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La trama para llenar la codiciada vacante de Secretario general del Senado

El Ciudadano

Desde hace ya unos meses que algunos parlamentarios y personajes influyentes en el Congreso Nacional operan sigilosamente para que uno de sus cercanos se quede con el cargo administrativo más importante del Senado: la Secretaría General. Entre ellos, es conocido entre los pasillos del Poder Legislativo que el senador Manuel José Ossandón y el secretario general de la Cámara de Diputadas y Diputados, Miguel Landeros, buscan instalar nuevamente a un hombre de su total confianza, y para ello han estado dispuestos a hacer promesas, mover piezas y desconocer acuerdos.

«El secretario general es el que hace y deshace» , me dice un funcionario público de larga data. «Son mandamases en los administrativo y legislativo de la cámaras llevando la sesión» agrega, mientras hace el gesto de limpiar uno de los cristales de sus lentes, levanta la cabeza, y mira diciéndome «Este cargo no lo vota el pueblo directamente, lo deciden los votos de los Senadores», que pronto han de pronunciarse. Aquí el reporte:

LA MANO DE LANDEROS

El histórico secretario general de la Cámara de Diputados y Diputadas, Miguel Humberto Landeros Perkic, ya ha empezado a ser una pesada carga para el Congreso.

Un hombre que cuenta con redes y apoyos transversales, hoy es cuestionado en privado por su figura y sus formas en el Congreso Nacional. Siempre acomodado políticamente, en conversaciones señala que su madre era socialista o DC, y que otra parte de su familia era de derecha.

Un parlamentario lo describe como que “ha sido un mal necesario para la Cámara de Diputados”, apreciación compartida por funcionarios del Congreso.

Landeros se inició en el Congreso como asesor parlamentario de la bancada de la Democracia Cristiana en los años 90, cuando el Comité DC pesaba prácticamente 1/3 de la Cámara de Diputados. Ello le permitió contar con los apoyos para ingresar como abogado y secretario de comisiones en la Cámara, siendo apadrinado por su predecesor en el cargo, el abogado Carlos Loyola Opazo, quien estuvo desde 1990 hasta el 2010, siendo reemplazado temporalmente por el abogado Adrián Álvarez Álvarez, por un período de 3 años, para luego, el 2013, asumir Miguel Landeros Perkic como secretario general, hasta la fecha.

Un sujeto hábil políticamente, que se encarga de generar cercanías y redes transversales a través de favores institucionales, actividades sociales y domésticas, como participar de invitado en el matrimonio de la exdiputada y actual senadora Camila Flores.

HOMBRES DE CONFIANZA

Siempre se encarga de instalar a sus hombres de su total confianza en cargos clave, para contar con información de todos los diputados.

Esta última práctica la aplicó para colocar a su abogado ayudante, Ignacio Rodríguez, como director de la Biblioteca del Congreso Nacional. Un abogado de bajo perfil que no cumpliría con los requisitos para ocupar el cargo. Para ello, en complicidad y concomitancia con el ex presidente del Senado Manuel José Ossandón, generarían un escenario de acoso y hostigamiento al ex director de la Biblioteca, Diego Matte Palacios, quien producto de esas acciones terminó presentando su renuncia, oportunidad que aprovecharon Landeros y Ossandón para concretar la instalación de Ignacio Rodríguez como director de la Biblioteca del Congreso Nacional, sin ningún proceso de selección y con la más absoluta opacidad.

Por otro lado, Jorge Alessandri Vergara, el actual presidente de la Cámara de Diputados, tiene como conductor de su vehículo a otro incondicional de Miguel Landeros, el funcionario Hernán Muñoz.

Muñoz es un ex funcionario del Senado, desvinculado de dicha institución por mala calificación de desempeño, quien además tuvo una serie de sumarios administrativos, desde la venta ilegal de piochas del Senado, riñas con otros funcionarios, hasta el porte de un arma en los estacionamientos del Senado, oportunidad en la que fue sorprendido por el ex senador Matta, quien denunció el hecho, pero no ocurrió nada. A través de Muñoz, Landeros conoce cada movimiento y conversación del presidente de la Cámara, Jorge Alessandri.

Muñoz fue despedido del Senado y más tarde contratado por la cámara de diputados lo que es grave .

Quienes conocen la interna de la Cámara, señalan que Hernán Muñoz fue contratado por Miguel Landeros, primero a honorarios y luego a contrata, donde incluso habría subido de grados. El problema es que tanto el Estatuto Administrativo como el Reglamento del Personal de la Cámara, prohíbe la contratación de personas que hayan sido desvinculadas de otros servicios por mal desempeño. Es más, para cualquier contratación se requiere el acuerdo de la Comisión de Régimen de la Cámara, cuestiones todas que Landeros habría obviado. La situación entre los funcionarios ha generado malestar, pues Muñoz incluso ha perjudicado económicamente a otros funcionarios.

LA MOVIDA DE LA BCN

El ex director de la BCN, Alfonso Pérez Guiñez, hombre que compartió el exilio junto a la exsenadora Adriana Muñoz, era un incondicional de Landeros. Ello permitió a Landeros ingresar a un sinnúmero de funcionarios a la BCN.

La llegada del nuevo director, Diego Matte Palacios, fue un duro golpe para Landeros, quien perdió su influencia en la BCN, algo a lo que no se resignó.

Durante los poco más de dos años que estuvo Matte a cargo de la Biblioteca, Landeros no perdió oportunidad para indisponerlo con los parlamentarios e intervenir en los informes de la BCN. Un caso de ello fue lo relativo a la dieta y gastos de los ex Presidentes de la República, lo que provocó una crisis a Matte con los diputados.

En definitiva, Landeros logró su objetivo y en noviembre de 2025 Diego Matte presentó su renuncia, no exenta de la respectiva polémica con el senador Ossandón, quien lo acusaba, sin fundamento, de una supuesta mala gestión.

Pero las prácticas de Landeros no se limitaron a eso. Y para ello fue encontrando un aliado: Manuel José Ossandón. Se denunció al entonces presidente del Senado, Manuel José Ossandón, a la falsificación de un acuerdo de la Comisión de Biblioteca, donde se daba cuenta de una sesión inexistente, supuestamente celebrada el 11 de junio de 2025. El acta estaba firmada por Karol Cariola como presidenta de la Cámara de Diputados; por Eric Aedo, como segundo vicepresidente de la Cámara de Diputados, y por Miguel Landeros, secretario general de la Cámara de Diputados. Aparecían también en los pies de firma José García Ruminot, como presidente del Senado, y Raúl Guzmán, como secretario general del Senado. El asunto es que al 11 de junio de 2025, el presidente de la Cámara de Diputados era José Miguel Castro y no Karol Cariola; el presidente del Senado era Manuel José Ossandón y no José García. Tanto José García Ruminot como Raúl Guzmán no firmaron el documento, por la irregularidad del mismo, quedando todo en manos de Ossandón.

El hecho fue comunicado por el director de la Biblioteca Diego Matte al presidente del Senado, Manuel José Ossandón, y al presidente de la Cámara, José Miguel Castro. Sin embargo, Ossandón optó por no hacer nada y tomar ese hecho como una supuesta herramienta para amenazar a Landeros y tenerlo bajo control, cuestión que nunca ocurrió, pues era Landeros quien lo tenía bajo control a Ossandón.

LANDEROS ALIADO DE OSSANDON

La ira de Ossandón en contra de Diego Matte se desencadenó por una entrevista de este último en El Mercurio, donde justificaba el no haber removido a un funcionario que viajó al extranjero durante la vigencia de una licencia médica, funcionario que luego renunció a su cargo.

El objetivo de sacar a Matte del cargo fue lo primero que unió a Landeros y Ossandón, objetivo logrado con la renuncia de Matte en noviembre del año pasado, comunicando a ambas cámaras el acoso que había sufrido por parte de Ossandón.

Luego, con la ayuda de Landeros y de algunos abogados secretarios del Senado, Ossandón presentó mociones, supuestamente, para poner límites para evitar la generación de bonos y aumentos de sueldos, pasando por sobre el trabajo que durante los últimos años habían realizado los senadores miembros de la Comisión de Régimen Interno del Senado, la Secretaría General del Senado, el Servicio Civil y las asociaciones de funcionarios. Eso terminó de minar la relación entre Ossandón y los demás senadores.

Las acciones de Ossandón llevaron a una situación inédita en el Senado. Las asociaciones de funcionarios, la Confederación de Asociaciones del Congreso nacional y la ANEF realizaron una protesta en contra de Ossandón en el hall de la puerta de acceso a la Sala de Sesiones del Senado, algo nunca antes visto y que mostraba el quiebre total que había generado Ossandón entre los funcionarios.

Sólo un par de abogados secretarios de comisiones como Francisco Vives, Rodrigo Pineda y Juan Pablo Durán, se mantenían fieles a Ossandón, pues éste les había prometido que iba a modificar el reglamento del Senado para que el cargo de secretario general fuera sólo para secretarios de comisiones, impidiendo así que otros profesionales del Congreso o de fuera del pudieran acceder al cargo. Eso fue parte del contenido del proyecto de Ossandón declarado inadmisible.

PRESIDENCIA DEL SENADO

El objetivo de Ossandón era tener un segundo año de presidencia del Senado, para lo cual utilizó mediáticamente su supuesta lucha contra las altas remuneraciones del Senado, junto a una serie de apariciones en terreno y programas de televisión, sobre todo matinales.

Su ambición por el cargo y por la vitrina del mismo, su individualismo, sus toscas formas, el no respeto de acuerdos, los permanentes conflictos internos y sus comentarios relacionados a que José Antonio Kast quería que siguiera como presidente del Senado, sellaron su destino. Muchos funcionarios al interior del Senado comentan que durante su presidencia actuó como un verdadero “patrón de fundo”.

Hubo una oposición parlamentaria amplia y mayoritaria para evitar que pudiera optar a un nuevo período, por lo que el Comité de Renovación Nacional ungió como candidata a la presidencia del Senado a la senadora Paulina Núñez, lo que frustró todos los planes de Ossandón en su sueño del camino a La Moneda.

SECRETARÍA GENERAL DEL SENADO

La Comisión de Régimen Interior del Senado acordó llamar a un proceso de selección público para proveer el cargo de secretario general. La convocatoria fue escasa. Sólo 9 postulantes (se esperaba más de 20), de los cuales 7 fueron entrevistados por la consultora Mundo Laboral. De ellos, cuatro fueron calificados como aptos para el cargo, Macarena Lobos (ex ministra Segpres del gobierno de Gabriel Boric y experta ); Raúl Guzmán (ex secretario general del Senado); Luis Rojas (prosecretario de la Cámara de Diputados) y Patricia Silva (ex subsecretaria de la Presidencia del gobierno de Michelle Bachelet).

A Lobos, la derecha la ha vetado por haber sido ex ministra de Estado del gobierno saliente y cargo de confianza política; Guzmán tiene un veto personal del senador Ossandón, incluso lo sacó de su cargo intempestivamente; Silva, tiene un veto de la derecha por su cercanía al PS y haber sido ex subsecretaria del gobierno de Bachelet; y Rojas, si bien es funcionario de la Cámara, tiene una historia de militancia previa en RN y es muy cercano a la UDI, lo que generaría un veto de parte de la actual oposición. A ello se suma ser hombre de confianza de Miguel Landeros.

En un momento rondó la idea de declarar desierto el concurso, lo que sería muy dañino para el Senado y para quienes participaron como candidatos en el proceso.

Los senadores Ossandón y Pedro Araya han promovido la idea aceptar a Rojas y nombrar inmediatamente a un prosecretario y tesorero de entre los abogados secretarios de comisiones, para hacerles un guiño a su carrera funcionaria.

Los nombres propuestos para el cargo de prosecretario y tesorero serían Rodrigo Pineda, de confianza de Ossandón; Francisco Vives Dirrabart; Pilar Silva García de Cortázar (estos dos postularon al cargo de secretario General, pero no pasaron de etapas), y Pedro Fadic.

Sin embargo, respecto de todos ellos pesa un problema no menor. El año 2020, junto a otros 9 abogados secretarios de comisiones, presentaron dos demandas contra el Senado. Ambas las perdieron.

El origen de las demandas fue el hallazgo de un pago en exceso de remuneraciones por varios cientos de millones de pesos a más de 40 funcionarios del Senado.

La administración solicitó el reintegro de los dineros pagados en exceso y ajustó el pago de las remuneraciones a los montos que efectivamente tenían derecho, por los que se les rebajaron los sueldos.

El grueso de los funcionarios reintegraron las sumas pagadas en exceso de forma voluntaria. Sin embargo, 13 abogados secretarios de comisiones, entre ellos Pineda, Vives, Silva y Fadic, se negaron, por lo que se les efectuaron los descuentos respectivos desde sus remuneraciones, conforme a la normativa aplicable al sector público.

Ante ello, los 13 abogados presentaron sendas demandas contra el Senado, patrocinados por el costoso estudio jurídico Guerrero y Olivos, pidiendo, por una parte, la restitución de los dineros que se les habían descontado, y por otra, solicitando que se retrotraiga todo y se le vuelvan a pagar las remuneraciones, considerando los excesos que habían percibido.

Ambas demandas fueron rechazadas, lo que fue confirmado por la Corte Suprema.

Uno de los funcionarios que voluntariamente devolvió lo que se le había pagado en exceso comenta que “nombrar como secretario general, prosecretario o tesorero a quienes se querían llevar la plata para la casa a la mala, es injustificable ante los ojos ciudadanos”.

EL GRAN GANADOR

El gran ganador en este caos generado por Manuel José Ossandón, es el secretario general de la Cámara, Miguel Landeros.

Primero, con la ayuda de Ossandón, logró sacar del cargo de director de la BCN a Diego Matte.

Luego, con la complicidad de José Miguel Castro y Manuel José Ossandón, colocó como director de la BCN a su abogado ayudante, Ignacio Rodríguez, saltándose todas las normas de provisión del cargo y obviando todos los requisitos que se exigen para quien ocupe dicho cargo.

En tercer lugar, en el actual proceso de elección de secretario general del Senado, tiene posicionado a uno de sus estrechos colaboradores durante más de 20 años y también hombre de confianza, el abogado Luis Rojas Gallardo, actual prosecretario de la Cámara de Diputados.

Luis Rojas es un hombre conocido por varios senadores que fueron diputados, por tanto, cuenta con una ventaja no menor frente a los demás competidores.

Con Luis Rojas como secretario general del Senado, Miguel Landeros tendrá el control total del Congreso: Camara de Diputados, Senado y Biblioteca del Congreso Nacional, situación inédita y riesgosa tanto en lo político como lo administrativo, sobre todo considerando que el Congreso Nacional está fuera del control de toda otra institución pública, salvo que se pueda realizar vía judicial o del Ministerio Público, lo que significaría que los temas del Congreso se ventilarían en sede judicial, con la evidente pugna de poderes que ello significaría.

Sin embargo, en el Senado tienen vivo y presente el recuerdo de que en el primer proceso constitucional, Miguel Landeros era uno de los principales promotores para eliminar el Senado y establecer un sistema unicameral, algo que no se ha olvidado.

Además, el actual vicepresidente del Senado, el senador Iván Moreira, no es simpatizante de Landeros, ya que fue éste quien en la investigación del caso Penta permitió la entrega al Ministerio Público de computadores y casilla de correo electrónico del entonces diputado Moreira, desde donde se extrajo el famoso correo electrónico donde solicitaba “el raspado de la olla” a los dueños de PENTA, causa que terminó con una suspensión condicional, motivando la renuncia de los fiscales Gajardo y Norambuena, quienes llevaban la investigación y denunciaron injerencias y presiones sobre el Ministerio Público para terminar esas causas sin condenas. Hoy, el entonces fiscal regional que se hizo cargo de dichas investigaciones, Manuel Guerra, se encuentra en prisión preventiva por una serie de irregularidades constitutivas de diversos delitos en relación a la tramitación de dichas investigaciones.

A pocos días de la elección del nuevo secretario general del Senado en la Sala del Senado, que debe ser aprobado por 2/3 de los senadores, es decir, 33, parece que todo estaría encaminado para la elección de un nombre: Luis Rojas, dejando como ganadores con qué votos de derecha a izquierda, una vez más, a Manuel José Ossandón y Miguel Landeros.

Por Ignacio Díaz

Equipo de Investigación El Ciudadano

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Junio 10, 2026 • 10 días atrás por: ElCiudadano.cl 37 visitas 2191220

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