salud mental críticas. Esta realidad debe asumirse como un escalón más en el declive imperial, que logra reunir en un mismo ciclo hechos y acontecimientos críticos de carácter coyuntural en el plano internacional (crisis económica, guerras, alejamiento de aliados, pérdida de referencia y otros), en el plano político-económico interno, en ámbitos de convivencia social, junto a fenómenos de larga duración y de composición estructural que se siguen acentuando (pobreza, endeudamiento, natalidad, desindustrialización, migraciones, empleo, composición étnica, etc..).

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 87 – 07/04/2026


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