Santi Sánchez y Sagrario Ortega
Torrejón de Ardoz (Madrid), 8 ago (EFE).- Cada noche, cuando los aviones que descargan toneladas de agua sobre los incendios forestales se retiran hacia las bases, ellos despegan. Con sus cámaras térmicas, perimetran el fuego y predicen su avance, vigilándolo así las 24 horas: es la unidad de drones de la Guardia Civil, los ojos del instituto armado a 100 metros desde el aire.
El Rocío, el descenso del Sella, la Vuelta Ciclista, la visita del papa... pero también la dana de Valencia, el accidente de Adamuz o los recientes incendios forestales. A todo ello acude la unidad de drones y contradrones de la Guardia Civil, cuyo trabajo ha explicado a EFE el teniente coronel Sergio Marín desde la base del Servicio Aéreo del cuerpo, en Torrejón de Ardoz (Madrid), donde los drones conviven junto a helicópteros y aviones.
La Guardia Civil incorporó por primera vez los drones en 2015, y su número se ha multiplicado exponencialmente en los últimos años: si en el año 2020 tenían registrados 35, ahora la cifra se sitúa alrededor de los 620. Además, cuenta con casi 1.500 pilotos certificados, lo que convierte al instituto armado en el organismo público con más pilotos de drones del planeta.
Casi toda la flota está formada por drones de pequeño tamaño, aunque también disponen de algunos más grandes y con mayor autonomía para operaciones más complejas, sujetos a la normativa civil, de la que España es pionera a nivel legislativo a través del desarrollo del Real Decreto 517/2024.
En los incendios de julio de 2026, la unidad de drones de la Guardia Civil se ha hecho cargo de la coordinación aérea de la administración pública, desplegando a cinco profesionales del cuerpo, que han asumido estas labores.
Más allá de la observación en las horas de vuelo en las que, por razones de iluminación, no pueden participar los medios de extinción tradicionales, los drones desarrollan un papel más relevante gracias a su mayor visión nocturna.
"Lo que hacen los drones es un papel muy importante porque perimetran el incendio, pueden dar observación nocturna y también disponen de un elemento que se llama fotogrametría que permite, mediante un escenario 3D, ver en tiempo real la evolución del incendio y predecir los próximos movimientos", explica Marín, que añade que este mapeo 3D permite a los cuerpos de emergencia conocer qué rutas pueden seguir para acceder a los puntos críticos del incendio.
Además, al ir equipados con cámaras térmicas, los drones de la Guardia Civil ven en tiempo real la temperatura del fuego y las hectáreas quemadas, lo que es clave a la hora de anticipar posibles rebrotes del incendio.
Su tamaño llama la atención porque cabe en la palma de la mano. Es el dron más pequeño que tiene la Guardia Civil entre su inventario, y se utiliza en registros para inspeccionar viviendas antes de que entren los agentes. Por su naturaleza, además, tienen una capacidad muy alta para no ser vistos.
"Hace tres años era impensable que un dron estuviese en una entrada y registro. Ahora es impensable que no lo esté", resume el teniente coronel.
Esto se puso en práctica en la dana de Valencia de 2024. "Con drones ligeros y drones pequeños pudimos entrar en casas a las que no podían acceder las fuerzas de a pie. En las 100 viviendas que revisamos, en una encontramos a dos mujeres que estaban dentro y que no se podrían haber localizado sin la ayuda de los drones", añade. Gracias a esta localización, posteriormente, un helicóptero rescató a las dos víctimas con una grúa.
Los 620 drones de la Guardia Civil están repartidos por el conjunto del territorio nacional, así como los pilotos, formados por el propio cuerpo.
Pero no solo la Guardia Civil se aprovecha de las ventajas operativas de un dron, también lo hacen las bandas criminales, por lo que los agentes se ven sumidos en una especie de carrera contrarreloj para tratar de adelantarse, que Marín resume así: "Es como el ladrón y el policía. El dron sería el ladrón y el antidron, el policía".
Y es que, por su relación calidad-precio, los drones representan una amenaza muy peligrosa.
Para hacerle frente, la Guardia Civil dispone de los antidrones, una especie de escopetas que emiten ondas y permiten inhibirlos, aunque cada vez son más esquivos, cambiando de frecuencias o, incluso, guiándose por un hilo, lo que los hace "ininhibibles".
Aunque cuando la tecnología falla y la amenaza es inminente, los agentes disponen, según el protocolo, de otras herramientas para neutralizarlos mediante "fuerza cinética", que es la manera técnica de decir que se pueden derribar lanzándoles objetos o, incluso, a tiros.
El uso de los drones en la guerra de Ucrania, en la que han sido protagonistas, pone en alerta a las autoridades europeas de cara a la seguridad interior, ya que el conflicto ha funcionado como una suerte de "banco de pruebas" para comprobar su eficacia.
Así, las amenazas a la seguridad interior que representan los drones son varias, desde su uso para vigilar infraestructuras críticas hasta utilizarlos directamente para cometer un atentado terroristas, como en el caso del Daesh, que ha dado instrucciones a sus células para atentar utilizándolos, o el uso de ellos en la guerra entre cárteles de la droga.
Además, las facilidades para comprar elementos para fabricar un dron multiplican la amenaza. "No tiene parangón. Con muy poco dinero y con poca preparación puede hacer un daño muy considerable".
A nivel doméstico, Marín enumera casos de incursiones en instituciones penitenciarias, ya sea para introducir droga u objetos prohibidos a los internos para alterar el orden normal dentro de una prisión.
"Se está dando, se están detectando, y se están inhibiendo", sostiene. EFE
(foto) (vídeo)
completa toda los campos para contáctarnos