El debate sobre el proyecto de ley de Reconstrucción Nacional ha traído a la discusión pública la cuestión de si el gobierno del Presidente Kast está guiado por una agenda ideológica (Carlos Peña) o, dicho de otra forma, si hay un relato que subyace a ese proyecto y a otras prioridades que ha definido el gobierno como son la seguridad ciudadana y el control de las fronteras.
Un relato es la expresión de una idea y por lo tanto quienes desde la derecha o como meros observadores hablan de la necesidad de un relato, en el fondo aluden a la base ideológica del gobierno de José Antonio Kast.
En el orden de la economía, aunque uno trate de evitarlo, al final siempre llega al punto: ¿se promueve la centralidad del Estado o de las personas como sujetos activos de la vida en sociedad? El gobierno del Presidente Kast y su proyecto de Reconstrucción consideran que el Estado que se necesita no es el que sustituye al ciudadano sino el que lo habilita, proveyendo reglas estables, seguridad, oportunidades y la auténtica posibilidad de realizar su proyecto de vida. Las sociedades que progresan no son las que redistribuyen la riqueza desde el Estado, sino aquellas que la crean, bajo el marco de instituciones que permiten que el esfuerzo individual se traduzca en progreso. Si esa arquitectura se debilita, se interrumpe el flujo de creación de riqueza. Sin crecimiento no hay empleo ni ingresos para las familias. Sin ingresos propios no hay autonomía y la dependencia estatal se normaliza. Chile ha vivido esa debilidad en el último decenio.
Vistas así las cosas parece obvio que los impuestos deben ser los necesarios y suficientes para ejercer la labor habilitante del Estado, no para sustituir a las personas y a la sociedad civil en sus funciones. Con la misma lógica, el gasto público debe ser inferior a aquel que exige un Estado que sustituye a los ciudadanos en sus funciones.
Subyace en la visión de Kast que un Estado más grande no es sinónimo de más beneficios a los chilenos, puede serlo de privilegios y abusos de quienes manejan el gobierno. Un gobierno que pretende sustituir a las personas y dispone de un mayor presupuesto es más proclive a malgastar el dinero o incluso a usarlo en beneficio propio, como lo han demostrado los fraudes al Fisco en el uso de licencias médicas, fundaciones truchas y otros mecanismos. Chile se ha llenado de esos casos en los últimos años.
La derecha no debe rehuir esta discusión, como lo hizo por mucho tiempo. La piedra que desecharon sus políticos (arquitectos) es ahora la piedra angular. Lo que discutimos en el proyecto de Reconstrucción Nacional no es cuánto va a recaudar el Estado, sino cómo habilitará mejor a los chilenos para que labren su camino a la prosperidad. Falta conocer, luego, cuál es el proyecto para restablecer el orden público.
Por Luis Larraín, presidente del Consejo asesor de Libertad y Desarrollo
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