
El Domingo de Pascua marcará una de las imágenes más inusuales de la familia real británica en los últimos años. Tradicionalmente, esta fecha ha sido sinónimo de unidad, tradición y despliegue institucional en el entorno del Castillo de Windsor. Sin embargo, en 2026, la celebración estará marcada por un ambiente mucho más sobrio, condicionado por ausencias significativas y un contexto familiar especialmente delicado.
Según diversos medios británicos, el servicio religioso que se celebra en la capilla del castillo contará con una representación notablemente reducida en comparación con ediciones anteriores. Al frente estará el rey Carlos III, quien acudirá acompañado por la reina Camila. Junto a ellos, se espera la presencia de los príncipes de Gales, Guillermo y Kate Middleton, acompañados por sus tres hijos, en una imagen que refuerza el papel central de esta rama dentro de la institución.

También podrían asistir la princesa Ana junto a su marido, Timothy Laurence, así como los duques de Edimburgo, Eduardo y Sofía, acompañados por sus hijos. Aun así, el número total de asistentes distará mucho de las concurridas reuniones familiares que caracterizaban esta festividad en años anteriores.
Entre las ausencias más comentadas figuran, una vez más, el príncipe Harry y Meghan Markle, cuya distancia con la familia real sigue siendo evidente. A ellos se suman este año las princesas Beatriz y Eugenia, hijas del príncipe Andrés y Sarah Ferguson, quienes han optado por planes alternativos para estas fechas. Aunque las polémicas que rodean a sus padres —especialmente las relacionadas con el caso de Jeffrey Epstein— podrían hacer pensar en un distanciamiento mayor, fuentes cercanas a la Casa Real han querido restar dramatismo a esta decisión. “Siguen siendo muy queridas por la familia”, aseguran, según recoge la prensa británica, subrayando que se trata de una ausencia puntual y no de una ruptura definitiva. La intención, según estas mismas fuentes, es que ambas retomen su presencia en próximos compromisos oficiales.

La fotografía que dejará esta celebración ha sido interpretada de diversas formas por la prensa británica. Algunos tabloides la describen como la representación más clara hasta la fecha de la “monarquía adelgazada” que Carlos III ha defendido desde antes de su ascenso al trono. Otros, sin embargo, ven en esta imagen un reflejo del aislamiento familiar que atraviesa el monarca en un momento particularmente complejo.
El estado de salud del rey, que continúa en tratamiento contra el cáncer, añade una dimensión adicional a esta lectura. A ello se suman las tensiones internas, las ausencias prolongadas de algunos miembros clave y el desgaste acumulado en los últimos meses. Frente a esta narrativa más crítica, la cadena pública BBC ha optado por un enfoque más institucional, señalando que las decisiones adoptadas responden a un acuerdo conjunto para reducir la presión mediática. En contraste, medios como The Sun, Daily Mirror, Daily Express o GB News han recurrido a un tono más dramático, hablando de la “caída de la Casa de York” o de una creciente “frialdad” entre las distintas ramas familiares.
Pese a todo, conviene recordar que tanto Beatriz como Eugenia sí estuvieron presentes en la celebración navideña de 2025 en Sandringham, lo que refuerza la idea de que su ausencia en Pascua no implica un veto permanente. Sin embargo, el contraste con otras épocas, en las que varias generaciones se reunían en Windsor, resulta inevitable. Como es tradición, la jornada comenzará con el servicio religioso en la capilla del castillo Windsor. Tras la misa, los miembros de la familia real saldrán al exterior para saludar al público, protagonizando una de las estampas más reconocibles del calendario monárquico. Posteriormente, la celebración continuará en privado con un almuerzo familiar en el interior del castillo, donde no faltarán platos típicos como el cordero asado, verduras de temporada, patatas, salsa de menta, pudin de Yorkshire y los tradicionales huevos de chocolate.
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