Marta Garde
Redacción Internacional, 17 ene (EFE).- La captura de Nicolás Maduro por parte de la Administración de Donald Trump y sus amenazas expansionistas sobre Groenlandia han dividido a los líderes de la ultraderecha europea: hay quienes mantienen su apoyo al mandatario, pero también quienes han endurecido su tono o se han distanciado evitando pronunciarse.
Entre esas formaciones "hay mucha ambigüedad", resume a EFE Sam van der Staak, director del programa europeo de la organización intergubernamental International IDEA, para quien la colaboración entre populistas "siempre ha sido un matrimonio de conveniencia".
Les une, en su opinión, su oposición al estado de derecho y a que los tribunales les dicten qué pueden hacer. De ahí que un eventual distanciamiento tienda a discreto: "Siguen teniendo más cosas que ganar que perder".
Trump tiene en la ultraderecha polaca un apoyo explícito a su incursión en Venezuela. "Un dólar menos (en el precio) del barril de petróleo significa menos beneficios para Rusia", estima el exprimer ministro Mateusz Morawiecki, del ultraconservador Ley y Justicia. Uno de sus barones, Pawel Jabłoński, ha criticado además a su primer ministro, Donald Tusk, por "sonar antiestadounidense" en el caso groenlandés.
Tampoco se ve cuestionado por parte del populista francés Éric Zemmour, de Reconquista: "El deber de un estadista es hacer que un país sea lo más fuerte posible", dice sobre Venezuela, mientras que Groenlandia es en su opinión territorio estadounidense.
Las amenazas de Trump sobre Groenlandia han creado un frente común en la ultraderecha nórdica. La danesa acusa al republicano de no seguir las reglas del juego, a la vez que tacha de demasiado pasivo a su propio gobierno.
Demócratas de Suecia, segunda fuerza política del país en número de votos, ha endurecido su tono, criticándole por imperialista, y el noruego Partido del Progreso, líder de la oposición, se ha alineado con su Ejecutivo con una condena moderada a la operación militar en Venezuela y una dura crítica a sus intenciones en Groenlandia.
En Finlandia, sin embargo, Verdaderos Finlandeses es, en principio, favorable a una transición democrática en Venezuela y a mantener la soberanía danesa en Groenlandia, pero esa formación ha evitado pronunciarse oficialmente sobre la ofensiva de Washington.
Esa política exterior también ha distanciado a Alternativa para Alemania (AfD). Para su colideresa, Alice Weidel, los métodos de Trump son dignos "del Lejano Oeste", una postura con la que se alejan de su habitual identificación con el republicano.
En Francia, la postura de Trump ha llevado a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen a subrayar que "la soberanía de los Estados nunca es negociable" y a criticar sus "ambiciones imperialistas" en Groenlandia.
A Trump le han llegado también otras críticas directas: para el primer ministro eslovaco, Robert Fico, socialdemócrata pero admirador del republicano, la intervención en Venezuela fue una prueba del "desmoronamiento del orden mundial surgido tras la II Guerra Mundial" (1939-1945) y ante la escalada de tensión en Groenlandia ha defendido el derecho internacional.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, por su parte, califica la intervención en Venezuela de "legítima defensa", pese a considerar que la acción militar externa no sea la vía para acabar con regímenes totalitarios. Y aunque ha firmado la declaración de apoyo a Groenlandia, no parece dispuesta al envío de soldados de la OTAN.
A su vez, el partido portugués Chega no ve como un ataque al derecho internacional la captura de Maduro, pero ya ha avanzado que criticará una eventual invasión del país ártico.
El líder populista británico Nigel Farage ha mostrado reacciones críticas acompañadas de comprensión: "Si eso hace a China y Rusia pensárselo dos veces, puede acabar siendo positivo", estima.
En pleno ciclo electoral autonómico en España y con su líder, Santiago Abascal, volcado en esos comicios, Vox está evitando pronunciarse con el argumento de que carece de competencias en política exterior. Aunque al principio sí respaldó la intervención en Venezuela, luego ha primado el silencio. "No tenemos que tener una opinión de todo", sostiene su portavoz nacional, José Antonio Fúster.
El primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor Orbán, ha esquivado las críticas directas en el caso venezolano y en el groenlandés su gobierno se ha limitado a asegurar que la situación debería tratarse dentro de la OTAN y no en la UE.
Otro que ha preferido esquivar los reproches es el austríaco FPÖ, el mayor en el Parlamento. "Como toda gran potencia", en su opinión, EE.UU. ha actuado en función de sus intereses nacionales, y la captura de Maduro se ha encuadrado en el ámbito de la 'realpolitik'.
El primer ministro belga, el nacionalista flamenco Bart De Wever de la N-VA, ha cuestionado cómo se llevó a cabo la captura de Maduro, pero apunta que "nadie puede lamentar su salida (...) porque su lugar está en la cárcel".
Su homólogo checo, Andrej Babiš, declarado admirador de Trump, no ha elogiado explícitamente la operación en Venezuela, pero sí ha expresado su esperanza de que aporte al país más libertad y democracia. Y aunque ve poco realista una eventual acción militar en Groenlandia, no se ha sumado a la declaración europea de solidaridad con Dinamarca.
A pesar de todas estas posturas, el representante de International IDEA concluye que los "pasos atrás" que puedan estar mostrando estos líderes son moderados: "No porque compartan ideologías, sino porque hay beneficios prácticos en colaborar entre sí". EFE
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(Recursos de archivo en EFEServicios.- Referencia 8007392653, 8021746684 y otros)
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