Según la ley, el progenitor que no está a cargo del cuidado personal debe pagar una cuota alimentaria con un límite establecido por ley: no más allá del 50% de su sueldo. Quien se queda criando debe poner otro 50%, pero, en la práctica, su trabajo cotidiano queda excluido de la ecuación económica, como también todos los gastos extras en los que debe incurrir. De acuerdo con los especialistas, el sistema sólo perpetúa aún más la desigualdad de género que existe de base.
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