El Salvador importa cerca del 95 % del arroz que se consume a nivel nacional, una cifra que refleja la profunda dependencia alimentaria del país respecto a mercados internacionales. Así lo confirmó Adalberto Blanco, representante de la Mesa por la Soberanía Alimentaria, en una entrevista emitida por Radio YSKL este 1 de mayo. Según Blanco, esta situación deja a la población expuesta a variaciones de precios y disponibilidad por factores externos, algo que repercute directamente en la seguridad alimentaria del país.
De acuerdo con el último censo agropecuario, la producción nacional de arroz en El Salvador se ha desplomado en las últimas décadas. Mientras que en 1975 el país producía el 85 % del arroz que consumía, la cifra actual apenas supera el 5 %. El resto debe importarse principalmente de países como Estados Unidos, Brasil y Vietnam. El Ministerio de Agricultura y Ganadería reportó en su anuario estadístico 2023-2024 que la cosecha nacional de arroz registró solamente 76.900 quintales, una caída de más del 75 % frente a los 319.000 quintales reportados en el censo de 2005.
Esta tendencia responde a diversos factores. Entre los principales, Blanco mencionó la eliminación del Instituto Regulador de Alimentos (IRA) a comienzos de los años noventa, lo que debilitó la política pública de apoyo al sector agropecuario y desprotegió a los productores nacionales. La apertura del mercado a las importaciones, la falta de incentivos y el ingreso de arroz extranjero subsidiado a precios bajos han reducido la competitividad de la producción local. “El arroz importado llega más barato, pero cuando el mercado depende completamente del exterior, cualquier crisis internacional dispara los precios”, explicó Blanco en la emisora.
El impacto de esta dependencia se acentúa cuando situaciones globales afectan la logística y los suministros. “El conflicto en el estrecho de Ormuz, donde transita buena parte de los insumos agropecuarios y combustibles, eleva los costos de transporte y de los fertilizantes. Los países que dependen de las importaciones, como El Salvador, sienten el impacto de manera directa”, señaló el representante de la Mesa por la Soberanía Alimentaria. La misma fuente recordó que El Salvador es el segundo país más dependiente de alimentos de Centroamérica, después de Panamá.
Según los datos recopilados por Radio YSKL, el arroz, junto al maíz y los frijoles, representa más del 30 % de la canasta básica alimentaria en el país. Un incremento en los precios internacionales afecta de forma inmediata el bolsillo de las familias salvadoreñas, cuya capacidad adquisitiva no ha crecido al ritmo del costo de los alimentos. “Los alimentos pueden estar disponibles, pero si los precios suben y los salarios no, la seguridad alimentaria se pone en riesgo”, advirtió Blanco en la entrevista.
El último censo agropecuario, citado por Radio YSKL, ratifica la magnitud de la caída productiva. En las zonas tradicionales de cultivo como Zapotitán y Sitio del Niño, la producción ha disminuido notablemente, a pesar de contar con condiciones de riego favorables. El arroz es un cultivo especializado y requiere inversiones en tecnología y asistencia técnica, aspectos en los que, según los productores, la política pública ha resultado insuficiente.
En paralelo, factores externos como el cambio climático y la ausencia de políticas de incentivo a la producción local han incidido en la reducción sostenida del área sembrada y la productividad. La Mesa por la Soberanía Alimentaria ha planteado la necesidad de revisar las prioridades de la política agrícola, fortalecer la asistencia a los pequeños productores y reconsiderar la dependencia de importaciones para asegurar un acceso más estable y sostenible a los alimentos básicos.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería ha informado sobre la entrega de insumos y el impulso de programas de apoyo, como la tarjeta solidaria, para mitigar el impacto en los productores. No obstante, el desafío principal sigue siendo revertir el debilitamiento estructural del sector arrocero y garantizar la autosuficiencia alimentaria ante un escenario internacional cada vez más incierto.
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