La tierra y los ríos tienen memoria

El Ciudadano

Columna: La tierra y los ríos tienen memoria

Por: Vicente Painel Seguel

La tierra tiene memoria. La geología registra en estratos, fallas y sedimentos cada cataclismo que ha vivido. Las placas tectónicas se acomodan después de siglos de tensión acumulada; recuerdan dónde estuvo el desequilibrio. Lo mismo ocurre con los seres vivos: las plantas guardan en sus anillos el año de la sequía, y los ecosistemas retienen la huella de los incendios. El agua tiene memoria. La hidrología reconoce lo que las comunidades ancestrales ya sabían: los ríos reaccionan a nuestras intervenciones. Cuando construimos represas o extraemos áridos de forma indiscriminada, alteramos su equilibrio. Como explica el geomorfólogo G.M. Kondolf (1997) en su estudio sobre el «agua hambrienta», al retener los sedimentos, el río compensa esa pérdida erosionando su propio lecho y reclamando con violencia lo que le quitaron. Los ríos poseen una memoria morfológica que condiciona su comportamiento futuro a partir de las perturbaciones del pasado. Ignorar cómo buscan recuperar su equilibrio es condenarse a repetir catástrofes.

En el mapuche kimun esta constatación tiene enunciado: Meli Kuñifal, las Cuatro Humildades. Los ngepin enseñan: a construir con precaución cuidadora, sin pecar de «ícaros de la inteligencia»; implican a caminar primordialmente, los vehículos muchas veces nos hacen llegar atrasados, aunque vayamos a toda velocidad; a pedir permiso a los lugares antes de ocuparlos, y reconocer que no somos dueños, somos parte. Es la lección que dejaron Kai Kai y Tren Tren, el diluvio ancestral.

Por todo esto, lo ocurrido en Angol, Lumaco, Traiguén y Nueva Imperial no puede leerse solo como «una lluvia más fuerte». Es multifactorial, sí. El Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres SENAPRED contempla planes, encargados comunales y un comando en el Ministerio del Interior. Existen responsabilidades técnicas: estudios de riesgo, zonificación, drenaje. Y también tecnopolíticas: decidir.

El dramático problema surge cuando la autoridad política predica construir sobre humedales y al mismo tiempo ejerce un negacionismo oposicionista frente al cambio climático. Ahí se asume tácitamente la culpa. Es el acto fallido del que «no quiere saber». Actuar como si lo que pasó en el pasado no existió, es igual a decir que todo fue culpa del otro y de lo que hizo antes de estar, mientras el presente solo sirve para victimizarse con tal de no responsabilizarse de la inacción volitiva.

Aristóteles indica severamente al ignorante, es aquel que no quiere saber; es decir, comporta crueldad porque no logra reconocer… La ciencia ya lo advirtió. El IPCC (2021) confirma que los eventos hidrometeorológicos extremos se están intensificando a nivel global, y la exposición en planicies de inundación aumenta el riesgo de desastre de forma no lineal. No basta con reparar después. Se requiere anticipar. Chile tiene centros hidrológicos, geológicos y ciencia ancestral que lleva siglos y ciclos leyendo el territorio en movimiento. Lo que falta es pertinencia: traducir ese conocimiento en decisiones y humildad, menos pedantería individualista. Empatía elemental para empezar a hacer bien la pega.

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Agosto 8, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 49 visitas 2363246

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