Condenado a muerte el 27 de junio de 2005 por el asesinato de nueve miembros de su familia, entre ellos siete niños que había engendrado con sus propias hijas y sobrinas, Marcus Wesson continúa en el pabellón de la muerte de la prisión estadounidense de San Quintín. Un caso único de fanatismo religioso intrafamiliar que terminó con un pacto suicida
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